Entre el caos y la verdad El silencio que siguió al enfrentamiento era casi tan ensordecedor como el rugido de los disparos que lo precedieron. La mansión, que había soportado el ataque, ahora se encontraba en un inquietante estado de calma. Las huellas de la batalla estaban por todas partes: paredes marcadas, vidrios rotos y el eco de la tensión en el aire. Sergei, con el brazo herido, caminaba al lado de Sofía mientras los hombres de Dimitri evaluaban los daños y verificaban que la zona estuviera segura. A pesar del dolor, Sergei no soltaba la mano de Sofía, como si temiera que desaparecería si la dejaba ir. —Tienes que dejar que revisen esa herida —insistió Sofía, con una mezcla de preocupación y firmeza en la voz. —Primero me aseguro de que todo esté bajo control —replicó él, con e

