A Lía la habían criado con costumbres de campo, sus padres se criaron en un pueblo, así que la joven sabía cocinar, pero platillos tradicionales, locales, nada que ver con las elaboradas comidas que Oliver preparaba. Esa mañana la joven volvió a cocinar, al parecer se iba a volver una costumbre ahora que Oliver empezó a trabajar. La chica preparó papas cocidas con huevos revueltos, chocolate y una ensalada de frutas. Mientras desayunaban, ella le comentaba que vendería todos los muebles, para intentar ganar algo de dinero. Que lo que no se pudiera vender lo regalaría. A Oliver le parecía una buena idea, pero no le agradaba mucho que la chica aún no quisiera entregar el departamento. Parecía querer aferrarse a él cuanto pudiera. —Tienes una semana —le dijo él mientras desayunaban. L

