Julieta —Luna es mi hija, Julieta —dijo una voz desde mi derecha, una voz que conocía demasiado bien. Despacio y con la boca abierta me volteé para ver, nada más y nada menos, que a Carla, mi cuñada, la hermana de Max, parada a los pies de mi cama aquí en el hospital. —¿Qué dices? —pregunté perpleja. Entonces mi mente recordó, en el momento de la llamada que le hizo la niña a Max, como la voz de la madre se me había hecho conocida, pero no recordaba de dónde, y luego el tema paso a un segundo plano en mi mente. Carla, con una media sonrisa, se sentó en la silla que Max acababa de desocupar. Este vino a mí con una semi sonrisa triste en los labios, depositó un beso en mi frente y susurró: —Solo escúchala, ¿si? —Alejándose fue en dirección a su hermana, se saludaron con un abrazo, y M

