Julieta Abro los ojos despacio, la luz intensa de las lámparas incide sobre mis ojos, es molesto e incómodo y quisiera que las apagaran. El sonido en mi oído del pitido constante, el cual me despertó, me dice que aún estoy en el hospital. El reloj en la pared frente a mí indica que son las cinco de la mañana. «Mierda, tan tarde es. ¿Qué estaba haciendo yo?» Miro a un lado y otro, no hay nadie aquí conmigo. ¿Alana no estaba aquí? Lo último que recuerdo es que Alana le había gritado a Max que se fuera al carajo, y yo le dije que nos diera unos minutos. Luego… luego nos dijimos muchas cosas que no quiero recordar. Entonces, ¿todos se fueron? Maldita sea, mi cabeza duele y mi estómago se retuerce una y otra vez, tengo náuseas y estoy cansada. Solo quiero ir a mi casa y dormir un día ente

