Max Iba caminando por el pasillo central de la recepción del edificio Collins Company. Las personas iban caminando de un lado a otro, poniéndose al día contando sus fines de semana. Otros susurraban el último chisme de la empresa. Y otros, se detenían a saludarme con una inclinación de sus cabezas, con respeto. Las mujeres coqueteaban y los hombres me miraban con admiración, y no te diré que no, me gustaba ser tratado así, pero en el fondo de mi corazón, esto no era lo que deseaba para mi vida. De repente un cuerpo torpe y apresurado tropezó conmigo. Ambos hombros golpeándose, y un líquido caliente se derramó sobre mi pecho. —¡Ahh! ¿Qué mierda? —grité adolorido y sorprendido. —¡Oh Dios mío! Lo siento mucho señor Collins. Soy una torpe, soy una descuidada... —Una vocecita se disculpab

