ITZEL LEÓN.
Ese idiota de Lombardía cree que, con dejarme así en mi propia oficina, va a poder conmigo. Está muy equivocado. Después de gritar por un largo rato en mi oficina, la puerta se abrió y entró mi difunta secretaria, porque sí, la voy a asesinar.
—Taylandia, ¿dónde demonios te metes cuando te necesito? —grité llena de rabia, mientras los ojos de la pobre tonta casi se salían de su lugar.
—Perdón, jefa, no pude dormir mucho y esta mañana no encontraba mis llaves, así que llegué tarde. Perdón. —Taylandia no sabía ni qué hacer con su propia vida. Estoy segura de que el señor Lombardía obtuvo las llaves de mi oficina por culpa de esa tonta.
—Ya deja de pedir perdón y libérame —exigí, y Taylandia obedeció. Corrió al cuarto de herramientas y consiguió la ideal para soltarme.
—¿Jefa, ahora qué va a hacer? —indaga Taylandia, y yo simplemente sonreí, pensando en el señor Lombardía.
—Voy a redactar un contrato. Tú ve a la tienda de lencería más cercana y consígueme algo de ropa interior —acomodé mi falda y me senté frente a mi computadora, mientras Taylandia iba corriendo a buscar lo que le pedí.
—Señor Lombardía, tendrá que aceptar este convenio que, aunque no me guste, nos va a beneficiar a los dos —pensaba en voz alta mientras escribía cada una de las cláusulas del contrato intermedio. Sí, es algo nuevo, pero es algo que necesito para poder jugar con el señor Lombardía.
Mientras redactaba ese contrato de prueba y colocaba cada uno de los términos, sabía que yo rompería la mayoría de los acuerdos, porque no soy de seguir reglas. Así que el señor Lombardía ni piense que va a poder conmigo. Este contrato no valdrá nada para mí. Yo soy quien marcará el curso de este acuerdo sobre la marcha.
Después de una hora, Taylandia regresó con ropa interior para mí, y entonces sí, después de colocarme la ropa interior, comencé a trabajar mientras esperaba que llegara el momento adecuado para ir a hablar con el señor Lombardía, quien será mi nuevo sumiso, aunque él aún no lo sabe. Jajaja.
Mi trabajo lo hice muy rápido. A pesar de lo que pasó esa mañana, estoy de muy buen humor, así que simplemente esperé hasta que finalizara el día. Revisé una vez más el contrato para luego darle a imprimir, con una gran sonrisa de satisfacción en el rostro, porque estoy segura de que el señor Lombardía va a caer en mis garras.
Feliz, con el contrato en la mano, salí de mi oficina, me despedí de Taylandia y bajé al estacionamiento. Luego subí a mi auto y conduje hasta la empresa de la familia Lombardía, donde estacioné mi auto y soborné al guardia para que le avisara a la secretaria del señor Lombardía que hay un problema con su auto, para que él bajara.
Ya en la empresa no quedaba nadie, porque solo se encontraba estacionado el auto del señor Lombardía y el mío, el cual dejé fuera del estacionamiento para que él no lo viera.
Cuando él bajó y me observó, supe que estaría a la defensiva, pero sé perfectamente cómo bajar todas las defensas de los hombres con mi boca, en especial a los hombres que me gustan.
En el auto le demostré al señor Lombardía por qué debería firmar ese contrato, y lo dejé esposado en el auto tal y como él me dejó en mi oficina esa misma mañana. Con una sonrisa en el rostro, volví a mi auto y me puse en marcha a mi departamento, donde al llegar entré a la tina con una copa de vino blanco, buena música y aceites aromáticos para relajarme, todo perfecto para esperar con paciencia la respuesta del señor Lombardía.
BRYAN LOMBARDÍA
Esa mujer aún es una experta con su boca y sus manos. Me la volvió a hacer. Me dejó esposado en mi propio auto. No puedo creer que caí nuevamente, pero ella me las va a pagar. Afortunadamente traigo mi celular conmigo, o de lo contrario tendría que dormir sentado en mi propio auto sin poder salir de él.
📲—¿Se está acabando el mundo para que me llames a estas horas? —indaga mi hermano, haciéndose el gracioso.
📲—Ven al estacionamiento de la empresa ahora mismo y trae algo para cortar unas esposas —finalicé la llamada antes de que el idiota de mi hermano pudiera negarse a venir por mí.
Esperé por una hora, hasta que vi el auto de mi hermano estacionarse frente al mío, y este bajó de él con unas pinzas cortadoras. Supongo que es lo que consiguió para cortar las esposas.
—¿En qué demonios te metiste? —Jonathan se sorprende al verme esposado.
—Me encontré con una fiera que debo domar. Ya libérame —Jonathan negó con la cabeza y cortó las esposas, dejándome libre para acomodar mi ropa.
—Gracias, hermano. Te debo una. Ahora debo ir a casa —me despedí de mi hermano, encendí el auto y conduje a mi lugar seguro: mi departamento, lugar donde con una copa de vino comencé a leer el contrato que la doctora León redactó para nosotros.
CONTRATO DE PRUEBA INTERMITENTE
Nota: este contrato es solo una prueba, la cual durará seis meses o menos. La duración de este contrato será definida por los involucrados.
Cláusula N.º 1
Ambas partes podrán definir el rol que quieran jugar cada noche, con la condición de que en el siguiente encuentro cambiarán los papeles, para que así ambos puedan divertirse y explorar en ambos campos.
Cláusula N.º 2
Los involucrados podrán decidir si quieren intercambiar roles durante la práctica s****l, si alguno no se siente para nada cómodo en el acto s****l.
Cláusula N.º 3
Los castigos serán aplicados únicamente si la persona que esté jugando el papel del sumiso rompe alguna de las normas o desobedece a quien esté en el rol del amo en ese momento.
Cláusula N.º 4
Ambas partes pueden probar todos los juguetes que quieran y los castigos, siempre y cuando cuenten con el consentimiento del otro y no dañen la integridad física del otro a un nivel de gravedad.
Mientras más leía ese contrato, más me gustaba. Aunque no podré ser siempre el amo, no me importa: si con este contrato podré tener a esa mujer las veces que quiera, yo feliz acepto.