Capítulo 2

1039 Palabras
★ITZEL LEÓN A medida que converso con mi nuevo paciente, voy conociendo la clase de hombre que es. De esos que siempre consiguen lo que quieren, que disfrutan llevando las riendas de todo. Es innegable que es guapo y sexy, pero yo necesito sumisión. Estaba a punto de descartarlo cuando una idea cruzó mi mente: tal vez él podría ser un switch, y quizá, con el enfoque adecuado, podría convencerlo de ser sumiso. Pero no cualquier sumiso. Mío. Sonreí ante la idea de tenerlo exactamente como lo quiero, aunque me obligué a disimular rápidamente. Estoy con un paciente. Debo ser profesional. —Bueno, lamentablemente, su tiempo ha terminado, señor Lombardía. Le haré llegar mi informe a usted y a su madre al final de la tarde —mentí. Aún quedaban varios minutos de sesión, pero tenía asuntos más importantes que atender. Necesitaba hacer algunas llamadas y averiguar sobre sus prácticas en el club Neón. —Qué lástima, se me hizo demasiado corto el tiempo con usted —dijo, fijando su mirada en la mía. Sé que me desea. Pero ninguno de los dos disfruta del sexo convencional, o de lo contrario ya estaríamos sobre ese sofá… aunque no precisamente en terapia psicológica. —Si necesita un consejo o hablar de sus problemas, siempre puede agendar una cita con mi secretaria —le recordé. —No lo dude, lo haré. La veré pronto —tomó mi mano y dejó un beso cálido sobre ella. —Hasta pronto, Itzel —dijo, y aunque ya había salido de mi consultorio, se giró para mirarme una última vez desde la puerta abierta. —Hasta pronto, Bryan —respondí, con una sonrisa que él me devolvió antes de irse. Me dejé caer en la silla tras mi escritorio y comencé a escribirles a algunos amigos que frecuentan el club Neón. Sus respuestas fueron unánimes: Bryan Lombardía nunca ha sido sumiso. Siempre ha llevado el control en todos sus juegos. Interesante. Tal vez yo podría ser la primera en someterlo. Y eso, sin duda, era un reto que me encantaba. Mi día en el consultorio transcurrió con normalidad hasta que Tay entró con un documento en la mano. —Esto te lo envió un mensajero —dijo, dejando el sobre sobre mi escritorio—. Espera una respuesta afuera. —¿No te dijo de qué se trata? —pregunté, sin recordar haber solicitado ningún documento. —Solo mencionó que viene de parte del señor Bryan Lombardía. Fruncí el ceño, intrigada, y rasgué el sobre para ver su contenido. Y estallé en carcajadas. Tay me miró sin entender nada mientras yo me sujetaba el estómago, riendo hasta las lágrimas. Cuando logré recuperar el aliento, limpié mis ojos y le expliqué lo que pasaba. —Me envió un contrato de sumisión. Quiere ser mi Amo —dije, agitando los papeles frente a ella. Tay parpadeó. —¿Le dirás que no? —¿Acaso me conoces tan poco? Antes muerta que sumisa —repliqué con diversión—. Pero le haré una linda invitación. Dile al mensajero que espere. Mientras Tay salía, redacté cuidadosamente mi respuesta. Un mensaje claro, elegante y provocador. Luego lo imprimí y lo guardé dentro del sobre, junto con su contrato sin firmar. Porque, evidentemente, no iba a firmar nada. Cuando terminé, llamé a Tay y le entregué el sobre. —Devuélveselo con mucho cariño —le guiñé un ojo. En cuanto Tay salió, tomé el teléfono y marqué un número. Esta noche, tenía planes. Y necesitaba un sumiso que supiera obedecerme en todo. Esta noche, Bryan Lombardía aprendería quién es Itzel León. ★ BRYAN LOMBARDÍA Durante toda mi sesión con la psicóloga, solo tenía una cosa en mente: atarla y someterla a mis deseos. Sus labios me invitaban a morderlos, a devorarlos sin piedad. Si no disfrutara tanto el juego, esa hermosa psicóloga ya sería mía, aquí mismo, en su consultorio, sin dudarlo. Pero debo ir con cuidado. Soy un empresario importante, y no puedo darme el lujo de cometer errores. Para algunos, el b**m sigue siendo un tabú, y necesito que firme el contrato de sumisión antes de llevarla al límite del placer. Ese contrato es clave. Contiene una cláusula de confidencialidad que le impedirá hablar sobre lo que hagamos una vez lo firme. Y créeme, espero con ansias que lo haga. Después de enviarle el contrato, me quedé en mi oficina, atendiendo algunos pendientes. Todo iba bien, hasta que pasó una hora y mi mensajero aún no regresaba. La incertidumbre me carcomía. No saber qué pensaba esa mujer me estaba volviendo loco. La deseo bajo mi dominio, entregada a mí, perdida en el placer que solo yo puedo darle. Solo tiene que firmar... Yo me encargaré del resto. Finalmente, el mensajero llegó. Tomé el sobre con ansiedad, ansioso por ver su firma. Sin embargo, al sacar los documentos, mi decepción fue inmediata: estaban intactos, sin firmar. Pero justo cuando la frustración amenazaba con apoderarse de mí, un pequeño sobre cayó al suelo. Lo recogí y saqué su contenido. Para mi sorpresa y agrado, era una invitación. Una invitación que, por supuesto, no pienso rechazar. Sin perder tiempo, encendí mi computadora y envié mi respuesta. No hay fuerza en este mundo que me impida presenciar un espectáculo protagonizado por esa mujer. Tal vez incluso consiga participar con ella... y logre que firme. --- Definiciones Switch: En las prácticas b**m, se denomina switch o versátil a la persona que alterna entre roles dominantes y sumisos, dependiendo del momento y de la persona con la que interactúa. Amo: El Amo en el b**m debe poseer habilidades de comunicación efectiva y empatía, ser protector y respetuoso en todo momento, además de tener la capacidad de ordenar y cuidar al sumiso. También debe comprender los aspectos emocionales del sumiso y valorar sus deseos. La confianza, la comunicación y el respeto son fundamentales en la relación Amo-sumiso. Contrato de sumisión: El contrato de sumisión formaliza la relación entre Amo y sumiso. En él se establecen las tareas de cada parte, las actividades permitidas (y las que no), y la palabra de seguridad. Su alcance depende de los acuerdos de la pareja, y aunque pueda parecer un mero formalismo, proporciona seguridad y estructura a la relación.
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