(Primera persona – April) La mañana siguiente amaneció gris en la casa de la abuela. Me desperté con los ojos hinchados y un dolor sordo en el pecho que no se iba ni con café ni con las caricias de la abuela Mónica. Ella me había preparado desayuno en la cocina: arepas calientes, queso fresco, jugo de naranja recién exprimido. Intentaba actuar normal, pero sus manos temblaban al servir. —Come, mija. Tienes que recuperar fuerzas —dijo, sentándose frente a mí—. No puedes dejar que esto te destruya. Yo solo movía la comida en el plato, sin apetito. —Abuela… ¿crees que Tyler me mintió todo este tiempo? ¿O fue realmente una trampa? Ella suspiró, poniendo su mano sobre la mía. —No sé, April. Pero los hombres como él… traen problemas. Y Alice… esa niña siempre fue veneno. Lo supe desde que

