—¿ISABEL?? ¿ISA??? Ven a mi amada mía… ¿Isabel? ¿ISABEL???? Adam convulsionaba del dolor y no podía evitar delirar, el solo podía lamentarse no haber podido proteger a Isabel. —Dios sí que se ensañaron contigo… mejor cierra tus ojos porque sigues hablando disparates. —Tome un poco más de sangre señor Adam… Se nota que el señor Adam está desvariando… si comienza a agonizar tendremos que cortar su cabeza. —Gracias Julius, no creo que haga falta con la sangre que le diste de beber sus ojos brillaron y eso le ayudara a volver en sí. —Si señor Tom, espero que tenga razón y que después no quiera atacarme… ¿Crees usted que haya sido buena idea de que lo trajera a nuestro hogar? —Sabes que yo jamás lo permitiría… ahora dale de beber más y cuando termines de alimentarlo podrás salir de la ha

