Everly
El timbre de fin de clases resuena por la universidad y puedo escuchar hasta murmullos agradecidos dentro de mi salón de clases.
Todos recogen sus cosas como si hubieran estado esperando el momento para huir. Hago lo mismo y me despido con la mano de mi pequeño grupo de amigos.
Escucho cómo me llaman cuando estoy a mitad del corredor. Me detengo y espero a Charles quien viene caminando hacia mí.
—¿Qué tal todo, Ivy? ¿Terminaste tu exámen? —pregunta mientras caminamos juntos entre los estudiantes hacia la salida.
—Por suerte sí —respondo en un suspiro. Tanto estudio espero que valga la pena, no quiero que una mala nota arruine mi impecable promedio—. ¿Tú?
—Me faltaron algunas pero creo que será suficiente. Estuve toda la noche estudiando, espero que valga la pena —dice y le doy un apretón en el hombro para darle ánimos. Rasca su nuca y lo noto dudoso respecto a algo—. Me preguntaba si…
—¿Si? —Lo miro.
—¿Qué te parece salir esta noche? —pregunta finalmente.
Su pregunta me toma por sorpresa.
—¿Nosotros?
—Sí. No. Quiero decir… —balbucea y sonrío, me causa cierta ternura verlo nervioso—. Junto a los chicos planeabamos ir a un bar y luego a un club, así que no es nada en plan… romántico. Todos quieren que vayas.
—Está bien —accedo, ya que no me vendrá nada mal distraerme un poco y salir de la mansión un rato.
—Genial —Charles sonríe—. ¿Te llevo a casa?
Asiento, —Claro. Gracias.
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En cuanto entro a la mansión por una puerta trasera que me lleva a la cocina, me dejo caer en uno de los asientos de la barra de desayuno que los Emerson nunca usan. Ni siquiera entran a la cocina, de hecho.
Mamá está preparando rollos de canela, los favoritos del señor Bernard, y hay un aroma delicioso en el aire que se mezcla con el de la cafetera mientras Cecilia prepara café.
Me preguntan por el examen y les cuento mientras me sirvo algo para comer ya que en la mañana salí corriendo sin desayunar porque casi me quedo dormida.
—Esta noche saldré con algunos amigos —le aviso a mamá. Pincho un trozo de carne con mi tenedor y lo llevo a mi boca, sabe delicioso.
—¿Dónde irán? —pregunta curiosa mientras enciende el horno.
—Charles me invitó, dijo que a un bar y luego a un club quizás.
—¿Es ese el chico que te trae aquí luego de la universidad? —indaga Cecilia.
Asiento.
Ella y mamá comparten miradas.
—¿Qué?
—Creo que es hora de que vayas notando que Charles tiene sentimientos por tí.
—Mamá… —ruedo mis ojos—. Charles es solo un amigo.
—Soy tu madre, sé de lo que te hablo —se excusa ella—. Y no te mira como si solo quisiera ser tu amigo. Aprovecha cada oportunidad que tiene para estar contigo, te espera a la salida de la universidad para traerte a casa —señala y me sorprende que sea tan atenta en esos detalles.
Incluso Cecilia asiente mientras la escucha, estando de acuerdo con ella.
Suspiro, —Está bien, puede que tengas razón —admito.
—Por supuesto que sí —dice Miss Humildad.
—Es un buen chico y es guapo —acepto, mi mirada viaja de Cecilia a mamá—. Pero no me gusta —niego.
Regreso a mi comida.
—¿Y no hay nadie más por ahí que te interese? —indaga mamá dándome una mirada mientras pone los rollos en un molde.
—Nop —digo con la mirada aún en mi plato.
Mentirosa.
El silencio envuelve la cocina y cuando alzo la mirada veo a mamá y Cecilia compartiendo una mirada cómplice.
—¿Qué ocurre?
—Nada —dicen casi al unísono. Mamá regresa a sus rollos y Cecilia se aleja en busca de una taza de café.
Tengo el presentimiento de que algo sospechan y quiero saber qué pero, ¿y si se trata de Amos? ¿sabrán de lo que ocurre, o mejor dicho, lo que no ocurre entre nosotros? ¿habrán escuchado algo?
Espero que no.
Quizás solo es mi imaginación sintiéndose culpable.
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Después de rebuscar en mi pequeño clóset un atuendo cómodo y bonito para salir esta noche, termino decidiendome por una falda negra y una blusa del mismo color, un par de botas de cuero y una chaqueta del mismo material que fué un regalo que aún no había usado.
A un falta media hora para que Charles pase a recogerme para ir al bar donde nos encontraremos con los demás. Aprovecho el tiempo para ponerme algo de maquillaje suave.
Pienso en lo que dice mamá y la verdad es que debería aclarar la situación para despejar dudas y dejarle en claro a Charles que lo nuestro no es más que una amistad. Evitar a toda costa volver incómoda la relación con otro amigo solo por un enredo de sentimientos.
Y hablando de otro amigo, luego de la declaración de Aaron no lo ví mucho. Ocupada con mis estudios y el trabajo, y él con sus prácticas de la universidad no lo veo mucho por la propiedad. Aunque sé que no seguirá así para siempre.
La puerta de mi habitación se abre dando paso a Don Insoportable.
—Me preguntaba cuánto tardarías en venir a molestar —declaro dándole una mirada a través del espejo que cuelga de mi pared, terminando de maquillar mis pestañas.
Amos luce algo molesto, otra vez.
—¿Qué hacía él aquí? —me interrumpe de golpe.
—Primero que nada Gracias por tocar, Amos, aprecio que respetes mi privacidad aunque sea una norma básica de convivencia —hablo con total ironía.
Él me observa serio, parece no estar para chistes.
Pero yo no estoy para sus estupideces.
—Ese no es tu asunto —aseguro, cruzándome de brazos.
—Tú eres mi asunto, Everly —dice con seriedad. Me sorprende la facilidad con la que dice esta clase de cosas, como si se las creyera él primero para hacermelas creer a mí—. Ahora dime.
Aunque no me gusta que quiera ordenarme cosas, pienso que quizás pueda usar esta situación para molestarlo aún más.
Para hacerle entender que si bien puede tener cierto poder sobre mi cuerpo, no lo tiene sobre mis pensamientos mucho menos sobre mis sentimientos.
—Saldré con él esta noche —respondo, dándole una mirada a mis uñas impecables.
—Saldrás con él —repite como si hubiera escuchado mal pero no lo corrijo—. Recuerdo haberte dicho que no lo quería cerca tuyo y ahora vas a salir con él. ¿Acaso estás intentando provocarme?
Ruedo mis ojos.
—El mundo no gira a tu alrededor, Amos. Tú a mí no me dices a quién puedo o no acercarme, ¿quién te crees?
Ladea su rostro, cruzándose de brazos imitando mi pose.
—Empiezo a creer que te gusta esto —nos señala mutuamente con su índice—. Provocarme para tenerme en la palma de tu mano.
Hago un sonido de burla.
—Lo dudo. Si tuviera alguna clase de poder sobre tí estarías lejos de aquí y no invadiendo mi espacio y haciendo escenitas.
—Tal vez lo que realmente quieres es tenerme cerca —dice, comenzando a caminar hacia mí y me enderezo—. Pues aquí estoy, Everly —murmura tan cerca de mi boca que su aliento cálido acaricia mis labios—. Y estoy malditamente celoso.
Mi máscara de suspicacia parece tambalearse al escucharlo. Por un momento incluso siento que me lo creo, con esa mirada en su rostro y ese tono grave.
—No me gusta cómo te mira —murmura de pronto, su voz tanto como su expresión parecieran suavizarse.
—¿Cómo lo hace? —me atrevo a preguntar, empujada por la curiosidad.
Sus iris grisáceas atrapan mi mirada, —Cómo si fuera a atreverse a tomar lo que es mío.
—¿Y qué es tuyo, Amos? —pregunto, en el fondo retandolo a que lo diga porque puedo darme una idea.
—Tú, Everly.
Me burlo de sus palabras.
Ahí está de nuevo con sus juegos.
—Es cierto, lo recuerdo —asiento—. Tuya para destruir. Lamento decepcionarte pero creo haberte dejado en claro que eso no va a pasar.
Empujo su hombro pasando por su lado pero él sostiene mi brazo y su rostro se vuelve hacia mí.
—Lo recuerdo —dice él y lo miro con el cejo fruncido—. Así como también recuerdo cómo luchabas contigo misma antes de rendirte y besarme también.
Sus palabras me molestan porque mis propios deseos me llevaron a ceder y eso fué suficiente para darle paso a más. A que pueda ver entre las grietas de mi máscara, de mis muros, que en verdad me siento atraída por él. Dejarlo pensar que quizás hay algo en este juego sí me gusta.
Pero aún teniendo esa certeza y el no verme negandolo, no parece regocijarse en eso. Dudo que no esté orgulloso de lo que logró, quizás solo está esperando obtener más.
—Puedes decir cuánto quieras, Everly —asegura y su mirada baja a mi boca—. Pero te dije que no voy a detenerme hasta que seas solamente mía.
Entonces vuelve a besarme. Mis uñas se clavan en su pecho pero parece no sentirlo, como si todo dejara de importar mientras funde su boca con la mía en un beso que me arrebata el sentido y la fuerza.
Una de sus manos desciende por mi cuello entre el valle de mis senos pero sin tocarlos directamente y mis pezones se tensan contra mi brasier. Mi corazón acelerado bombea más sangre por todo mi cuerpo y el calor comienza como una marea suave e hipnotizante. Pero cuando sus dedos llegan al borde de mi falda, tomandose un momento, como si esperara que lo detuviera, cuando no lo hago, se desliza dentro de mi falda, de mis bragas. Su piel cálida contra mi sexo desnudo, por primera vez.
Jadeo.
La marea cálida es una oleada salvaje que ataca todo mi cuerpo.
Esto es demasiado. Es un límite desconocido que acabamos de cruzar... y se siente tan malditamente bien que dudo tener la fuerza para retroceder.
Mi sexo palpita y siento como su índice presiona en un punto que provoca que mis caderas se mueven en busca de más. Mis mejillas se encienden proque sé que puede sentir la humedad que comenzó a cubrir mi sexo.
Se separa unos centímetros de mí.
Mi respiración pesada y mis mejillas rojas, aún así me esfuerzo en mirarlo con enojo.
—Te odio.
Me sonríe con malicia y un destello de deseo en sus iris oscurecidas.
—Tu cuerpo parece adorarme.
Vuelve a besarme antes de poder responderle. Estimula mi sexo y no puedo evitar gemir.
Oh Dios.
Nunca nadie me había tocado allí antes y mi cuerpo pareciera querer volverse adicto a esta sensación tan condenadamente agradable.
Entonces desliza uno de sus dedos en mi interior y la intromisión me roba el aliento. Es ligeramente incómodo pero a la vez... pareciera que a mi cuerpo le gusta, como si calmara la latente molestia. Lo quiero, quiero más.
Diecinueve años sin sexo y este gesto despierta ese lado de mi que estando dormido. Que creí que no necesitaba, que estaba bien así. Pero acabo de conocerlo, y Amos también, y se adueñó completamente de el solo con un gesto.
Cierro mis ojos y suspiro, dejando caer mi frente en su hombro. Intento pensar que no es él pero su aroma me lo impide.
—Mírame, Everly.
No lo hago.
No enfrento la realidad.
Su dedo se mueve lentamente en mi interior, mis paredes se aferran a su alrededor mientras mis caderas se mueven al compás de sus suaves embestidas.
Siento como deja un beso en mi cuello y clavo mis uñas en su hombro.
—Enfrenta esto.
Niego
—No te hace débil ceder a lo que deseas.
—Te detesto —murmuro entonces, sintiendo mi vientre apretarse—. ¿Por qué me torturas así?
—¿Estoy torturandote? —indaga con suavidad.
—Sabes que lo haces —acuso y él no lo niega. Sabe que soy débil—. Y te odio por eso —Y también a mi.
—No lo haces —asegura y toma mi mentón, obligandome a verlo—. No puedes odiarme cuando te hago sentir tan bien.
—Puedo intentarlo —susurro, sintiendo mis párpados pesados queriendo cerrarse para disfrutar más de la sensación tan placentera.
—No lo hagas —susurra él, su frente junto a la mía.
¿Por qué esto se siente como un momento de vulnerabilidad entre ambos?
—¿Por qué?
—Porque no quieres hacerlo —murmura. Su boca acaricia la mía.
Relamo mis labios y mi boca se abre ligeramente con una respiración pesada y superficial mientras siento como cada vez me acerco más a ese punto que me hace sentir las piernas débiles.
Amos me mira.
—No puedes odiarme, Everly, aunque lo intentes. Quieres ésto casi tanto como lo quiero yo.
La verdad en sus palabras me afecta. Que él lo sepa me afecta. Pero sobretodo el hecho de que ya no es el odiarme por caer en su juego, sino el querer que no se trate simplemente eso. Quiero más de él, como siempre lo hice.
Esta vez soy yo quien lo besa. Me olvido de todo por un momento, solo me permito un instante para olvidarme de todo y dejar de pensar. Dejar que me arrastre al borde del abismo. Su boca devora la mía y sus embestidas toman más profundidad a un ritmo que me lleva a probar un orgasmo arrasador.
Es una sensación nueva que nunca antes sentí, como un huracán arrasandome por dentro, una exquisita sensación cálida que nace en mi centro y hace hormiguear mi vientre. Y no quiero que se detenga.
Escucho el portón de la propiedad abrirse y un autmóvil estacionar fuera.
Pero entonces la realidad me golpea.
Charles está aquí.
Aún algo aturdida por la intensidad del momento, aparto a Amos y paso por su lado, yendo por mi bolso y mi abrigo.
—Deja de huir, Everly —intenta acercarse pero lo detengo.
—Esto es un juego, Amos —lo interrumpo—. Puedo hacer lo que quiera.
Salgo de allí antes de que sea tarde, ni siquiera soy plenamente consciente de lo que estoy haciendo. Supongo que un arranque cordura. Pero por primera vez, huyo. Abandono la propiedad a paso rápido. Desaparezco por el pasillo para no darle tiempo a seguirme, a detenerme porque sé que si vuelvo a entrar ahí estaré arruinada. El aire fresco golepa mi rostro y puedo ver a Charles fuera de su auto, me sonríe y agacho la mirada, de pronto nerviosa. ¿Podrá notar lo que acabo de hacer?