Lia encendió la ducha, cuando el agua fría cayó sobre su piel, ella gritó, pues sus huesos dolían con el impacto del agua helada, pero necesitaba un baño y lavar su cabello. Klaus escuchó el grito, caminó despacio, la encontró temblando bajo la ducha. Ella tardó unos minutos en darse cuenta de su presencia, gritó de nuevo y se agachó para esconderse de los ojos masculinos.
Él dio media vuelta, la mujer gritaba por el agua fría, por una simple ducha fría.
Lia sintió vergüenza, miedo. Había sido criada para ser esposa, su padre era amoroso y bondadoso, pero crió a su hijo para ser un marido como él, y a la hija para ser una esposa ejemplar.
Estar completamente desnuda frente a un hombre era muy vergonzoso.
Klaus salió, y solo entonces el impacto de un cuerpo femenino completamente desnudo lo dominó. Supo que ella no podía quedarse allí, definitivamente, era como un vaso de alcohol sobre la mesa de un alcohólico, podía estar meses sin sexo, pero frotar a una mujer en su cara, era demasiado incluso para Otto. Llamó a su padre.
-No puedes dejarla aquí, la acabaré tirando debajo de cualquier árbol y lastimándola, es joven y parece ser inocente.
-No es más problema mío Klaus, haz con ella lo que quieras, la chica no tiene a nadie, todos en su familia murieron durante la pandemia.
-¿Cuántos años tiene?
-20 años creo, pero sé que es mayor.
Otto colgó.
Klaus caminó lentamente hacia la habitación. La última vez que tuvo relaciones con una mujer tenía 26 años, iba a cumplir 30 a finales de año.
La encontró poniéndose lo que parecía una loción hidratante. Antes de que Lia procesara la información, Klaus la empujó al suelo, ella no era una niña y él la había mandado a irse.
Lia sintió el impacto de la caída, el frío del suelo, y eso la dejó muda, pero cuando sintió manos tratando de arrancarle la ropa interior que acababa de ponerse, comenzó a gritar, a patalear, y mordió el hombro de Klaus, pero eso no le molestó, él no sentía ningún dolor, pero ella sí.
Sollozó de miedo.
-¡Por favor!
Él se detuvo sobre ella, sus ojos no mostraban ninguna emoción.
-Quédate quieta.
Ella olía a limpieza
-No tengo una mente típica, debiste haber corrido por la puerta cuando tuviste la oportunidad.
Ella intentó empujarlo, pero fue en vano, esta vez él no llevaba ni siquiera unos pantalones cortos.
Él deslizó sus dedos por la ropa interior de nuevo, y ella comenzó a llorar de nuevo, Klaus pasó la lengua por cada gota de lágrima, no era un gesto de cariño, sino s****l.
-Puedo entrar en ti, te avisé que corrieras y no me escuchaste.
Él presionó el m*****o de manera firme contra ella.
-Aparta la ropa interior, quiero entrar.
-No, no.
La lengua de él bebía las lágrimas, quedaron en esa pelea que pareció una eternidad, hasta que Klaus gemía más fuerte sobre ella. Las lágrimas lo excitaban a él y tener a una mujer frotándose contra él, mientras luchaba durante media hora lo hizo sentir un orgasmo caliente. Podía haber consumado el acto, pero no tuvo el valor de hacerlo con ella, y ni siquiera sabía por qué.
Lia se encogió en el suelo.
-Ni siquiera la lastimé. Te eché y quisiste quedarte.
En ese momento, ella miró hacia arriba y notó la sangre escurriendo de sus dientes.
Tomó una manta y se envolvió en ella, lentamente se acercó, Klaus notó la sangre.
Salio de la habitación.
Lia temblaba, no quería quedarse en la habitación, tenía hambre, la vida le había quitado todo, familia, amigos, la gente de la iglesia intentó ayudarla, pero ella estaba perdida en su dolor y los odiaba.
Klaus estaba sentado, aún desnudo, ella se negaba a mirar hacia abajo.
-¿Puedo comer?
Él movió la cabeza afirmativamente, pero solo había frutas, quería comida de verdad.
Había una cocina, pero ni siquiera estaba limpia.
-No podrás elegir lo que comer.
-¿Ni siquiera si cocino?
Si corría y se escondía, moriría de hambre.
Él se encogió de hombros y desapareció hacia su habitación.
Lia se quedó sola, comió frutas y tomó un vaso de leche fría.
Encontró la comida en el congelador, pero no tuvo el valor para tocarla.
Podía irse, sabía que si pedía, él abriría el portón, pero no tenía a dónde ir, su padre la mandaría a la silla eléctrica, y tal vez tendría que enfrentar la violencia de las otras presas y el abuso de algunos guardias. Allí al menos solo estaba Klaus, estaba cambiando un infierno por otro.
Cuando estaba triste, limpiaba y eso fue lo que hizo. Limpio la cocina, el refrigerador, echó agua en el suelo y sobre las paredes. El olor a limpieza impregnó el lugar.
Fuera había un closet con alfombras, después de limpiar la habitación en la que se bañó, depositó la alfombra y las mantas allí.
Aún le quedaba un poco de desinfectante y dejó el baño limpio. Cuando la noche llegó, estaba exhausta, comió un plátano y se acostó, pero mientras dormía sintió que alguien se enrollaba en su cuerpo. Lia tembló involuntariamente, pero había escuchado sus gritos por la propiedad, parecía una bestia enjaulada.
-Por favor! Klaus.
-Solamente voy a dormir aquí, el olor a limpieza es agradable, yo también estoy limpio, me bañé para acostarme contigo.
Lia se rindió a pelear, su cuerpo le dolía. Terminó durmiendo.
Afortunadamente, despertó sola.
Klaus estaba acostado en la estera afuera, desnudo y con una erección. El vaso que estaba en sus manos se cayó al suelo.
No deseaba ver eso, y para colmo, las puertas de las habitaciones no tenían cerradura.