Comienzo

540 Palabras
Lia se sentía sin esperanza. Klaus comenzaba a acosarla por la casa, incluso la detenía en los pasillos para simplemente olerla y tenía hambre. Su comida era extraña, y la ducha era fría; prefería el agua caliente. -¿Qué tienes ahora? Ni siquiera me he acercado a ti. -Tu comida es horrible y no me gusta el agua fría. -¿Estás llorando por eso? Él se acercó, pero ella se alejó más rápido. -Me asustas. -Eso no puedo solucionarlo. Voy a pedir provisiones, haz una lista. Ella lo hizo. Ese día, Klaus sintió el olor de comida decente por primera vez. Lia estaba poniendo la mesa cuando él entró, la ira brotó en él, podía ver el humo subir; no podía comer; acabaría quemándose, y solo se daría cuenta cuando su organismo reaccionara con alguna infección o la sed extrema lo dominara. Pateó la mesa, el caldo de carne salpicó en el brazo de Lia, y ella gritó; una vez más dejó escapar las lágrimas, estaba sensible, hacía días que no se alimentaba correctamente y él tiraba todo a la basura. Para colmo, el hombre andaba desnudo la mayor parte del tiempo. Él notó las lágrimas y se acercó; Lia fue agarrada por la cintura y una vez más su lengua recorrió cada gota. Lia entró en shock cuando se dio cuenta de lo que él hacía; Klaus se masturbaba mientras bebía sus lágrimas. -Eres un enfermo. Él ni siquiera la escuchó; saboreaba su esencia. Cuando él la soltó, ella corrió hacia la puerta, pero como siempre estaba cerrada. Deseaba salir de ese lugar desesperadamente. ¿A dónde podría ir? -Puedes salir por la puerta, pero esta vez no la abriré de nuevo si encuentro peligro afuera. -No tienes derecho a tocarme. -¡Vete entonces! Cuando dije que me quedaría, advertí que no tendría una mujer sin poder follarla. -Tiraste mi comida. Me duele el brazo. Él vio la rojez. -¿Cómo es el dolor? -¿Qué? -El dolor. ¿Cómo es sentir dolor? No supo cómo explicarle el dolor a alguien que nunca lo había experimentado; era como explicar el amor a alguien que estaba muerto. -No sé cómo explicar. -Hay crema para quemaduras en el armario. Necesitas decidir si te quedas o te vas. Él desapareció por la propiedad. Más tarde, escuchó sus gritos. Siempre los escuchaba; era como si él se autorregulara. Ella hizo otra sopa y limpió la cocina. Estaba terminando cuando él entró. Klaus se quedó observando la comida. -¿Quieres? -No tengo noción de temperatura. -¿Sentí sabor? -Totalmente. -Te alimentaré. Siéntate. Él iba a salir de nuevo, pero volvió. Ella tomó un tazón, lo enfrió y se lo puso en la boca. Ni siquiera sabía por qué lo hacía, pero allí era el único lugar donde podía quedarse, y a veces sentía ganas de cuidarlo. Él pidió más cuando el tazón se acabó y ella lo sirvió. Lia dejó la cocina organizada; poco a poco la casa se mantenía limpia. Al fondo de la propiedad había un tipo de agujero n***o; la basura se tiraba allí, una vez al mes, Klaus lanzaba un fósforo encendido, y todo se incendiaba. Lia estaba tirando cada cosa inútil allí..
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