—Cyrus, realmente no creo que pueda seguir —pronunció Rubí al ser despertado otra vez, ya habiendo perdido el número luego de la cuarta—. Mi trasero ya me duele de tanto amor que le diste —bostezó, sin querer abrir sus ojos. Arrastrando sus labios por el hombro de su pareja, Cyrus sonrió mientras su mano acariciaba su cintura delgada. —Pobre bebé, ¿debería de darte unos besitos ahí abajo? —expresó. —Ja-ja. Qué broma más graciosa —bufó. —¿Quién dijo que era una broma? —preguntó. —¿Qué? —pronunció confundido, forzando a sus ojos abrirse. Antes de que pudiera observar sobre su hombro a su pareja, este se apartó sentándose en sus talones y pronto su cuerpo fue movido, colocado sobre su abdomen para seguido alzarlo de las caderas y así quedar en sus manos y rodillas. —¿Hablabas en serio?

