11- Unos años atrás, Parte 2

3314 Palabras
Genaro sonrió, re tierno, reconociendo la onda de la promesa. "Claro, Emilia. Lo juro. Siempre vamos a ser amigos. Nuestra amistad va a ser como una estrella que brilla aunque esté re oscura la noche." La promesa que se mandaron no era solo palabras; era un compromiso que mostraba lo fuerte que era su unión. Sabían que la vida iba a tirar para distintos lados, pero esa promesa que hicieron cuando caía la noche iba a ser su guía en momentos complicados. Las horas pasaban y la noche se hacía más oscura en el orfanato. Emilia y Genaro se levantaron del banco, re en paz con todo. "Gracias por hoy, Genaro," tiró Emilia, abrazándolo. "Gracias a vos, Emilia," devolvió Genaro, abrazándola fuerte. "Estamos para cada uno, pase lo que pase." Y así, con la promesa de una amistad que no tiene fin, Emilia y Genaro se despidieron, sabiendo que, sin importar qué onda les ponga la vida, su conexión va a seguir firme. Los días en el orfanato eran como un combo de nostalgia y expectativa. El verano estaba por terminar y con eso, el momento en el que Emilia y Genaro tenían que partir por caminos separados. Había una onda triste que flotaba en el aire del orfanato. Emilia y Genaro paseaban por los jardines, tratando de enganchar esos momentos antes de separarse. Hablaban bajito y sus palabras eran lentas, como si quisieran quedarse con todo bien grabado. "Se nos viene la despedida, ¿no?" dijo Emilia, con un toque de bajón en la voz. Genaro asintió con un aire medio triste. "Sí, sé que se viene. Me da un toque de nervio pensar qué va a pasar después." Los dos caminaban re despacito, marcando el tiempo que se les iba. El silencio entre ellos decía mucho, lleno de cosas que no hacía falta decir. "¿Creés que nos vamos a volver a cruzar?" preguntó Emilia, mirando para arriba. Genaro, con un tono tranqui pero con esperanza, contestó: "Sí, seguro. No sé cuándo ni cómo, pero hay algo que nos tiene el destino, Emilia. Nuestra amistad es muy fuerte para que desaparezca así nomás." La vida los llevó a rumbos distintos, a caminos re diferentes. Emilia pegó la vuelta en la ciudad, se tiró de cabeza a estudiar arte y se mandó con toda su creatividad, pintando y dándole vida a sus lienzos. Cada trazo en esos cuadros era como un flashazo de los momentos en el orfanato, un recuerdo de esa amistad que no quería dejar ir ni en pedo. Mientras tanto, Genaro se acomodó en un pueblito tranqui, re conectado con la naturaleza. Se encontró con una banda re piola que valoraba su ingenio y lo que hacía. Su taller era su templo, donde creaba cosas re ingeniosas, siempre buscando hacer el mundo un poco mejor. Aunque estuvieran lejos, su amistad seguía en pie. Se mandaban cartas, contándose todo: lo bueno, lo malo y los sueños que tenían. Esas palabras escritas eran como un hilo invisible que mantenía re viva esa conexión entre ellos. El tiempo pasó, y con él, los desafíos y logros que fueron marcando sus vidas. Emilia se la jugó como artista, re conocida con sus obras en las galerías más top. Y Genaro, se hizo de fama como inventor, re aportando a la tecnología con sus inventos. ¿Te copa cómo va la historia hasta ahora? ¿Querés seguir viendo cómo sigue la movida de Emilia y Genaro? ¡Vamos a seguir con la historia de Emilia y Genaro! A pesar de que les iba re bien en sus vidas por separado, sentían que algo les faltaba. Por esos giros del destino, Genaro terminó en una exposición de arte en la ciudad. ¡Y sorpresa! Resulta que las obras que tanto le volaban la cabeza eran de Emilia. Él, maravillado con esas pinturas que tenían un algo especial, se quedó pegado mirando una obra que le sonaba un montón. De la nada, una voz que le caía re bien lo sacó del trance: "¿Genaro?" ¡Era Emilia! Con una sonrisa que iluminaba todo. Obvio que se abrazaron fuerte, como si el tiempo se hubiera frenado en ese instante. Los corazones les latían a full, reviviendo esa amistad que ni los años podían borrar. Genaro, re sorprendido, le tiró: "¡No sabía que eras la artista detrás de estas pinturas increíbles!" Y Emilia, con esa risa contagiosa, le contestó: "¡Una sorpresa para los dos, ¿no?" Se mandaron juntos por la expo, contándose toda la movida que les pasó desde su última despedida. ¿Y sabés qué? A pesar del tiempo y de todo lo que les pasó, seguían re conectados. Cuando terminó la expo, se fueron a un café para seguir charlando. Parecía que retomaban la conversación justo donde la habían dejado años atrás. Hablaron de sus sueños, de lo que habían logrado, de las vueltas de la vida y, sobre todo, de la felicidad de volver a encontrarse. El día se fue despidiendo, pero para Emilia y Genaro, eso fue el arranque de algo nuevo. Se dijeron chau sabiendo que, aunque sus caminos fueran distintos, su amistad seguía firme como un roble. ¿Te pinta seguir viendo qué más pasa con Emilia y Genaro? ¡Sigamos la aventura! Decidieron arrancar juntos un viaje, una aventura para explorar el mundo y reavivar esa amistad que sobrevivió al tiempo y la distancia. Se mandaron con un montón de destinos emocionantes y experiencias nuevas. Arrancaron por un pueblo chico re cerquita del mar, fascinados con la idea de disfrutar de la playa y la onda tranqui que se vive ahí. Se mandaron a alquilar una casita cerca del mar, donde el sonido de las olas era la música de fondo todos los días. Pasaban sus días caminando por la playa, juntando conchitas y disfrutando del viento en la cara mientras veían el horizonte. A la noche, prendían fogatas en la playa, se reían y contaban historias de sus viajes y recordaban las travesuras del orfanato. La libertad de no tener planes fijos les pegaba fuerte, ¡y re disfrutaban! Después de pasar un tiempo ahí, se mandaron a otro rollo. Subieron a un tren que los llevó por montañas y valles, parando en pueblitos copados y ciudades movidas. Cada parada era un viaje nuevo, probaban comidas locas y se sorprendían con lo diverso que es el mundo. Recorrían mercados llenos de vida, visitaban lugares históricos y se perdían en callecitas llenas de onda. Encontraron un lago escondido entre las montañas, alquilaron un bote y se mandaron a remar en aguas re claras. Hablaban de todo, de sueños y anécdotas, con el sol reflejándose en el agua que parecía mágica. Después de haber recorrido paisajes que te dejaban boquiabierto, desde desiertos hasta junglas y ciudades llenas de movimiento, cada experiencia les daba más fuerza a su amistad. Se estaba convirtiendo en un pilar re importante en sus vidas. Mientras el reloj avanzaba, cada día les traía algo nuevo para agradecer. Cada atardecer era único y cada amanecer era como una nueva oportunidad para apreciar juntos toda la belleza del mundo. Un día, fresco y lleno de hojas cayendo en un parque re tranqui, Emilia y Genaro se pusieron a reflexionar sobre todo lo que habían vivido. "¿Qué te parece, Genaro?" tiró Emilia, con esa sonrisa copada. "La verdad, Emilia, fue más de lo que me imaginaba," le contestó Genaro, con los ojos llenos de agradecimiento. El viaje los unió más que nunca. Les dio una conexión que ningún otro evento podría haberles dado. Y decidieron que aunque el viaje pudiera terminar, su amistad era para siempre. El mundo les dio experiencias increíbles, pero lo más valioso era su amistad, un tesoro que iban a cuidar siempre. La vuelta al ruedo real estaba cerca para Emilia y Genaro. Habían hecho un viaje lleno de aventuras y hallazgos, explorado lugares espectaculares y probado cosas re copadas. Ahora, tocaba volver a la rutina, pero su amistad estaba más recargada que nunca con todas esas vivencias juntas. Antes de cerrar el capítulo del viaje, quisieron hacer una parada final en el orfanato que los había visto crecer. Era como cerrar el ciclo, volver al lugar donde todo empezó y recordar todo lo que los había unido. El orfanato se veía distinto, con cambios pero con la misma onda que los atrajo desde el principio. Se llenaron de recuerdos mientras paseaban por los pasillos que alguna vez llamaron hogar. Llegaron al viejo columpio, ese lugar lleno de charlas re profundas y risas que venían del corazón. Se sentaron ahí, dejando que el silencio hablara por ellos, reviviendo esos momentos que compartieron. "¿Te acordás cuando soñábamos de nuestro futuro acá?" tiró Emilia, con esa sonrisa que te trae todos esos recuerdos. Genaro asintió, mirando al horizonte como si pudiera ver los sueños que compartían. "Sí, imaginábamos un mundo lleno de chances, sin tener ni idea de adónde nos iba a llevar todo esto." La directora del orfanato, sorprendida y re contenta de ver a Emilia y Genaro de vuelta, se les acercó re emocionada. "¡Chicos, qué sorpresa! Hace una banda que no pisan este lugar." Emilia y Genaro se pararon para abrazar a la directora, agradecidos por la buena onda que siempre hubo en el orfanato. "Siempre recordamos este lugar como nuestra casa, donde empezó nuestra amistad," tiró Genaro con una onda re agradecida. La directora se mandó una sonrisa de esas de 'se los extrañaba'. "Siempre van a ser parte de esta familia, no importa dónde anden. ¿Qué onda con su viaje?" Emilia y Genaro empezaron a contar historias de lo que vivieron, describiendo los lugares, la gente copada que conocieron y las cosas que aprendieron en el camino. Cada palabra venía cargada de esa emoción re sincera y felicidad, re mágicas esas vivencias. Al final de la charla, la directora los invitó a una cena especial para celebrar su vuelta. Los pibes del orfanato se juntaron alrededor de una mesa llena de comida casera, cebando mate y compartiendo risas con Emilia y Genaro. La noche avanzaba y llegó el momento de despedirse de vuelta. Emilia y Genaro se pararon frente al edificio, mirando el cielo repleto de estrellas. "Fue una locura, ¿no, Emilia?" Genaro se largó con toda la emoción. "¡Mal, Genaro! Re inolvidable todo esto," contestó Emilia, re contenta. Se abrazaron, sabiendo lo re valiosa que era su amistad y lo mucho que se bancaban el uno al otro. Aunque el viaje terminara, sabían que era el principio de un montón de aventuras nuevas. Re agradecidos, Emilia y Genaro le dijeron chau al orfanato, llevándose recuerdos re preciosos, miradas al futuro y la certeza de que su amistad era un tesoro que iba a brillar siempre, venga lo que venga. Luego de esa vuelta al orfanato y esa despedida tan cargada, Emilia y Genaro se encontraron de nuevo en el punto de partida de sus vidas individuales. El viaje dejó una huella re marcada en sus corazones, pero también les dio unas ganas re lindas de lo que vendría después. Decidieron asentarse en la ciudad donde habían pasado esos primeros años juntos, llevando consigo toda la onda del orfanato y la buena onda de su amistad. Emilia encontró un estudio de arte re inspirador que la motivó a crear obras aún más llenas de significado, mientras que Genaro se metió de lleno en proyectos de innovación que buscaban mejorar la vida de la gente. La ciudad se convirtió en el escenario de su nueva vida, donde cada rincón estaba cargado de recuerdos y cada esquina les daba la chance de empezar de nuevo. Se largaron a laburar en cosas que los re copaban, siempre llevando con ellos la lección de que la amistad es ese motor que te empuja hacia adelante, tanto en lo personal como en lo profesional. Emilia y Genaro, en sus propios caminos, también metieron mano juntos. ¿Sabes qué onda? Emilia le daba su toque artístico a las creaciones de Genaro, re copado, mezclando el arte con la tecnología. Se mandaron a hacer un estudio creativo juntos, re piola, donde reventaban con sus habilidades y cada proyecto era una mezcla entre arte y tecnología. Los laburos que pegaban no tapaban la posta de su amistad. Los recuerdos del orfanato, el viaje juntos y volver a casa eran la base fuerte de sus vidas. Siempre celebraban las victorias del otro con la misma emoción que cuando eran chicos jugando en el patio del orfanato. En un atardecer de verano, paseando por el parque de la infancia, Emilia y Genaro charlaban de cómo los había re formado su viaje. "¿Te acordás cuando solo imaginábamos cómo sería todo?" tiró Emilia, re contenta, mirando a Genaro. "Y ahora acá estamos, reales como la vida misma." Genaro asintió, con esa onda de agradecimiento en la mirada. "El viaje fue mucho más que dar la vuelta al mundo. Nos conocimos más a nosotros mismos y aprendimos lo que es tener una amistad que no se raja." La ciudad se iluminaba con las luces del atardecer mientras Emilia y Genaro se sentaban en un banco, re tranquilos, charlando del presente y mirando hacia el futuro. "¿Te acordás de la promesa que nos hicimos esa noche en el orfanato?" preguntó Genaro, re emocionado. Emilia asintió, re acordándose de las palabras que sellaron su amistad. "Para siempre vamos a ser amigos, pase lo que pase." "Y así va a ser," confirmó Genaro, estirando la mano hacia Emilia. "Un nuevo comienzo, pero siempre juntos." Emilia agarró la mano de Genaro y juntos se quedaron mirando el horizonte, listos para bancarse los nuevos desafíos. Sabían que con su amistad podían superar cualquier cosa y celebrar cada triunfo juntos. Con la puesta del sol marcando el camino, Emilia y Genaro caminaron hacia un futuro lleno de oportunidades, sabiendo que su amistad iba a ser la que les daría fuerza en cada nuevo día. La vida siguió, llevando a Emilia y Genaro por caminos inesperados. La ciudad era testigo de sus logros, desafíos y, sobre todo, de su amistad a prueba de todo. Emilia se hizo conocida en el mundo del arte. Sus exposiciones llenaban salones y todos flipaban con sus pinturas. Cada pincelada contaba su historia, la del viaje con Genaro, y la amistad de años se veía reflejada en cada obra. Genaro, por otro lado, la rompía en el mundo de la tecnología. Sus inventos reventaban la forma en que la gente interactuaba con la tecnología en su vida diaria. Cada logro era un homenaje a su ingenio, y siempre recordaba la re buena onda que había tenido con Emilia durante su viaje juntos. Aunque tenían agendas a full, siempre hacían tiempo para juntarse. Los findes eran para tirarse buena onda, hablar de sueños y reflexionar sobre la vida. La conexión entre ellos seguía igual de fuerte, como si el tiempo no hubiera podido hacer mella en la conexión que habían armado desde el orfanato. En una tarde de lluvia, Emilia y Genaro se encontraron en su lugar preferido: un café re piola en la esquina. Las gotas de lluvia golpeaban la ventana mientras tomaban un café caliente. "¿Te acordás cuando tirábamos ideas sobre el futuro?" preguntó Emilia, con esa sonrisa re nostálgica. Genaro asintió, recordando esos días llenos de expectativas. "Claro, re locos pensando en este mundo que ahora estamos armando." Charlaban como dos amigos de siempre, mezclando recuerdos con planes a futuro. Emilia le contaba sobre una expo que estaba armando, mientras Genaro soltaba ideas para un nuevo proyecto. De repente, les llegó una noticia re inesperada. Había un concurso internacional de arte y tecnología organizado por una fundación re copada que buscaba colaboraciones innovadoras entre artistas y científicos. Emilia estaba re entusiasmada. "¡Genaro, esto es perfecto para nosotros! Tu tecnología y mi arte serían una bomba juntos." Genaro, re contagiado por la emoción de Emilia, se prendió. "Sería una oportunidad zarpada para mostrar cómo la creatividad se mezcla con la innovación." Se mandaron a anotarse en el concurso, viendo ahí la posibilidad de juntar sus talentos. Laburaron por semanas, mezclando ideas en una colaboración única que mostraba la esencia de su amistad y su visión juntos. Llegó el día del concurso, y Emilia y Genaro la rompieron con su obra frente a un público internacional. La creación unía arte visual con tecnología, creando una experiencia re atrapante que dejó a todos en la lona. La obra de Emilia cobraba vida gracias a la innovación de Genaro, un mix entre lo tangible y lo digital. Era un homenaje a su amistad, a los momentos compartidos y a la forma única en que veían el mundo gracias a su viaje juntos. El jurado quedó re impresionado por la creatividad y la ejecución impecable de su proyecto. Emilia y Genaro se llevaron el primer premio, ganándose reconocimiento internacional y la chance de laburar en proyectos aún más zarpados. Mientras se abrazaban re emocionados por el logro, Emilia y Genaro supieron que esto era solo el comienzo. Los lazos de amistad habían cruzado sus caminos una vez más, y juntos estaban re ready para enfrentar un futuro lleno de oportunidades infinitas. En su estudio, rodeados de lienzos y prototipos, Emilia y Genaro estaban a full con proyectos que iban más allá de lo común. Cada obra era como una fiesta de ideas, un tributo a su amistad y una mezcla de arte y tecnología que volaba la cabeza. Con todo lo laboral a full, algo empezó a bullir entre ellos. Empezaron a notar que sus corazones iban en la misma sintonía de una forma más profunda. Esas miradas compinches, los gestos que eran más que de amigos, todo estaba tomando otro tono. Un día, mientras laburaban en un proyecto, se armó una pausa re intensa. Emilia miró a Genaro y en sus ojos había una pregunta que flotaba en el aire. "Genaro, ¿nunca pensaste que hay algo más entre nosotros que solo amistad?" soltó Emilia, con una voz re suave y cautelosa. Genaro, re sorprendido pero sincero, tiró posta. "Sí, Emilia. Siento algo especial, más allá de la amistad." Ahí arrancaron a hablar en serio, sacando a flote emociones que llevaban un tiempito guardadas. Charlaban de sus sentimientos, de esa complicidad que siempre tuvieron y de cómo su amistad estaba evolucionando. Abrir esa puerta los metió en un territorio nuevo, algo que siempre evitaron para no romper la conexión que tenían. Pero la confianza que tenían les dio fuerza para explorar esto. Decidieron darse tiempo para ver qué onda con esta nueva onda. El amor estaba en el aire, en las charlas re sinceras, en esas miradas que ya tenían su propio código. Cada día era una aventura nueva, un viaje para conocerse en otro nivel. El amor se armaba sobre la base fuerte de una amistad que ya había pasado por todo. Emilia y Genaro estaban re ready para esta nueva etapa, sabiendo que su amistad era la base de todo. Y así, la ciudad que los vio crecer ahora veía cómo su amistad se transformaba en algo más. Mirá, Emilia y Genaro estaban re cancheros con sus obras de arte. Los lienzos de Emilia explotaban de colores y emociones, re capturando lo que sentían en cada trazo. Y Genaro, el flaco se mandaba creaciones que se inspiraban en la onda de la naturaleza y en sus sentimientos más profundos. Entre laburo y laburo, se la pasaban charlando, cebándose con proyectos re copados que eran la pura onda de su conexión. Claro, igual, como en todas, se les vino el momento difícil. A veces el trabajo los separaba y eso los re probaba, pero siempre se re bancaban. Cada bache reforzaba su compromiso, haciéndoles ver que la paciencia, la charla y el apoyo eran clave.
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