31

1032 Palabras
A ver, el sol sale como diciendo "¡Hola, nuevo día!" pero yo, Emilia, sigo con la mente hecha un lío, ¿sabes? Después de las charlas intensas de ayer, cada decisión que tengo pendiente es como más heavy, ¿no te parece? Como que me tiene a las vueltas. El sol se cuela por las cortinas, mandando rayitos dorados por toda la habitación. Y mi celular, ese inseparable de mis dramas, ¡trajo mensajes pendientes! Mi marido tiró un "¿Cómo andás después de ayer? Si necesitás algo, acá estoy." Re reconforta, pero la confusión sigue ahí. Antes de contestar, veo el mensaje de Camilo que quiere juntarse de nuevo: "Emilia, ¿podemos vernos hoy? Necesito entender qué onda todo esto para nosotros." Imaginate, tengo estas opciones que son como un laberinto de incertidumbres. Decidí tomarme un rato para pensar antes de responderles a los dos. Me metí en mi rincón de meditación, tratando de encontrar alguna luz. Las voces de mi marido y de Camilo se mezclaban en mi cabeza, como en una coreo de emociones. Al final, les contesté a ambos: "Gracias por ser pacientes. Necesito más tiempo para pensar. Podemos vernos más tarde, pero por separado." El tiempo se arrastraba mientras yo me sumergía en mis pensamientos. Para cuando el sol estaba a pleno, ya había respuestas de los dos. Mi marido re bien con mi pedido: "Tomate tu tiempo. Estaré acá cuando decidas." Camilo, en cambio, ¡se moría de ansiedad y esperanza! "Claro, voy a estar esperando. Pero no te demores tanto, porfa." Me preparé para las citas separadas. Con mi marido, nos encontramos en un café re tranqui, el olorcito a café flotando mientras intercambiamos miradas llenas de historias. La charla fue pausada, cada palabra con peso. Después de esa despedida, fui al lugar con Camilo. El sol ya se estaba yendo, pintando el cielo de colores re lindos. Nos vimos en un parque, el mismo donde nos confesamos cosas antes. "Emilia, necesito saber qué carajo pasa para vos y para nosotros", me largó Camilo, clavándome la mirada. Tomé aire antes de contestar. "Camilo, tengo sentimientos re enredados. Mi vida pegó un giro inesperado y necesito tiempo para acomodarme." El chabón asintió, re copado. "Estoy dispuesto a esperar, Emilia, pero ¿hay lugar para mí en tu vida? ¿Alguna pista?" Su pregunta quedó flotando como una mariposa inquieta. Yo, sintiéndome re agobiada, le dije re sincera: "No tengo todas las respuestas ahora mismo. Pero prometo buscar la verdad, para vos y para mí." La charla con Camilo fue re heavy, cada palabra resonando en la oscuridad del atardecer. Después de despedirnos, volví a casa, donde la noche me dio un respiro para procesar todo lo que me estaba pasando. El celular, testigo mudo de mi día, mostró un último destello: un mensaje de mi marido, "Tomate tu tiempo. Estaré acá cuando estés lista." La noche se fue y yo quedé en mi mundo de pensamientos. Mientras cerraba los ojos, me agarré de la esperanza de que el próximo día me trajera respuestas más claras y el comienzo de una nueva etapa en mi vida. ¡No es joda la montaña rusa emocional, ¿no te parece?! El sol estaba a full cuando Emilia se metía en una selva de pensamientos. La mañana fue un torbellino de reflexiones, cada pregunta abriendo la puerta a un enredo de sentimientos. El celu no paraba de saltar con mensajes: uno del marido y otro de Camilo. Cada mensaje representaba una historia diferente, dos caminos distintos. El marido mandó: "¿Cómo andás hoy? Si querés hablar, acá estoy." Re buena onda, ¿no? Me da un refugio en medio de este quilombo emocional. Pero también está el mensaje de Camilo: "¿Nos vemos más tarde? Necesito entender qué onda con nosotros." La elección entre dos direcciones re diferentes me hacía sentir un nudo en el estómago. Decidí tomar un tiempito para pensar antes de contestarles. Me tomé un rato para meditar, tratando de encontrar un poco de calma. Las voces de mi marido y de Camilo seguían dándome vueltas en la cabeza, un mix de emociones que ni te cuento. Al final, contesté: "Gracias por entender. Necesito más tiempo para acomodar mis sentimientos. Podemos vernos más tarde, pero por separado." El tiempo pasaba y yo esperaba las respuestas. Mi marido respondió re tranqui: "Tomate tu tiempo, estoy acá cuando decidas." Camilo, por su lado, entendió pero estaba re ansioso: "Obvio, estaré esperando. Pero tratá de no demorarte mucho." Preparada para los encuentros, me junté con mi marido en un café re tranqui, el olorcito a café flotando mientras compartíamos miradas llenas de historias. La charla fue como en cámara lenta, cada palabra re pesada porque todo era re delicado entre nosotros. Después de esa despedida, fui al encuentro con Camilo. El sol ya estaba bajando, pintando el parque con una luz re copada. Nos encontramos en el lugar donde habíamos tenido charlas más íntimas. "Emilia, necesito entender qué pasa entre nosotros", soltó Camilo, con una mirada que mezclaba ansiedad y esperanza. Respiré hondo antes de contestar. "Camilo, estoy re mezclada con todo esto. Mi vida dio un giro inesperado y necesito tiempo para procesar todo." Camilo entendió, con esa cara de "te entiendo pero... ¿y yo?". "Claro, Emilia, pero necesito saber si hay lugar para mí en tu futuro. ¿Me tirás una pista?" La pregunta de Camilo flotó en la oscuridad del atardecer. Yo, re atrapada en mis sentimientos, respondí de onda: "No tengo todas las respuestas ahora. Pero me comprometo a buscar la posta, tanto para vos como para mí." La charla con Camilo se esfumó con la noche que caía. Volví a casa, donde la tranquilidad de la noche me dio espacio para pensar en todo lo que habíamos hablado. El celu, testigo mudo de mi día, sonó una última vez: un mensaje del marido, "Tomate tu tiempo, estoy acá cuando estés lista." La noche me dejó en un mundo de pensamientos y sentimientos. Al cerrar los ojos, deseaba que el nuevo día trajera claridad y el comienzo de una nueva etapa en mi vida. ¡Qué locura de día, che!
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR