La tarde estaba como re onda, con sombras y luces que reflejaban todo el lío de emociones de Emilia. Después de los palos de la mañana, el sol se mandaba a despedirse, poniendo colores que pintaban las paredes del depa.
¡El celu no paraba! Mensaje del marido: "¿Te cabe una juntada esta tarde? Necesito hablar."
Re pensativo mi marido, ¿no? Me hacía sentir dos cosas a la vez. Y claro, otro mensaje de Camilo: "Emilia, ¿podemos charlar? Necesito saber qué onda con tu decisión."
La tarde prometía charlas que capaz iban a redefinir todo. Me la jugué y respondí: "Dale, estoy lista para hablar. Primero con vos, y después con Camilo."
El sol caía lento, haciendo sombras re largas en la city. Me encontré con mi marido en un parque tranqui, la luz filtrándose entre las hojas. Hablamos a fuego lento, re despacio, compartiendo lo que sentíamos.
"Emilia, quiero trabajar en esto juntos, pero también entiendo que necesitás tu espacio", me tiró mi marido, re copado.
Charlar con él me trajo un toque de claridad en el quilombo de mi mente. Después de despedirme, fui a ver a Camilo, que estaba esperando en el mismo parque.
"Emilia, me alegra que vinieras. Necesito saber para dónde vamos", soltó Camilo, re ansioso.
Tomé aire, sabiendo que tenía que tomar decisiones heavy que iban a repercutir fuerte. "Camilo, no tengo todas las respuestas. Pero quiero encontrar algo que sea honesto para todos."
La tarde se iba y Emilia seguía charlando con Camilo. Los dos decidimos tomarnos más tiempo para pensar antes de cambiar el curso de las cosas.
De vuelta en casa, la noche me abrazó. El celu, que estaba más callado que nunca, revivió con un mensaje del marido: "Gracias por la charla. Tomate el tiempo que necesites. Estoy para lo que decidas."
La noche se estiraba, con estrellas que brillaban arriba. Emilia, perdida en sus pensamientos, encaraba un mar de posibilidades y responsabilidades.
La última parada del día era contestarle a Camilo, que esperaba señales. "Camilo, gracias por aguantar. Necesito tiempo para entender mis feelings. Pero prometo ser re sincera."
La respuesta de Emilia flotó en la oscuridad. Cerró los ojos, buscando paz en la noche. El nuevo día se asomaba, trayendo más charlas y, con suerte, la claridad que tanto necesitaba. ¡Qué día, eh!
La tarde pintaba un cuadro lleno de emociones, una mezcla de claroscuros que reflejaban lo que estaba pasando por mi cabeza. Después de las charlas intensas de la mañana, el sol se estaba yendo, mandando tonos cálidos por todos lados.
El celular, que nunca se queda callado, saltó con un mensaje. Era del marido: "¿Pudiste pensar un poco? ¿Nos encontramos esta tarde?"
Mi marido me tiraba una propuesta que me revolvía todo. Y ahí estaba otro mensaje, de Camilo: "¿Nos vemos más tarde? Quiero saber qué onda con nosotros."
La tarde prometía charlas que podían definir mucho. Me animé y les contesté a los dos: "Estoy lista para hablar. Primero con vos y después con Camilo, ¿ok?"
El sol se iba bajando, haciendo sombras largas por todos lados. Me encontré con mi marido en un parque re tranqui, con la luz filtrándose entre las hojas. Hablamos re pausado, como midiendo cada palabra.
"Emilia, quiero que sepas que estoy para bancarte en esto. Pero también entiendo que necesitás tu espacio", me dijo mi marido, re comprensivo.
Esa charla me dejó pensando. Después, me fui a ver a Camilo que estaba esperando en el mismo parque.
"Emilia, me alegra que vinieras. Necesito saber cómo seguimos", tiró Camilo, re ansioso.
Tomé aire, sabiendo que tenía que tomar decisiones re heavy. "Camilo, no tengo todas las respuestas. Pero quiero encontrar algo que sea justo para todos."
La tarde se iba y yo seguía con Camilo, charlando. Los dos acordamos darnos más tiempo para pensar antes de cambiar el rumbo.
De vuelta en casa, la noche me abrazó. El celular, que estaba medio dormido, se despertó con un mensaje del marido: "Gracias por charlar. Tomate el tiempo que necesites. Estoy acá si decidís algo."
La noche se hacía larga, con las estrellas brillando arriba. Emilia, envuelta en sus pensamientos, encaraba un mundo lleno de posibilidades y responsabilidades.
La última parada del día era responderle a Camilo, que esperaba señales. "Camilo, gracias por la paciencia. Necesito tiempo para entender todo. Pero te prometo que voy a ser re honesta."
La respuesta de Emilia flotaba en la oscuridad. Cerró los ojos, buscando un poco de paz. El nuevo día estaba por llegar, trayendo más charlas y, con suerte, algo de claridad. ¡Vaya día, che!
La noche pintaba un cuadro con la city, re oscuro pero con esas lucecitas que no paraban. Emilia, re metida en sus pensamientos, miraba la city desde su ventana, tratando de entender todo en la noche.
El celular sonó, cortando su mirada al cielo. Mensaje del marido: "Espero que hayas podido pensar. Si querés hablar, estoy acá."
Agradecí la buena onda del marido, pero también estaba Camilo en la jugada. Otro mensaje: "Emilia, si querés hablar, estoy re ready. No te quiero apurar, pero necesito saber qué onda."
Tener que decidir entre dos relaciones me mareaba. Me mandé un mensajito a los dos, pidiendo más tiempo antes de definir.
La noche avanzaba, y yo con una charla re heavy en puerta. Me junté con mi marido en un lugar re tranqui, luces suaves que pintaban la escena. Charla re profunda, sacando sentimientos a pasear.
"Emilia, quiero luchar por nosotros, pero entiendo si querés seguir tu propio camino", me soltó mi marido con toda la posta.
Esa charla me dejó re movida. Ahí me fui al encuentro con Camilo, con una cara que reflejaba un montón de dudas, en el mismo lugar donde habíamos hablado re a fondo antes.
"Emilia, necesito saber si sigo siendo parte de tu vida. No aguanto más esta incertidumbre", me soltó Camilo, re urgente.
Tuve que frenar un toque antes de responder, sintiendo el peso de las decisiones. "Camilo, estoy hecha un quilombo. No te puedo prometer nada, pero voy a ser re sincera en todo."
La charla con Camilo fue intensa, con un montón de incertidumbres. Los dos acordamos darnos tiempo antes de tirar cualquier paso grande.
De vuelta en casa, la noche estaba re densa, la city en silencio total. Me senté a pensar en mi cuarto, con el celular al lado, esperando respuestas que no llegaban.
El celular se prendió de nuevo, mensaje del marido: "Gracias por hablar. Tomate el tiempo que necesites. Estoy acá si decidís algo."
La onda del marido me hizo sentir un toque mejor, pero la noche seguía siendo misteriosa. Camilo también mandó mensaje: "Emilia, valoro tu sinceridad. Voy a esperar mientras te acomodás."
El tiempo pasaba re despacio. Yo, metida en mis pensamientos, no podía dormir. Miré las estrellas un montón, tratando de encontrar respuestas. La noche me hizo compañía, y entre tanta oscuridad, Emilia enfrentó todo lo que sentía, esperando que el día trajera respuestas claras.