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1189 Palabras
El día nuevo se despertó con una luz suave, re prometedora. Emilia, toda ansiosa y decidida, se la bancaba frente al horizonte, esperando respuestas que parecían estar escondidas. El celular, siempre en acción, saltó con dos mensajes. Uno del marido: "Espero que hayas dormido bien. Si querés hablar, acá estoy." Otro de Camilo: "Emilia, ¿puedo caer hoy? Necesito saber cómo estamos." Las opciones se armaron de nuevo como en una encrucijada. Emilia, re sabiendo que venían decisiones fuertes, decidió patear la bola un rato antes de contestar. Se hizo la re tranqui en un rincón de su casa, con la luz re suave del día que entraba. Cerré los ojos, buscando calma entre tanto quilombo. La charla con mi marido y Camilo me sonaba en la cabeza como una canción pegajosa. Al final, abrí los ojos y encaré el celu. Les tiré un mensaje a ambos: "Gracias por la onda. Necesito un poco más de tiempo antes de tomar decisiones re heavy. Podemos hablar hoy, primero con vos y después con Camilo." Las respuestas llegaron casi juntas. Mi marido, comprensivo como siempre: "Tómate tu tiempo, acá estoy esperando." Camilo, medio ansioso y esperanzado: "Dale, estaré aguardando. Pero no te hagas esperar mucho." La mañana seguía y yo me preparaba para el primer round, el que tenía con mi marido. Nos juntamos en un café re tranqui, con aroma a café por todos lados. Hablamos de todo un poco, pero la incertidumbre flotaba ahí. "Emilia, quiero entender qué onda tenemos", largó mi marido, con una mezcla de cariño y preocupación en los ojos. Me tomé un segundito antes de contestar. "Estoy tratando de entenderlo yo misma. Necesito tiempo para saber bien qué siento y decidir re bien." La charla con mi marido me dejó con una montaña rusa de emociones. Me fui para el encuentro con Camilo, en el mismo lugar donde habíamos hablado tanto. "Emilia, gracias por venir. Necesito saber qué significa esto para vos y para nosotros", tiró Camilo, re esperanzado y ansioso. Yo, re consciente de lo que tenía que decir, le solté mis pensamientos. "Camilo, estoy en una etapa de la vida en la que me toca entenderme y ver qué quiero. No puedo prometer nada ahora, pero te aseguro que voy a ser re honesta." La charla con Camilo fue profunda, cada palabra resonando en el parque tranqui. Los dos acordamos tomarnos más tiempo antes de tomar decisiones que re cambien el juego. De vuelta en casa, la noche caía y yo estaba re metida en mi mundo. El celu volvió a cobrar vida, dos mensajes esperaban respuesta. Uno del marido: "Gracias por hablar. Estoy re disponible para lo que necesites." Otro de Camilo: "Emilia, valoro tu sinceridad. Estoy re bancándote mientras te acomodás." La noche avanzaba y yo, en la re reflexión, estaba re perdida en mis pensamientos. Miré el cielo, buscando una señal entre las estrellas. La noche, mi re compinche en el silencio, estaba ahí, lista para lo que viniera al día siguiente. "El sol estaba a full en el cielo cuando me hundí en un mar de pensamientos. La mañana fue una locura, con mil cosas dando vueltas en mi cabeza, y al mediodía la cosa estaba como un crucigrama emocional. El celu, siempre activo, no paraba de sonar. Uno de mi marido: '¿Cómo te sentís después de lo de esta mañana? Si querés hablar, estoy acá.' Y otro de Camilo: '¿Podemos vernos esta tarde? Necesito entender qué onda entre nosotros.' Las relaciones eran un quilombo, ahí en la pantalla. Decidí encarar y les mandé a ambos: 'Gracias por bancarme. Estoy lista para hablar. Podemos encontrarnos, primero con uno y después con el otro, ¿dale?' Las respuestas llegaron al toque. Mi marido, re copado: 'Tomemos el tiempo que necesitemos. Estoy acá cuando quieras hablar.' Y Camilo, entre ansioso y re jugado: 'Gracias, voy a estar esperando. Pero no te demores mucho, ¿eh?' La ciudad estaba llena de historias y yo estaba lista para el primer round con mi marido. Nos juntamos en un lugar piola, con una onda re tranqui. Hablamos un montón, pero la tensión estaba ahí en el aire. "¿Hacia dónde vamos, Emilia?" tiró mi marido, con esos ojos que pedían respuestas. Yo, con toda la sinceridad, le tiré: "Me la estoy jugando a entender todo yo también. Necesito tiempo para acomodar mis sentimientos antes de hacer algo grande." La charla con él fue un montón, nos re ayudó a los dos a entendernos. Después, el segundo round con Camilo. El sol a pleno y nosotros ahí en el parque, en el mismo lugar donde la habíamos pasado re bien antes. La tensión estaba re fuerte, como un nudo en la garganta. "Gracias por venir, Emilia. Necesito entender qué onda entre nosotros", dijo Camilo, buscando conexión con mis ojos. Yo, con el corazón a mil, le solté todo: "Estoy en ese momento en el que tengo que encarar mi propio camino. No te puedo prometer nada ahora, pero voy a ser re sincera." La charla con Camilo fue re intensa, y los dos acordamos en tomarnos más tiempo antes de tomar decisiones re jugadas. De vuelta en casa, la tarde se iba y yo estaba en un limbo. El celu sonaba de nuevo, mi marido: 'Gracias por hablar, estoy acá para lo que necesites.' Y Camilo: "Emilia, banco tu sinceridad. Estoy esperando a que te acomodes." La noche se venía, prometiendo más reflexiones y, capaz, decisiones finales. Ahí estaba yo, en mi casa, en un maremoto de pensamientos. El celu, como un faro en la oscuridad, sonó una última vez antes del silencio de la noche. Un mensaje de mi marido: 'Tómate el tiempo que necesites. Estoy re acá para lo que decidas.' Cerré los ojos, buscando algo de paz en la noche. El nuevo día asomaba, y yo con toda la esperanza de que, al final, iba a encontrar el rumbo que me llevaría a un futuro más claro y tranquilo." "Llegó la tarde, un momento lleno de opciones que estaban en el aire para mí. El sol, cayendo tranqui, pintaba la ciudad con esos colores cálidos, y yo con un montón de charlas pendientes que pintaban para ser movidas. El celu, siempre presente en mi vida, se activó con los mensajes. Uno de mi marido: '¿Qué onda? Si querés hablar, estoy re disponible.' Y otro de Camilo: 'Emilia, ¿podemos vernos hoy? Necesito entender dónde estamos parados.' Las relaciones en la pantalla, pidiendo respuestas a gritos. Me la jugué y les contesté a los dos: 'Gracias por entender. Estoy lista para hablar. Podemos juntarnos, primero con vos y después con Camilo, ¿qué te parece?' Las respuestas eran re distintas, ¿vio? Mi marido, copado: 'Tomemos el tiempo que necesitemos. Estoy re dispuesto.' Y Camilo, ansioso pero con buena onda: 'Entendido. Voy a estar esperando. Pero no te demores mucho, ¿dale?' La tarde prometía dos encuentros claves. Arranqué con mi marido, en un lugar piola y tranqui, donde la onda era de compartir historias. La charla fluyó, re relajada pero con un dejo de incertidumbre."
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