Leonora siempre había sido una mujer de valores y principios que siempre protegían a su familia sobre todas las cosas. Era una mujer respetuosa, una esposa dedicada y una madre amorosa. Que esa mujer frente a sus ojos les haya jugado una mala pasada a su hijo y a Helena, que era como una hija para ella, le revolvía el estómago en bilis. No podía dejar que se saliera con la suya, era tan desquiciante ver que no tenía un solo atisbo de vergüenza o dignidad. — ¿De verdad no te importa quedar como una cualquiera? —preguntó Leonora entre dientes. — Solo es un rumor, que tal vez al principio me afecte, pero con el tiempo quedará borrado. En cambio Helena y Pato, bueno ellos manejarán algún día la empresa y la reputación de tu hijo importa en el mundo de los negocios. — ¡Eres una maldita

