Helena nunca pensó que encontrarse con Pato antes de tiempo le iba a causar estragos en el pecho. Estaba nerviosa de aquel encuentro que tarde o temprano tendría y ella había esperado con todo su corazón que fuera el día que acordaron el divorcio. Sin embargo; de nuevo el destino la había sorprendido al tener a su esposo frente a ella con la mano extendida queriendo tomar una plática que ella nunca quiso tener por miedo. Era consciente de que ambos se había engañado, se habían herido y no había nada más que hacer para regresar el tiempo y advertir los sucesos desafortunados que tuvieron. Sabía que era momento de tener una plática con él, aunque ella no quisiera. No podía pasarse toda la vida huyendo como lo había hecho hace tres años. Vio a sus dos amigos que estaban preocupados por ella

