Si alguna vez al Pato del pasado le hubieran dicho que los celos fromarían, alguna vez, arte de su vida, se habría reído a carcajadas, sin embargo, estaba ahí presencindo una escena que le dolió hasta el alma al ver a Helena siendo tomada de la mano por alguien más que no fuera él. Tan solo había sido su mano y el mundo se le estaba viniendo encima. Helena estaba platicando con Juan, después de cuatro años de no verse y solo contactarse a través de correos electrónicos, se habían vuelto muy buenos amigos y estar en Tenerife y haberlo encontrado había sido una enorme coincidencia. — Entonces ¿solo estarás ésta noche? —preguntó Juan. — Sí. Solo esta noche mañana muy temprano partiremos a Italia -dijo Helena— La verdad ha sido todo tan confuso en este viaje, y apenas empieza. — Creo qu

