Pato sintió que la adrenalina lo golpeaba por la urgencia de hacer algo antes de que Helena pudiera salir lastimada. Tenía que tranquilizarse y pensar bien qué es lo que haría con la cabeza fría. No podía sucumbir al pánico en ese momento. Analizó la situación con detenimiento. Helena se encontraba sentada atada a una silla vieja. Si ella caía al suelo con todo y silla era probable que se rompiera. Siguió observando la escena. El agresor estaba de espaldas a él eso era una ventaja. — ¡Ya me tienes harta maldita huérfana! —gritó la otra mujer y Pato pudo reconocer que se trataba de Amanda. ¿Cómo había llegado hasta ahí? ¿acaso había sido obra de su tío? Esto tenía que parar de inmediato. — ¿Pero yo que te he hecho? —chilló Helena mientras veía a Amanda a los ojos tratando de entender

