Escandalosa
Por Oliver
Me atasqué en el tráfico y cuando observé cual era el motivo, no me asombró.
Aún estaba en la zona más exclusiva de la ciudad y el tráfico no era tanto, pero claro, cuando alguien decide hacer un escándalo porque aunque no tenga prioridad se cree con más derechos que los demás, inclusive siendo imprudente, lo predecible era que el tráfico se complicara.
En medio de la boca calle, estaba ella, mi cuñada, esa que nunca se dignó a conocerme, esa que ni siquiera estuvo en mi casamiento, porque, pobrecita, estaba estudiando en Europa, tampoco vino cuando nació mi hija, porque no se podía perder esa semana de vacaciones en el St. Moritz, uno de los lugares más lujosos Suiza, con una tradición importante y Charlotte, no podía dejar de presentarse allí, con amigos tan huecos como ella, pobrecita, después de tanto estudiar, necesitaba su merecido descanso.
Mi cuñada tampoco vino a conocer mi hija cuando pasó una semana, ni al mes, ni siquiera cuando cumplió un año, porque sí… nuevamente era el momento de sus vacaciones…
Así pasaron tres cumpleaños de mi pequeña.
Todo eso no lo pude dajar pasar, porque a esa altura, aunque mi esposa estaba triste por la indiferencia de su hermana y aunque ella trataba de excusarla, yo consideraba que no siquiera valía la pena pensar en mi cuñada.
Lo que jamás le voy a perdonar en mi vida, es que cuando Sheryl falleció, luego de un cáncer que se la llevó en tan solo un mes, ella tampoco apareció.
Cuando se lo detectaron, sus padres decidieron no avisarle a Charlotte, porque, pobrecita, se podría preocupar por su hermana y estaba estudiando para algunos finales de la facultad.
Cuando mi mujer empeoró, no pudo viajar y cuando falleció, no tenía sentido que viajara estando tan mal de ánimo, ya que ni siquiera llegaría a tiempo para el velatorio.
Luego eso ya pasó, para ella, obviamente, y ni siquiera tuvo la decencia de acompañar a sus padres en ese momento tan catastrófico y vulnerable de sus vidas.
Por supuesto, nunca se le ocurrió pensar en su sobrina, esa que ni siquiera conocía, aunque ya hacía unos meses que había vuelto de Europa.
Realmente, para mí, que solamente la conocía por las fotos y los videos dónde ostentaba su perfecta vida, esa que representaba para las r************* , ya no me importaba saber nada sobre ella, no me afectaba lo que la hermana de mi difunta esposa hacía, la consideraba tan detestable, tan egoísta, egocéntrica y ególatra, que no merecía ocupar un lugar en mi mente.
Pero ahora la tenía casi adelante mío, claro que ella no miraba más allá del pobre tipo al que estaba insultando por no haberle cedido el paso.
Yo estaba dentro de mi auto y cuando vi llegar una patrulla de policía, no me inmuté, no pensaba mover un dedo.
Tampoco podía dar marcha atrás, ya que la cola de autos detrás mío, era considerable.
No tenía más que ver como se desarrollaba el espectáculo.
-¿Qué sucede aquí?
Preguntó el oficial, comiéndose con los ojos a mi cuñada.
Debo reconocer que era hermosa, tan llamatitiva y sensual como su horrible personalidad.
-Él me tiró el auto encima, me encerró y me hizo perder el control de mi vehículo ¿Tiene idea de lo que sale la pintura de mi Ferrari? ¡Y nunca qedaría igual! ¡Perdería su valor!
No estoy seguro cuanto la escuchó el agente, pero creo que podría detallar a la perfección cada centímetro de su exuberante pecho.
-Yo tenía prioridad de paso, ella cruzó cuando su semáforo ya estaba en rojo y pese a lo que la señorita dice, el que frenó, fui yo, ella lo hizo luego, atravesando su auto por delante mío.
El hombre estaba seguro de lo que decía, por supuesto y tenía razón.
-¡Eso no fue así! ¡Me tiraste el auto encima!
-¡Cruzaste en rojo!
-¿Cómo te atreves?
Acto seguido le dio un flor de cachetazo y por poco le dio vuelta la cara al infeliz que tuvo la mala suerte de cruzarse en su camino.
-¿Estás loca?
Le preguntó el hombre.
-Señorita, eso fue agresión delante de un oficial de policía.
-El me agredió, llamándome mentirosa.
-Esto no va a ir a ningún lado, no siquiera hubo un choque real.
Dijo el oficial.
-Señor, ella me agredió.
-Bueno… un mimo de una mujer así… vale la pena.
En ese instante supe que Charlotte, por su apariencia, se iba a librar de todo y que, como siempre, ella se seguía llevándose a todo el mundo por delante, creyéndose más que los demás.
Yo estaba a dos autos de diferencia y con las ventanillas bajas, el ruido del tráfico era inexsistente, porque nadie podía avanzar y al parecer todo el mundo estaba pendiente del esctáculo, aunque para muchos, el verdadero espectaculo, era el cuerpo de Charlotte, sabía moverse como una pantera, atrayendo miradas y haciendo de la calle, su propio escenario, dónde ella se creía protagonista.
-No fue un mimo, fue una cachetada sin razón, ¿Porqué no busca testigos, que indiquen que es lo que vieron?
Ante esas palabras, mi sonrisa floreció, esperando que al menos a los que estábamos cerca, nos preguntaran que sucedió.
El agente lo miró, sabiendo que muchos escuchamos la propuesta y era algo razonable, porque ante toda disputa, buscar testigos era una opción lógica.
Charlotte, creyendo que todos la iban a apoyar, sonrió con desdén.
-Por supuesto, pregunte tranquilo, todos saben que yo solamente soy una mujer avallazada.
Dijo cambiando instantaneamente su sonrisa malévola por una expresión atormentada que parecía verdadera.
¡Es una gran actriz!
El oficial se acercó al auto que estaba delante mío, dentro había una pareja de mediana edad y al parecer no querían tener problemas de ningún tipo.
-No llegué a ver nada.
Dijo el hombre.
Fue cuando el ofialcial me miró y le hice un aceña que para los demás pasó imperceptible y cuando comenzó a caminar hacia mí, supe que le iba a dar una lección a esa ingrata y detestable mujer.