II-3

2846 Palabras

—¡Oh, caudillo! —exclamó Petronio—. Permítenos que escuchemos de cerca esas risas sinceras, tan poco frecuentes en estos días. —Con mucho gusto —contestó Plaucio, levantándose—. Son Ligia y mi pequeño Aulo, que están jugando a la pelota. Pero tocante a la risa, creo, Petronio, que debes pasar la vida riendo. —La vida sólo merece risa, y por eso me río —repuso Petronio—; sin embargo, aquí la risa suena de otra manera. —Petronio —añadió Vinicio— pasa los días enteros sin reírse; pero, en cambio, se pasa las noches riendo. Hablando de esta manera recorrieron toda la casa y llegaron al jardín, donde Ligia y el pequeño Aulo jugaban con unas pelotas que unos esclavos, llamados sphaeristae, especialmente designados para ese juego, recogían del suelo y se las entregaban. Petronio examinó con

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