VII-3

2015 Palabras

Y se puso a mirarla como si quisiera saturarse con su contemplación. Su mirada la abrasaba deslizándose desde su rostro al cuello y a sus desnudos brazos, deleitándose en sus exquisitas formas. Se deleitaba con ella, la devoraba; pero junto con el deseo brillaban en sus ojos la felicidad, el amor y un éxtasis sin límites. —Sabía que te hallaría en casa del César —continuó—, y, sin embargo, al verte ha invadido mi alma una alegría tan grande como si me hubiera salido al encuentro una felicidad completamente inesperada. Ligia, repuesta ya, y comprendiendo que entre aquella muchedumbre y en semejante lugar era Vinicio la única persona allegada, entabló conversación con él y empezó a preguntarle acerca de todas aquellas cosas incomprensibles para ella y que le causaban miedo. ¿Cómo sabía que

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