VIII

2349 Palabras

VIII NADIE detuvo a Urso, ni siquiera le preguntaron lo que hacía. Los convidados, que yacían bajo las mesas, no se ocupaban ya de sus sitios, así que los esclavos, al ver a un gigante llevando en brazos a una convidada, creían que se trataba de algún sirviente que llevaba a su ama embriagada. Además, Actea los acompañaba y su presencia hacía desvanecer toda sospecha. De esta manera salieron del triclinium, llegando a la columnata contigua y de allí a la galería que conducía a los aposentos de Actea. A Ligia la abandonaron las fuerzas de tal forma que iba en brazos de Urso como un cuerpo inerte. Mas al sentir la brisa mañanera pura y fría, abrió los ojos. Cada vez se iba haciendo más de día. Siguiendo la columnata cruzaron por un pórtico lateral que no daba al patio, sino a los jardines

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