Vinicio respiró. Lo que le había parecido más terrible ya no era de temer. —Así pues —dijo, sentándose en un banco y apretando los puños—, la ha raptado Aulo. En ese caso, ¡pobre de él! —Aulo Plaucio estuvo aquí esta mañana. No pudo encontrarme, ya que estaba ocupada con la niña; pero preguntó por Ligia a Epafrodito y a otros sirvientes del César, y luego les dijo que volvería para verme. —Quiso alejar de sí las sospechas. Si no hubiera sabido lo que le había sucedido a Ligia habría ido a buscarla a mi casa. —Dejó escritas unas cuantas palabras en una tablilla. Por ella verás que al haber sido sacada de su casa, a petición tuya y de Petronio, por el César, esperaba que te hubiera sido enviada, y esta mañana estuvo en tu casa, donde le dijeron lo que había sucedido. Y habiendo dicho es

