A Petronio le contrariaba visiblemente el tener que confesarse a sí mismo que, con toda su inteligencia, no tenía respuesta alguna que dar a esta pregunta. Y no queriendo reconocerlo, dijo, por contestar algo: —Es una secta nueva. Y, un momento después, agregó: —¡Por la divina moradora de los bosquecillos de Pafos, cómo acaba con la vida todo esto! Tú admiras la bondad y la virtud de esas gentes; mas yo te digo que son malos, porque son enemigos de la vida, al igual de las enfermedades y la muerte. Bastantes enemigos tenemos ya; no necesitamos, pues, que vengan a juntarse a ellos los cristianos. Ponte a contarlos: las enfermedades, el César, Tigelino, la poesía cesárea, zapateros remendones que gobiernan sobre los descendientes de los antiguos quirites, libertos que ocupan un asiento en

