—Todo eso está bien, filósofo, pero en una cosa has errado; los dioses hicieron de ti un vulgar bribón y tú has llegado a convertirte en un demonio. Ésa es la razón por la que no te sostendrás mucho tiempo. El viejo le miró con sus ojos enrojecidos y en esta ocasión no halló un insulto adecuado con que replicar a Petronio. Así pues, guardó silencio por un momento y luego dijo con cierto esfuerzo: —Aguantaré. Entretanto, las trompetas anunciaron que el intermedio había concluido. Los espectadores empezaron a abandonar los pasillos, adonde habían ido a conversar y pasearse. Se sucedió un movimiento general acompañado de las disputas usuales de los ocupantes anteriores de asientos que ahora encontraban en poder de otros. Los senadores y patricios volvieron a sus sitios y, al cabo de algun

