Su rostro reflejaba una expresión que casi parecía de decepción. Me sentí mal por haberlo decepcionado, aunque yo nunca le había pedido que me diera de comer. —Estaba buscando el pastel —le confesé—. El de chocolate de hace unos días. Puede que haya sido lo mejor que he probado en mi vida. La comprensión se reflejó en su rostro. —Le pedí a Rocco que viniera a recoger el resto para Del. Ella fue quien lo pidió; se enteró de que por fin había empezado a hornear y esperaba que el chocolate convenciera a su bebé de nacer—. No pude contenerme; fruncí el ceño. La idea de que él le hiciera un pastel a Del me dolía muchísimo más de lo que yo quería. —Está bien, de todas formas no necesito esas calorías —dije, girándome hacia las escaleras. Zed permaneció en silencio en la cocina, aunque sent

