POV THEO
Sicilia sigue llorando, aparta mis manos de su vientre y se envuelve en la bata.
- Vete – insiste
- No puedo creerlo – me acerco a ella, tomándola de los hombros y sonriendo como un imbécil – Seré padre, mi amor… gracias – la tomo de nuevo entre mis brazos, beso su coronilla y luego la pego a mi cuerpo – Podemos empezar de nuevo, te atesoraré como te lo mereces – suelta un sollozo y me corresponde el abrazo – Está bien, podemos con esto. Seremos una hermosa familia, haré que olvides mis estupideces – prometo
- Cuando dijiste que podía hacerte daño… - se separa lentamente de mi y levanta su rostro para poder verme a los ojos - ¿Qué tanto daño crees soportar? – sus lagrimas ya no corren por su rostro, pero las mantiene en sus ojos.
- Por ti y este bebé; el que sea – declaro, mientras tomo un mechón de su cabello y lo coloco detrás de su oreja.
- No lo harás – se aparta rompiendo nuestro contacto.
- Escucha, ahora seremos tres; podemos darle una familia unida a nuestro bebé… mi amor, por favor – ruego.
- No, no lo haré – ahora si estoy frustrado por completo
- ¿Por qué insistes en separarme de mi bebé? – la enfrento
- Tengo poco más de tres meses de embarazo – suelta - ¿Eso que te dice?
- Que crece maravillosamente bien – respondo – Mira tu vientre, es hermoso. Tu eres hermosa – otra lagrima se le escapa de los ojos.
- Hace más de cuatro meses que no me tocas – suelta y mi sonrisa se desvanece poco a poco al entender lo que está insinuando.
- No… mientes – ahora soy yo quien retrocede un paso, lejos de ella – Lo dices únicamente para lastimarme, pero no va a funcionar – el pánico cierra mi garganta.
- Sabes que no tengo motivo para decirte una mentira de este tamaño.
- ¡Lo haces únicamente para alejarme de ustedes! – insisto – No te creo.
- ¡Es la verdad! Mi bebé no es tu hijo – afirma
- No te creo – me acerco repentinamente, tomándola de los hombros fuertemente – No hagas esto, si no es mi hijo ¿De quien es? – la interrogo mientras sacudo su pequeño cuerpo
- Eso no es importante…
- ¡Dices que el bebé que llevas en el vientre no es mío! ¡Claro que es importante, voy a matar al idiota! – la puerta se abre abruptamente y la sangre se me llena de fuego al verlo parado allí.
- Theo… - su voz denota sorpresa y algo de temor.
- ¡Tú! – suelto a Sicilia y me abalanzo sobre él
- ¡No, espera! – Sicilia intenta detenerme, pero no hay poder humano que lo logre. Le asesto un puñetazo tan fuerte que lo derribo.
- ¡Theo, detente! – Cole intenta intervenir, pero le doy una patada en el pecho que lo regresa al pasillo dando tumbos, hasta caer al suelo.
- Estás muerto – digo a Anthon mientras le asesto tantas patadas como puedo a sus costillas; cuando eso no es suficiente, me inclino; tomándolo del cuello de su fino saco y empiezo a repartirle puñetazos por toda la cara. La sangre empieza a manchar el suelo mientras mis nudillos se destrozan contra su rostro, pero no quiero soltarlo… quiero matarlo por haberla tocado con sus asquerosas garras.
- ¡Lo matarás! – la voz de Artemis me llega como si ella estuviera a metros de distancia; pero no me detendré, no lo haré por nada del mundo - ¡Basta! – en cuanto sus manos tocan mi brazo, la empujo y su pequeño cuerpo se estampa contra la pared llevándose una mesa en el camino. Me detengo al ver a Artemis tirada en el piso mientras un hilo de sangre corre por su frente.
- ¡ARTEMIS! – El grito de Cole me devuelve los sentidos, miro mis manos llenas de sangre y los pequeños jadeos de Anthon mientras la sangre le cubre el rostro. Los sollozos de Sicilia a mi espalda y la voz de Cole pidiéndole a Arte que despierte. Me levanto, tembloroso y mareado… he perdido el control por completo… ¿En que momento hice esto? – Arte, por favor… - Cole tiene en sus brazos a mi amiga, intentando que abra los ojos.
- Anthon… - Sicilia corre y levanta el rostro de su ex prometido con clara preocupación en su rostro.
- Es… estoy bien – habla él débilmente. Escucho unos pasos acelerados en el pasillo y los hombres de Cole entran en el departamento, viendo el desastre.
- Al hospital – dice mientras levanta a Arte del suelo y se la entrega a uno de ellos – Más que tu vida – le dice – Ella vale más que tu vida.
- Más que mi vida – responde èste, tomando el cuerpo inconsciente de mi amiga y saliendo apresurado por la puerta.
- Y llévenselo a él también - dice señalando a Anthon.
- Esperen… - Anthon se sienta con dificultad – Era mía antes de que pusieras tus garras sobre ella – me dice; le dedico una mirada asesina – No te hagas el sorprendido ahora, soy el único al que ella ama.
- ¡Basta! – lo corta Sicilia
- Escúchala – aconsejo – Si dices una palabra más, esta vez sí te voy a matar.
- Llévenlo al hospital, por favor – Pide Sicilia y los hombres de Cole; se lo llevan.
- Nos vamos – Cole se para frente a mi
- No – me niego. Miro directamente a Sicilia.
- ¿Y que harás? ¿También la golpearás?
- A diferencia de ella; yo sí quiero explicaciones – suelto viéndola directamente – Dime… - evado a Cole quien me sigue de cerca - ¿Cómo exactamente te embarazaste de ese asqueroso cobarde? Dímelo, Nopalito – el tono de voz que sale de mi garganta, me recuerda al que utiliza mi padre cuando está furioso. Ella se queda allí… en silencio – Dices que tienes poco más de tres meses; eso significa que abriste tus piernas en la cama de ese cobarde cuando aún estabas conmigo – ella no lo niega – Ahora… me pregunto ¿Fue cuando estaba de viaje?
- Algo así…
- ¿Algo así? – mi voz gélida y calmada me sorprende incluso a mi – Entonces, te largaste haciéndote la digna mientras me dejabas pensar que era mi culpa, cuando tu te rebajabas a ser la amante del esposo de tu hermana – me acerco más - ¿Ya sabías del bastardo en tu vientre cuando me dejaste?
- ¡No lo llames de esa manera! – me exige
- Lo llamaré como a mi se me pegue la gana – respondo – Ahora… ¿Lo sabias?
- ¡No! Me enteré hace un mes – responde, me mira directamente – Pero eso es algo que ahora no te concierne en absoluto. Terminamos con este compromiso absurdo.
- ¿Absurdo? – suelto una risita molesta – Claro… sacaste todo lo que querías de mi… humillaste a tu hermana, le quitaste el poder a tu padre y ahora… les he dado todo el dinero que tu y tu madre necesitan para vivir tranquilamente el resto de sus días - la miro con rabia y desprecio – Y de paso… te coges al marido de tu hermana, el cobarde que no fue capaz de luchar por ti – me sostiene la mirada mientras hablo, como si no le importara en absoluto – Aunque… ahora que lo pienso, puede ser que sea más listo que yo; puede que él haya visto tu verdadero valor y por eso te dejó por un par de billetes – me golpea el rostro por tercera vez desde que entre a este lugar, pero lo único que logra es subir mi desprecio… ni siquiera puedo sentir el ardor del golpe.
- Theo… es suficiente; vámonos – Cole coloca una mano en mi hombro.
- Te di todo lo que quisiste… - me acero y acaricio su mejilla con el dorso de mi mano, manchándola de sangre; tanto de Anthon como mía – Me has conocido por las buenas – deslizo mi mano por su piel suave, esparciendo el líquido rojo – Ahora, voy a tomar todo de vuelta… todo ¿Entiendes?
- Haz lo que se te pegue la gana – me reta – No me importa.
- Me alegro, porque a mí tampoco – retrocedo, dándole un ultimo vistazo a su rostro – Espero que hayas disfrutado abrir las piernas para él, porque el precio que vas a pagar… será alto – y tras decir eso, salgo del departamento con Cole siguiéndome los pasos. Subimos al auto que nos espera afuera en total silencio. El temblor de mis manos aun no desaparece; supongo que es mejor de esta manera, es mejor estar enojado a estar triste. El enojo… hace que todo sea mucho más fácil.
- Mierda… - susurra Cole mientras ve su teléfono - ¿Sì? – responde la llamada – Lo sé, pero fue un accidente y… - se queda callado, puedo escuchar los gritos a través del celular – Está bien, pero prométeme que te calmarás primero. ¿Hola? – al parecer ha cortado la llamada, Cole me mira con clara preocupación – Kaleb… quiere verte – me avisa. Suspiro, seguramente debe estar furioso. Suelto una risotada - ¿Te has vuelto loco? – pregunta Cole
- Probablemente – respondo
- Cuando lleguemos, te disculparás de inmediato y si tenemos suerte, talvez ella ya haya despertado.
- No importa – suelto y veo pasar los edificios por la ventana del auto.
- A Kaleb sí le importa… ¡carajo! ¿Cómo se descontroló todo? – se pregunta. Sé que estoy en problemas, pero la verdad; si Kaleb quiere asesinarme, me haría un favor.