Sophie caminó tomada de la mano de Giancarlo, ellos iban acompañados de sus hijos. En el sitio donde un día estuvo la casa de aquel pobre desgraciado que suplicaba por su hermana y su madre, ahora se levantaba un mausoleo hecho con mucho amor. — Hola mamá, hola hermana — Giancarlo saludó con tristeza — estamos aquí para presentarles apropiadamente a los niños. — Hola mamá, hola hermana — Sophie saludó con la misma tristeza que Giancarlo — hola suegra, hola cuñada. Nuestros hijos ya están grandes, disculpen por tardar tanto en venir. Los niños vieron las urnas de las cenizas y les dieron un beso por un acto que nació de ellos, los tres pequeños tenían rasgos de Sophie y de Giancarlo. Se les veía felices y bien cuidados por sus padres. — Es increíble todo lo que ha pasado en estos años,
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