AURA Camino con un aire seductor que me hace sentir poderosa por toda la habitación. Mis tacones de aguja se hunden con cada paso en la alfombra negra que decora nuestro santuario privado. Un conjunto de lencería de encaje mínimo, de un rojo sangre pecaminosamente sexy, cubre mi cuerpo, dejando muy poco a la imaginación. Sergei eleva la vista y sus ojos se abren de par en par en cuanto me ve. Tomo aire, llenando mis pulmones con dificultad mientras intento calmar los latidos furiosos de mi corazón, que parece querer escaparse de mi pecho. Mi esposo se acomoda entre las sábanas de seda y veo cómo sus ojos oscuros destellan un hambre tan animal que hace que se me erice hasta el último vello de la piel. Traga con fuerza, su nuez de Adán moviéndose con pesadez, cuando sus ojos se posan duran

