SERGEI Me echo agua en el rostro, dejando que el frío del líquido apague un poco el fuego que me está quemando el cuerpo. La sangre de mis venas ha sido reemplazada por lava y un deseo ardiente se ha instalado en mi pecho, irradiando hacia cada músculo de mi espalda. Trago con fuerza buscando humedecer mi garganta, que se siente seca como si hubiera pasado días en un desierto, pero es imposible porque lo único que puede calmar esta sensación es la mujer que está allá afuera, vestida con un vestido de novia de encaje y tul que me tiene con la polla dura como una barra de metal desde que la vi caminar hacia mí en el altar. Aura es una mujer preciosa. Ese cabello rubio como hebras de oro y esos ojos azules profundos, cargados con un dolor que me dan ganas de destrozar al mundo, me tienen co

