AURA Me remuevo en la silla incómoda, sintiendo cómo las náuseas y los temblores de mi cuerpo comienzan a dispararme el pulso de forma errática. La piel se me eriza bajo el fino encaje del vestido y tengo que respirar hondo, expandiendo mis pulmones con esfuerzo, para no expulsar la poca comida que he ingerido en toda la cena. Esa sensación de ser observada, de tener una mirada rapaz clavada en mi nuca, no se me quita; cuando elevo la vista, me paralizo al darme cuenta de que Ennio ya no está en la mesa donde debería estar. El espacio vacío que ha dejado se siente como una amenaza silenciosa. Mis ojos comienzan a buscar frenéticamente a mi hija por todo el salón decorado con opulencia, pero ella tampoco está. Nyara fue al baño hace unos minutos, pero yo decidí quedarme sentada, atrapada

