Cada mañana al despertar él siempre me estaba mirando con una sonrisa, puede que por un segundo me haya asustado la primera vez; pero, al final terminé por sonreír de vuelta. Lo primero que le pregunté fue bastante simple e hice aquella pregunta cada mañana al despertar. Empiezo a sentir que se ha vuelto parte de nosotros y si dejamos de hacerlo me sentiré vacía. Me siento absurda cuando pienso en cómo sería despertar y no encontrarlo a mi lado, él ya es parte de mi día a día. Alexander, me gustaba ese nombre, los otros que puso en aquella hoja no los recordaba y el apellido menos. —¿Qué vamos a hacer hoy? —pregunté con mi voz adormilada apenas abrí mis ojos. —Nos he conseguido un par de bicicletas —respondió. —Necesitamos hacer las compras y… —No sé montar bicicleta —dije y bostecé poc

