Sander
Desperté, no quise moverme, ni abrir los ojos, nada, solo me quedé quieto, pensé en lo que había pasado ayer, después de eso volvimos al hotel, antes de dormir guardé las flores en mi maleta, luego solo nos acostamos a dormir porque estábamos verdaderamente exhaustos, ahora había despertado, era sábado por lo que teníamos todo el día para pasear y conocer, seria genial, hasta el momento Diego se estaba ganando mi confianza, él era atento y se preocupaba.
El tipo no era tan desagradable después de todo, además disfrutaba follar con él, desde hacía mucho no follaba, pero eso no significaba que había perdido el sentido y no reconociera cuando una follada era buena, Diego me hacía llegar a las nubes, su polla era espléndida.
Después de mi pequeña reflexión me levanté con cuidado porque todavía me dolía un poco la cadera y fui a lavar mis dientes, me lavé la cara y luego me metí a la ducha, estuve un rato bajo el agua cuando sentí que alguien entraba al baño, no demoró tanto cuando ya estaba colocándome contra la pared.
—Creo que me debes unos buenos días— dijo tomándome por los muslos para que me enganchará en su cintura.
—Si quieres puedes cobrármelos y con intereses— me ofrecí.
—Entonces tomaré la oferta— dijo besando mi cuello, luego sentí como empezaba a adentrarse en mí.
Jadié por la intromisión, empezó lentamente para terminar follandome desesperadamente.
—Hay que disfrutar el último día en Noruega— habló mientras tomaba mi polla para empezar a darme jaladas al mismo ritmo de sus embestidas.
—Si— respondí ido, sentía que en cualquier momento iba a llegar.
Siguió follandome, mis manos se aferraban en su cabello, estaba agotado.
—Estoy por llegar— avisé apretando mis uñas en su espalda.
—Puedes correrte, hazlo, estoy esperando a sentir como te aprietas en mí, hazlo— pidió.
No tuvo que esperar mucho porque me corrí al instante y en efecto mi cuerpo se contrajo logrando una impresionante corrida, manchó nuestros abdómenes.
Después de eso él se corrió sosteniéndose de la pared, nuestros cuerpos estaban jadeando, transpirados y cansados.
Él me bajó de su cuerpo y luego sacó el condón, que ni siquiera había notado cuando me había follado, volvió a la ducha y dejamos que el agua nos limpiara, después de la ducha intensa nos vestimos y salimos a del hotel para poder conocer algunos lugares.
Vestimos ropas abrigadoras porque en la ciudad hacía frío, fuimos primeramente a un hermoso parque, era tan lindo, árboles grandes, césped, bancas, parejas paseando, niños jugando, caminamos por los pasillos recorriendo cada centímetro, encontramos un puesto donde vendían café caliente y galletas recién hechas con chipas de colores, compramos dos tazas de café más una docena de galletas, nos sentamos en una banca.
—¿Que te está pareciendo Noruega? — preguntó antes de echarla una galleta a su boca.
—Excelente es hermoso, me gusta— dije sonriendo.
—Es linda— comentó, lo miré— tu sonrisa— apunto mis labios— sonríe más a menudo, casi nunca te veo sonreír.
—Es porque no hay motivo, pero trataré— prometí.
—Después de esto iremos a una tienda a comprar ropa, también podemos ir a una de souvenirs para que le lleves recuerdos a tus amigos— dijo mientras tomaba café.
—Seria genial— exclamé emocionado.
Después de terminar nuestro café con las ricas galletas caminamos a la tienda de souvenirs más cercana, la tienda era pequeña, acogedora y pintoresca, habían figuritas desde las más pequeñas a las más grandes, no podía decidirme, eran todas hermosas, también había ropa, que decían frases como "I love Norway" "go back to Norway" "you were happy in Norway" y otras cosas más, no sabía que llevarles a los chicos al final decidí llevarles a Joshua y Martín llaveros donde aparecían dos enanitos hombres a cada lado de la bandera de Noruega a John le compré una polera que decía "I love Norway" yo compré un polerón de lana que decía "you were happy in Norway" con un corazón, Diego compró un igual pero de diferente color.
Luego salimos de la tienda y caminamos a un centro comercial, al entrar los guardias nos sellaron las bolsas y nos dejaron continuar, primero observamos el primer piso, donde había algunas tiendas de diferentes tipos, como maquillaje, lencería, plantas y otras cosas en el segundo piso había tiendas de alta gama como Zara, Champion, Lascoste, Chanel, Prada, Fendi, Gucci, Marc Jacobs y otras.
Primero recorrimos Chanel, había ropa tan formal y extremadamente cara, no podía costear ropa como esa, pero solo me dediqué a acompañarlo y mirar, en su mayoría eran topas abrigadas, como abrigos, chaquetas, polerones, bufandas, guantes y otras.
Él compró un traje de pantalón, chaqueta, camisa, corbata, hasta venía incluido un perfume, no sabía cuál, de todos, solo sabía que era azul, yo no tenía ese tipo de conocimientos, con suerte podía pagar la universidad y mi piso, él pagó, salimos de la tienda para caminar a otra, entramos a la tienda que estaba al lado, Zara.
—Me verás compra muchos trajes, gajes del oficio— comentó mientras miraba una billetera color negra con blanco.
—Lo eh visto.
—Si, muy pocas veces visto informal, pero cuando lo hago lo disfruto al máximo— dijo mientras tomo una bufanda y la envolvió en mi cuello, la bufanda no era fea, era de color negra con franjas rojas, tan larga que si no la hubiera enrollado en mi cuello tocaría el brillante suelo de la tienda.
—Es linda, abrigadora y muy grande— dije alzando las cejas— pero no me gustan las bufandas— dije doblándola después de haberla despojado de mi cuello.
—Si te la regaló, tendrás que usarla— dijo tomándola, al igual que la billetera, lo seguí ¿Que pretendía?
Luego me di cuenta de que iba a pagar los productos, lo detuve antes de que llegara a la caja, me pare al frente de él colocando mis manos al frente de su pecho en signo de que se detuviera.
—No, no, no, no vas a comprarme esa bufanda, te dije, no me gustan, además, es tan ridículamente cara que no podría pagarla hasta más de cinco meses de trabajo— hablé un poco molesto.
—La compraré para ti, estamos en Noruega, hace frío y no trajiste una, tu cuello está desnudo además puedes tomarlo como una recompensa por acompañarme hasta aquí cuando podías haberte quedado en Las vegas, estudiando trato de hacerme cambiar de opinión.
—No, lo hice porque quise no por que quisiera una recompensa o algo parecido, no me la compraras— dije firme, pero no me tomó atención, luego estábamos saliendo de la tienda con la billetera y la bufanda, él la sacó de la elegante bolsa, le sacó la etiqueta para enrollar la en mi cuello.
—Te vez lindo— dijo sonriendo— solo quédatela hasta que volvamos a Las Vegas, allá hará calor dijo para que no estuviera conforme.
—Eso me parece más razonable, te la devolveré al llegar— dije sonriendo.
—Si, ahora vamos a entrar a... Champion— dijo cuando pudo decidirse.
—Pero esa es una marca de ropa deportiva ¿no? — pregunté un poco extrañado, él dijo que iba a comprar en su mayoría trajes.
—Si, solo creo que estaré por unas semanas en Las Vegas y necesito ropa casual y a la vez deportiva— dijo abriendo la puerta de la tienda para mí por lo que no tiene más opción que entrar.
Eso era genial, significaba que probablemente él tendría este tipo de relación por unas semanas más, eso era perfecto para mí porque debía cumplir la apuesta, no quería trabajar en el mismo turno que el imbécil de Alexander, me bastaba con a veces cruzar miradas desde lejos en la universidad.
No había tantas personas, la tienda estaba en silencio excepto por la tenue música de fondo, tenía razón compro mucha.
Compro Joggers, Jerseys, sudaderas, dos pares de zapatillas, luego pagó, le ayudé con algunas bolsas porque ya no le caían todas, este hombre definitivamente le gustaba ir de compras.
Salimos de la tienda y fuimos al tercer piso, donde estaba el patio de comida, fuimos a una cafetería.
—Hola, ¿qué quieren pedir? — preguntó una chica.
—Hola, yo quiero un chocolate caliente con malvaviscos— pedí sonriendo.
—Quiero lo mismo— dijo Diego, ella anotó y luego se retiró.
Esperamos a que la chica nos trajera los chocolates calientes y luego los tomamos mientras sonreímos, el apuntó mi nariz.
—Tu nariz está roja— acusó, tape mi nariz ofendido.
—La tuya igual apunté defendiéndome— él se burló.
Nunca pensé que sería este tipo de cosas con alguien y menos con la persona que me caía tan mal al principio.
וווווווו×
—Esto, esto, esto y esto es tuyo, la bufanda obviamente te la quedarás, de todos modos, hará frío en algún momento, te abrigadas con ella y te la quedarás si o si por que al menos me recordaras cuando tenga que volver— dijo Diego separando algunas ropas que habíamos comprado en el centro comercial para dejarlas en mi clóset.
—Te dije que no, si vendiera todo eso podría pagar un año de universidad— dije negándole a aceptar las ropas— llevarlas o hacerlas a alguien más, son muy caras y no las merezco— me excuse para que se las llevara.
—Martín te debes asegurar de que se las quede y las use— dijo Diego mirando en dirección al aludido.
—Claro como el agua— dijo mostrándole el pulgar, que traición.
—Oye no se supone que eres Mi amigo— lo recriminé con la mirada.
—Lo siento él también es mi amigo— dijo el traicionero.
—Lo vez, te las quedarás— dijo tomando las bolsas en las que estaba la ropa que se quedaría él.
—Encuentro muy estúpido que estés gastando tu dinero en mi— dije con el ceño fruncido— ni siquiera somos algo, esto me está haciendo sentir como si me pagaras por favores sexuales.
—Excepto que no es así, solo te compro ropa de marca por que se me antoja, es mi plata y hago lo que quiera con ella, por algo trabajo— dijo cercándose a mi— además te acuerdas de que hablamos sobre que podíamos darnos presentes y cosas, bueno, tómalo como uno de esos presentes— dijo tocando mi mejilla— no te enojes— dijo masajeando la arruga de molestia en mi entrecejo— ahora me detengo que ir pero podemos vernos mañana— dijo caminando a la puerta del cuarto.
—Lo voy a pensar— dije todavía molesto, por algo trabajaba y estudiaba, si quería algo me lo compraría con mi plata y esfuerzo no necesitaba el de alguien más.
Diego salió y yo me tiré en mi cama de brazos cruzados.
—Sander deberías mirarlo por el lado bueno, es como tu Sugar Daddy millonario que complace tus gustos y te cuida— dijo Martín acostándose a mi lado.
—Es eso, yo no los pedí, incluso si lo hubiese pedido él no debía comprarlos— dije volviéndome para no mirarlo— se supone que ere mi amigo deberías estar de mi lado.
—Y lo estoy, solo te digo que lo aproveches, cuando seas más adulto te arrepentirás y pensarás debería haber aprovechado, ahora nadie me compra cosas lindas ni se preocupa por mi— habló haciendo voz triste que ni por más autotún que le pusieran se parecería a mi voz.
—Tienes razón, pero aun así me niego a usar esa ropa— me negué.
—Está bien has lo que quieras, ahora cuéntame que hicieron— dijo moviendo las cejas de arriba a abajo.
—Lo que paso en Noruega fue...— me quede pensando en una palabra que lo describiera, pero no había, eran muchas sensaciones para solo llamarlas con una sola palabra— te lo resumiré en, sexo, parques, chocolate caliente, frío y flores— dije sonriendo.
—Rayos, parecen más como una pareja enamorada que una apuesta— lo miré asustado, me senté en la cama al instante— no es por asustarte, pero recuerda que es solo una apuesta.
—Lo sé, no estoy enamorado o algo parecido, solo la pasamos bien en la cama y ya— dije levantándose para ir al baño, hacia calor, después de una ducha helada me pondría a copiar los apuntes de las clases a las cuales había faltado el viernes.
—Qué bueno que lo tengas presente— escuche que dijo ante de que entrara al baño.