Respiro hondo por la nariz. Una, dos, tres veces.
- ¿Si sabes que el payaso no puede hacerte daño desde la pantalla, verdad? - me pregunta Adam, entornando los ojos en la oscuridad para encontrar los míos en la penumbra.
Pongo los ojos en blanco, porque es obvio que sé que el estúpido payaso no puede atravesar mágicamente la pantalla del televisor y aplastar mi cráneo con el enorme mazo que lleva sobre el hombro, pero en ningún momento dejo de temblar. Me protejo contra el costado de Adam y noto el calor que desprende su cuerpo contra mi mejilla, también noto que su cuerpo vibra casi imperceptiblemente bajo mi peso . . . el hijo de perra se está riendo de mi. Intento apartarme de su cuerpo todo lo que mis brazos agarrotados me lo permiten, que no es mucho, pero en cuanto lo hago siento cómo se tensan mis músculos, provocando una serie de pequeños temblores en lugares en los que no sabía que podía sentir algo así. Mi cuerpo pesa demasiado, pesa tanto que podría hundirme en el sofá hasta el suelo e incluso hasta alguna capa terrestre, la idea de dormir sobre el costado de Adam me pareció muy atractiva hace media hora, pero incluso antes de que mi trasero tocara el mullido sofá el tío James sugirió que tener una noche de películas sería buena idea, y el Regreso del Payaso Asesino ganó por mayoría de votos. El problema es que no puedo cerrar los ojos y sentirme segura sabiendo que un estúpido payaso podría entrar en mi casa a media noche y asesinar a toda mi familia, incluido Adam.
- No sé a qué te refieres - respondo entre dientes.
Como no aparto los ojos de la pantalla del televisor no puedo ver el gesto que hace Will, pero si puedo escuchar el gruñido que profiere desde lo más hondo de su pecho cuando dejo caer la cabeza en el pecho de Adam. Creo que, sino estuviera tan aterrada por el estúpido payaso que persigue a la estúpida protagonista que decidió estúpidamente ir al sanitario sola, me hubiera reído en su cara.
- Adam - Lo llama Will, y hace un gesto con la cabeza hacia la cocina añadiendo: - ¿No crees que deberías ir a ver cómo están esas pizzas?
- No, la verdad no creo - responde el rubio desinteresado.
- Pero . . .
- Chist, esta parte es buena.
Siento como Will se remueve en el sofá y cruza los brazos sobre el pecho con un puchero. Me llama la atención un temblor en las comisuras de los labios de Adam, apenas un tenue movimiento que veo por el rabillo del ojo, el amago de una sonrisa. Por mi parte, no me puedo dar el lujo de relajarme, después de encontrar a Jasper en un disfraz de payaso y de descubrir que me aterran a los amigos de mi hermano se les ocurrió proponer una noche de películas mientras Piper cocina para nosotros, que en cuanto notó que no podría obtener respuestas de mi parte acerca de cómo pasó todo el castigo junto a Liam hasta que tuviera algo en el estómago, se ofreció a cocinarle a todo el mundo.
- Pss, Riley - me dice Piper.
Cierro los ojos de inmediato, y me quedo muy quieta.
- Riley.
Obligo a respiración a volverse acompasada.
- Creo que se quedó dormida - le sisea Will a Piper, justo cuando siento su dedo clavarse en mis costillas.
Adam le aparta la mano de un manotazo y me acurruca entre sus brazos como si no supiera que finjo, luego apoya su mejilla en mi coronilla. Sé que debería hablar con ella, ser directa, pero no estoy acostumbrada a lidiar con una amiga enamorada de un idiota. Además de que no tengo energía suficiente para contarle de cabo a rabo, como estoy segura de que me exigirá, sobre las cuatro horas que estuve limpiando el gimnasio junto a Liam, me considero una parte neutral en lo que respecta a Piper. Soy Suiza. Soy un país neutral. Mi plan es no tomar partido por nadie, aunque Liam no sea santo de mi devoción, con la esperanza de mantenerme al margen del problema.
En algún momento entre mis cavilaciones me quedo dormida, tan de repente que, sino recordará cual fue mi ultimo pensamiento antes de hacerlo, no me habría dado cuenta que Liam Miller no sale de mi cabeza.
***
Aparto los deberes con brazos temblorosos. Estoy exhausta. No puedo creer que le permita a estas personas meter tanta información innecesaria en mi cerebro. Si tanta gente no estuviera involucrada en esto creería que la educación es una clase de mentira del gobierno, un plan conspirativo para esclavizarnos lentamente, porque así es como jodidamente me siento. Esclava del sistema.
Suspiro a la par que tecleo furiosamente en el ordenador. Llevo horas sentada en la isla de la cocina intentado terminar un ensayo que no tiene ni pies ni cabeza para mi. Mi progenitor hace un inconforme sonido con la boca. Levanto los ojos de mi obra de arte para verlo, tiene el cabello rubio bien peinado y una arruga provocada por tanto fruncir el ceño en medio de las cejas, y mi pecho se oprime cuando noto que ha envejecido en los últimos años. No puedo decir que la convivencia con él sea difícil, se ha comportado como un padre ejemplar - a veces creo que aún piensa que tengo ocho años, pero no puedo decir que no lo intenta -, lo noto cada vez que guarda para mi el ultimo pedazo de pizza o cuando cree que estoy dormida y revisa que todo esté en orden en mi habitación, realmente lo hace. Considerando que Adam y Will acaparan toda mi atención , que los deberes se acumulan en mi escritorio hasta asfixiarme y que ahora tengo que protagonizar una obra de teatro, mi tiempo es limitado; probablemente baste para él las tardes de comida rápida y reality's shows frente al televisor.
- ¿Qué pasa? - pregunto a su gesto.
- Creí que podíamos ir a dar una vuelta.
Una amplia sonrisa le tira de los labios, aunque intenta ocultarla lo hace demasiado tarde, lo veo. Y también veo a Will, esperando de pie con los brazos cruzados sobre el pecho hinchado, solo lleva unas zapatillas deportivas y unos shorts negros, y lleva alrededor de diez minutos haciendo un sonido con sus zapatillas, un golpeteo hueco y rítmico contra la madera del suelo que poco a poco está comenzando a desquiciarme.
- ¿Podrías dejar de hacer eso? - le gruño, y alza las cejas muy indignado.
- ¿Disculpa?¿Te estoy molestando?
Está molesto.
Pongo los ojos en blanco - ¿Ahora que mosquito te hizo enojar?
Como respuesta recibo el mismo sonido que hizo papá hace un momento, aunque Will usa un poco más de hostilidad. Me encojo de hombros, cosa que parece molestarlo aún más, los músculos de sus brazos se tensan y la cara comienza a ponerse tan roja como un tomate. Sé cual es la razón de su molestia, como casi siempre, pero es la cosa más estúpida e ilógica del mundo que no estoy dispuesta a siquiera escuchar sus razones: Adam Maddox solo es el mejor amigo de mi hermano, por consiguiente, esta terminantemente prohibido para mi.
Pero Adam es ardiente. Y no le puedo quitar los ojos de encima.
- Primero vamos a esperar a que Riley termine sus deberes - le dice papá a Will. Luego añade :- Amárrate las bolas donde van y deja a la niña en paz.
Sonrío con suficiencia - ¿Oíste eso? Amárrate las bolas donde van, Will.
- No necesito amarrarme nada, las tengo bien puestas - se jacta, como si fuera algo de lo que estar orgulloso.
No nos molestamos en replicar nada.
- ¿Qué hay de Adam? - pregunto, notando la punzante soledad del asiento trasero.
- Su hermana tiene un recital de ballet - responde papá, y acelera por la calle principal de Palm View.
- No sabía que Lucy practicará ballet, deberíamos ir a verla un día de estos - opino.
Will me examina durante toda la conversación, alerta a cualquier movimiento o gesto que significara algo más de la cuenta, que pesado puede llegar a ser. Me dejo caer en el asiento con la mejilla contra el asiento de papá, aún me duelen los brazos de fregar pisos y cargar baldes de agua la tarde anterior, por lo que dejo que caigan inertes a mis costados. Me ato las cintas de las zapatillas con fuerza innecesaria, guiada por la furia, y obligo a mi mente a vagar por cualquier otra cosa para no agarrar a zapes a mi hermano en este instante.
Tengo siete llamadas perdidas de Piper, algunos mensajes de texto que contesté durante mi hora de deberes con respuestas ambiguas, y la necesidad de quitármela de encima crece en mi interior. ¿Qué hay de especial en ese tipo? Es decir, Liam es tan guapo como Félix, y existen millones de razones por las que Liam no es el mejor prospecto a novio. Entonces, ¿qué es lo que mira Piper?¿qué hay de especial en él?Piper nos envió una foto de él hace unos días. Lleva el uniforme de fútbol americano, el cabello alborotado y la frente perlada de sudor, pero lo que hace tan especial la foto para Piper es qué hay una chica charlando con él, una porrista para ser específicos, y ambos sonríen. Mientras escuchaba las teorías de Piper sobre que habría entre ellos dos, teniendo en cuenta que realizó una investigación antes de llamarme, mi mente solo procesaba a Liam.
"¿Qué de hay de especial en ti?'' Pensé esa tarde, y esa pregunta hizo que me dejara las uñas hasta la raíz. "¿Por qué ella tenía que obsesionarse específicamente contigo?" Continuo, mirando las manos sobre mi regazo como si fueran las manos de otra persona.
¿De qué no me quiero dar cuenta?
Salto del Jeep en cuanto se detiene, asfixiada por mis propios pensamientos, mucho antes de llegar a una conclusión. Me prometo a mi misma no volver a hacer algo así, no es mi problema; Piper es la que se está metiendo de cabeza, no yo. Y no se me tiene que olvidar.
- El último en llegar al muelle paga la cena - nos dice papá, estirando sus músculos.
Lo imitamos con una sonrisa de suficiencia pegada en los labios.
- Prepara tu billetera, anciano - Will se encorva, simula caminar con andadera y tener dolor de espalda -, porque vas a perder.
Lo último lo dice con voz de viejito. Me rio con fuerza mientras me acomodo la manga, donde pongo mi móvil para escuchar música, y veo a mi alrededor por primera vez. Resulta que escogimos un buen día para correr, el aire fresco me acaricia las mejillas y está nublado, apenas hay charcos de luz que ilumina el lugar; doy un par de saltitos sobre las puntas de mis pies y clavo la mirada en la meta, la rueda de la fortuna. Desde mi lugar parece pequeña, como de juguete, pero las pocas veces que he ido con los chicos no he tenido las agallas de montarme en ella gracias a su monstruoso tamaño. Me estiro con ganas. Pequeños pinchazos de dolor me recorren la espalda y los brazos cuando lo hago, cosa que me recuerda a Liam y su fallido intento de querer ayudarme con las cosas pesadas, a lo que, orgullosamente, le dije que se fuera al infierno. Sonrío ante el recuerdo.
- Tenemos que hacer esto rápido - les digo a mis acompañantes, ninguno deja de moverse mientras hablo.
Will se ríe.
- No se puede hacer en 15 minutos, Rose.
- Entonces puede que no las traigas bien puestas, Alexander - replico, y me vuelvo antes de que pueda hacer lo mismo.
Nuestro padre no dice nada. Esperamos pacientemente la señal de que podemos comenzar, y esa señal es la primera vuelta de la rueda de la fortuna del día, los juegos comienzan a funcionar desde las 4:30 de la tarde. En cuanto alcanzo a distinguir el destello que provoca el metal al moverse de posición y hacer contacto con los charcos de luz, me muevo. En Boston no solía salir a correr por gusto, y ahora no dejo de preguntarme por qué no lo hice antes. Hago tantas cosas que no hacía antes ¿Por qué? No pienso demasiado en ello, y me rio porque eso es lo que busco: no pensar demasiado en nada. Me concentro en mi respiración y en los latidos de mi corazón, que siento en cada punto sensible de mi piel, en las puntas de los dedos de mis pies y en las yemas de los dedos de las manos, el subidón de adrenalina me da el último impulso para dejar a Will un par de metros atrás.
Lo único que necesito es mantener mi ritmo.
Me gusta la sensación de control, el de que mis pensamientos no se enfrentan entre sí, de que no hay un conflicto en mi interior. Cada vez aumento más el ritmo de mis zancadas, se siente tan bien, el calor comienza a expandirse por cada centímetro de mi cuerpo como si estuviera empapada en gasolina y alguien hubiera lanzado un cerillo. Las lenguas de fuego que envuelven mis pantorrillas se expanden hasta mis pulmones, pero no me importa, estoy en llamas.
- ¡Cuidado!
Me tropiezo con una mujer de mediana edad, no tanto como para caer, pero trastabillo un poco antes de estabilizarme. Los cascos de los audífonos se me caen de las orejas con la sacudida y, de repente, añoro mi aislamiento del mundo exterior. Las cosas a mi alrededor comienzan a moverse a su velocidad habitual, ahora escucho mi respiración entrecortada y el sonido que provoca el viento al golpear contra mi cuerpo, los oídos me zumban frente al repentino cambio de ambiente.
He llegado.
Un par de segundos después también lo hace papá, y un minuto después de eso lo hace Will. Ambos respiran con dificultad, se apoyan en sus rodillas y llevan el cabello despeinado. Me pregunto cual será mi aspecto, supongo que tengo los ojos muy abiertos y el rostro completamente sonrojado, perseguida por la idea de parecer una desquiciada me paso dedos temblorosos por la coleta y el cuello. Me peino algunos cabellos que salieron de mi coleta viendo a mis competidores, específicamente al que pagará la cena hoy:
- Estas de suerte, William - le digo a mi hermano, y me palmeo el vientre -, no tengo apetito de algo muy elaborado.
Will gruñe entre jadeos, sus ojos jade destacan en su rostro por el color escarlata de su rostro.
- ¿Cómo . . . - jadea - es posible?
- Las mujeres son más resistentes por naturaleza - responde papá, riéndose levemente. Sostiene su costado con una mano y se encorva sobre si mismo -, y los hombres más fuertes.
Doy pequeños saltitos sobre las puntas de mis pies.
- Quiero hacerlo de nuevo.
- ¡No!
Me sobresalto ante el pequeño exabrupto de mis familiares. Will se sienta en el suelo dejando caer la cabeza entre las rodillas y papá camina de un lado a otro con las piernas temblorosas. Pongo los ojos en blanco.
- Bebés - mascullo.
Cuando tienen que levantarse del suelo para dejar pasar a las personas decidimos emprender nuestro camino de regreso caminando, algo con lo que no estaba muy de acuerdo, sin embargo camino tranquilamente junto a papá. En el auto encontramos. Tenemos la opción de llegar a Micky's, pedir comida para llevar e irnos a casa, o comer en el lugar.
Decido que vamos a llevar la comida a casa, por ser la primera en llegar a la meta, y Will es el primero en replicar.
- ¡Está haciendo un calor de los mil demonios!
Papá se pone los audífonos para ignorarnos y tararea una canción.
- ¡No seas niña! Volveré en 10 minutos - le digo, irritada.
Escucho como bloquea las puertas con el seguro para niños.
- ¿Por qué vas a ir tú? - pregunta entrecerrando los ojos, y solo veo dos rendijas verdes.
- ¿Por qué no iría yo? - replico.
- Porque vas a tardarte un millón de años, - se pone una gorra de béisbol para ocultar su cabello revoltoso, listo para salir y añade -: así que iré yo. Las cosas no se harán siempre como quieres . . .
Abro la boca, indignada, e involuntariamente imito su gesto.
- ¿Qué estas tratando de decir? - le acuso.
Will desbloquea las puertas, pero incluso antes de que pueda salir me inclino sobre el asiento de papá y vuelvo a poner el seguro. Lo hacemos unas siete veces antes de rendirnos.
- No sé quién te está llenando la cabeza de mierda pero . . .
- A mi nadie me esta llenando la cabeza de nada - me interrumpe, tajante -. La tengo completamente vacía.
- ¡Cállate!
- ¡Cállame!
Ambos le dirigimos una mirada iracunda a papá que no responde, se limita a tararear la parte rápida de paparazzi de Lady Gaga. Will vuelve a desbloquear el seguro y yo, por supuesto, vuelvo a bloquearlo. El único sonido que escucho es el de nuestras respiraciones aceleradas.
O la respiración acelerada de Will.
Noto que su pecho sube y baja cada vez más rápido con cada segundo qué pasa, parece un animal rabioso.
- ¿Qué te pasa?¿Por qué respiras así? - inquiero.
- ME ESTOY GASTANDO EL AIRE PARA QUE TE MUERAS - me grita.
Y le doy una palmada en la nuca. Ese acto provoca una pequeña pelea que papá mira de reojo; Will me hala de la coleta con fuerza y yo le clavo las uñas en la mano, me pellizca el muslo para que lo suelte y lo muerdo en la mano. ¿Desde cuando se había vuelto tan fuerte? Exacto, desde que se convirtió en un adolescente puberto. La última vez que tuve una pelea física con Will tenía ocho y él nueve, le di la paliza de su vida.
Aprieto la mandíbula entorno a su carne.
- ¡Auuuuuu!
Entonces, Will me muerde a mi - Bajtado.
Gruño contra su piel caliente. Papá considera que es momento apropiado para intervenir porque pone una mano en la frente de cada uno y nos separa bruscamente.
- Riley, cariño, ve por la comida - me dice papá, pero no me mira.
Mientras salgo escucho las quejas de Will a mis espaldas.
El viento me agita la coleta cuando troto desde el estacionamiento. Las luces neón del letrero que adorna la fachada de Micky's proyecta sombras en mi rostro hasta que atravieso el umbral con el hombro por delante, y el aire acondicionado me recibe con los brazos abiertos. El aire frío me acaricia las mejillas y me agita el cabello mientras camino hacia la barra, donde JP, un hombre que juega naipes los viernes en la noche con papá, me recibe con una amplia sonrisa. JP es uno de los mejores amigos de papá, intimidante hasta que sonríe y todo un payaso, tiene los brazos llenos de tatuajes y varios piercings en la cara; me agrada.
- ¿Donde has dejado a tu padre, dulzura? - me pregunta.
Hago un gesto para quitarle importancia, como si fuera cosa de todos los días, y alzo los hombros.
- No he visto a ese hombre en días - contesto, ojeando el menú con ojo crítico.
JP chasquea la lengua - Típico de Gabe.
Sonrío a medias.
- ¿Lo de siempre?
Aprieto los labios - ¿Sabes que no le gusta a Will?
- Uff, esta difícil - me responde, JP le da vueltas a uno de los dos piercings que tiene en la ceja mientras piensa y se muerde el labio -, a tu hermano le gusta mucho comer.
- Tiene que haber algo - insisto.
- Su amigo rubio debe de saber - antes de que pueda retorcer otra vez uno de sus piercings le digo el nombre.
- Adam.
- ¡Adam! Ese chico - JP chasquea los dedos con una sonrisa -, siempre pide un emparedado con pepinillos que tu hermano termina dejando de lado.
Suelto una risotada.
- Entonces, está hecho. Dame tres hamburguesas, una con pepinillos extras, tres malteadas de fresa y . . . - siento una presencia en mi espalda, pero no volteo, en su lugar sigo con mi dedo los postres y me decido por mi pastel favorito - y . . .
- Pastel de zanahoria - termina por mi JP, apuntado la orden.
Sonrío enseñando los dientes.
Cuando me volteo para esperar en una mesa mi hombro choca con el de un muchacho alto y moreno, Cash Calore. Pone los ojos en blanco cuando el retroceso del golpe lo hace dar unos pasos hacia atrás.
- Fíjate por donde vas, Dixon.
- Véte al infierno, Calore - mascullo, la verdad es que no estoy de buen humor.
Abre la boca para añadir algo más, pero antes de que pueda articular palabra me marcho. Dejo caer la cabeza en la primera mesa que encuentro en cuanto me siento y un dolor sordo me recorre la frente, ¿Por qué Will tuvo que arruinar mi sábado? Las maldiciones que me recorren la cabeza no alcanzaban para describir lo molesta que me encuentro, mis dientes rechinan y los oídos me pitan. Me levanto para tomar una gran bocanada de aire. Masajeo mis sienes con los dedos y echo un vistazo a la barra, Cash ha desaparecido y JP atiende a una mujer con sus dos mocosos gritones. Detesto a los niños malcriados. Uso las palmas de mis manos para amortiguar el sonido de los chillidos, y no las quito de ahí hasta que noto el pequeño grupo de personas sentados a cuatro mesas a mi derecha.
Mis ojos recaen en Liam y sus amigos.
- ¡Dulzura!¡Tu comida está lista!
Me sobresalta la voz gutural de JP, parpadeo confundida y me levanto dispuesta a marcharme.
- Gracias, JP - recojo las cosas con un mano y me despido con la otra -, te veo el viernes en la noche.
- Nos vemos el viernes.
Finjo que el contenido de mi bolsa de plástico es una de las siete maravillas del mundo mientras camino hacia la salida. No tengo intención de mirar la estúpida cara de Liam Miller hasta que sea absolutamente necesario.
Mis intentos fracasan, como siempre. En un minuto tengo a Liam pisándome los talones.
- ¿Dulzura? - me pregunta, pero no comprendo del todo si bromea o está consternado. Su tono de voz es gutural y más brusco del que seguro pretendía - ¿JP no es algo mayor para ti?
- Me sorprende como es que cada vez que abres la boca logras caerme peor - respondo, sin embargo, mirándole a la cara.
Liam ríe sin gracia - Eres comiquísima, Ricitos de oro.
- ¿Quién dijo que trataba de ser graciosa? - replico de inmediato, y luego reacciono al apodo con una risita -. Oh, vamos, ¿es lo mejor que se te pudo ocurrir, Richie Rich?
- ¿Acaso prefieres nena?
Pongo los ojos en blanco - ¿Se te ofrece algo o puedo marcharme?
- Se me ofrecen muchas cosas, la pregunta sería si serias capaz de ayudarme con ellas - me responde con su típico tono coqueto, y luego esboza una media sonrisa que se tuerce en las comisuras.
- Respétate un poco, Miller - hago una mueca.
Liam se ríe. Su risa me retumba en la caja torácica, ronca y grave.
- El pudor no va con el tipo de persona que pretendo ser - replica, apoyando la mano junto a mi cabeza en la pared a mis espaldas.
- ¿Y que tipo de persona pretendes ser? - inquiero.
- El tipo de persona que te gustaría conocer.
Suspiro profundamente - Lamento decepcionarte, Richie, pero nunca serás el tipo de persona que me gustaría conocer.
Mis palabras no parecen desanimarlo ni un poco. Se encoge de hombros con su propia elegancia y tuerce las comisuras de los labios, por un segundo creo que el gesto significa que se ha dado por vencido. Que no hay nada mas que hacer, pero ese no es el Liam Miller que conozco, no se acerca ni un poco.
- Encontrare otra manera de demostrarlo, entonces.
Ahí está.
- Te deseo la mejor de las suertes, entonces - le digo, sarcástica.
Decido acabar con la conversación dando media vuelta, y atravieso el umbral para marcharme. Afuera el viento me azota la cara, la boca me sabe amargo y el latido de mi corazón es peligrosamente rápido. Apenas me alejo un par de metros de la fachada de Micky's hacia el estacionamiento cuando me halan del brazo, y reconozco el tacto cálido en la piel húmeda de mi antebrazo.
Liam sonríe desde toda su altura, pero no dice nada.
- ¿Qué es lo que quieres?
- Es un hobby para mi provocarte, lo siento - me dice, y sus ojos azules bailan divertidos. Todo esto es un juego para él.
Hoy no.
- No tengo tiempo, de verdad - siento que la cabeza está apunto de explotarme, entonces otra vez se atreve a tocarme -; Will está siendo un dolor de culo, tengo que leer Romeo y Julieta, y los deberes se me acumulan en el escritorio. Vuelvo a repetir, ¿qué quieres?
- Solo tengo que decirte algo . . . - responde inocente, pero la sonrisa que le tira las comisuras hacia arriba está muy lejos de ser inocente. La mano que tiene en mi hombro y que tendría que "reconfortarme" viaja hacia mi nuca, sus dedos recorren la piel caliente y sensible de mi mandíbula, firmes - te ves increíblemente ardiente.
Le ruego a todo lo que es sagrado en la tierra por qué las sombras del letrero neón de Micky's no lo deje ver mi rostro sonrojarse. No respondo nada, pero tenso la mandíbula y aparto su mano de mi nuca con manos temblorosas, está mal de la cabeza si cree que voy a caer.
- ¡Dulzura! - grita mientras me alejo, sus carcajadas me confirman muchas cosas - ¿Acaso te he ofendido?
- ¡Aléjate de mi, Miller! - le enseño mi dedo corazón, y él se lleva la mano al pecho con una estúpida sonrisa de ternura plasmada en la cara.
El fin de semana se va en un parpadeo. Nos quedamos en casa, todos nosotros, al principio con el propósito de limpiar el desastre que nosotros conocemos como casa; pero ninguno sigue el plan original: limpiar cada uno su propia habitación y reunirse en el salón de estar para repartir tareas, ¿cómo sé que nadie fue al salón de estar, si yo tampoco abandoné mi habitación? Porque conozco a los muchachos con los que vivo, y porque no harían algo que yo no haría. El domingo Rory se queda a dormir, y el lunes llegamos tarde a clases.
Todo el trayecto hacia Jackson mi compañera intenta persuadirme para dar la vuelta y regresar a casa.
- Vamos, Riley. Ni siquiera quieres hacer esa estúpida obra - me dice Rory, ofreciéndome una tira de goma de mascar. Hago un sonido con la boca, Rory, por su parte, hace un sonido de exasperación - ¡Agh! Odio los lunes y te odio a ti.
Se cruza de brazos y hace un mohín.
- ¿Sabes lo fastidioso que va a ser para mi? - la idea me hace apretar el volante hasta que los dedos me duelen. Mis ojos se despegan un segundo para verla de reojo -: Romeo y Julieta es una de las obras más ridículas y sobrevaloradas de la historia, aún no comprendo por qué gastan tanto dinero en financiar esta estupidez. Maldita escuela barata - pienso durante un segundo la situación y entrecierro los ojos, consternada - ¡Y a ti no te importa ni un pepino! Tú sólo estás molesta porque te caíste de la cama cuando te levantaste.
- ¿Sabes? Me alegro de que seas Julieta - musita, cruzada de brazos y sin verme -. Eso debería quitarte lo amargada.
- Oh, no deberías estar tan contenta - le respondo, mientras entro al estacionamiento de Jackson - porque tú serás la bella Rosalina . . .
- ¡Estas demente! - se carcajea. Sonrío con suficiencia, lo hará.
- Debes hacerlo - sentencio muy segura, meneo la cabeza como si no hubiera otra opción y la miro muy seria -; está en la constitución de los Estados Unidos de America: si tú mejor amiga esta en una obra de teatro que odia y donde seguro se la va a pasar fatal, tu deber es acompañarla al matadero.
- ¿Ahora soy tu mejor amiga?
La miro sin poder creerlo.
- ¿Quién más sino? - inquiero, indignada.
- Piper Quinn - repone ella, obvia, para luego sonreír. Los ojos se le iluminan con una idea - ¿Y sabes qué? Ella debería ser Rosalina, es perfecta para el papel.
- ¡Oh, cierra el pi . . . ! - comienzo, pero mis ojos se iluminan tanto como los de Rory con una idea fantástica.
- ¡Piper debe ser Julieta! - decimos al mismo tiempo.
- Lo haría sin pensarlo dos veces - susurra Korby, emocionada.
- Debemos convencer al Rector Rivers de que soy la peor Julieta que pudo haber encontrado nunca - le digo, convencida al cien por ciento. Alzo las cejas y hago un mohín -, y tendrás que ayudarme para ello.
- Bien, este es el plan.