Y hacemos lo mismo que todos: canalizamos toda nuestra ira en lanzarnos comida el uno al otro hasta que no es suficiente. Liam me empapa de una sustancia viscosa y verdosa que me provoca arcadas, y no encuentro otra cosa con que contraatacar que me lanzo encima de él. Descargo toda mi ira en golpear su duro pecho. Lo odio tanto que no soporto ver su estúpido rostro egocéntrico por lo que tomo un puño de comida pisoteada del suelo y se lo embadurno en el rostro. No me preocupo por los testigos o que alguien pueda detenerme. Todo a nuestro alrededor es un maldito desastre. Aunque el cabello me cae sobre los ojos alcanzo a vislumbrar al equipo de americano reunirse y usar una mesa como escudo para atacar a las animadoras, que chillan tanto que me perforan los oídos. Muchas personas tratan de protegerse de la guerra bajo las mesas sin éxito. La comida explota contra nuestros cuerpos, se desliza por las paredes y termina en el suelo, ensuciando todo a su paso.
- ¡Esto es tu culpa! - le chillo a Liam, entre todo el bullicio. Sus ojos echan llamas.
- ¡Fuiste tú quien inició toda esta mierda! - responde abriendo los brazos, abarcando todo el lugar.
- ¡Eres insoportable! - nos gritamos al mismo tiempo.
- ¡Princesa malcriada!
- ¡Manipulador imbécil!
- ¡Presumida!
- ¡Prostituto!
- ¡Odiosa!
- ¡Arrogante!
- ¡Te odio!
Damos vueltas en el suelo cuando Liam se resbala con los spaghettis que anteriormente adornaban mis cabellos dorados. Yo trato de golpearlo con todas mis fuerzas y él consigue mantener mis manos lejos de su cara, una de sus manos tiene apresadas las mías y con la otra intenta mantener quieta. No le hago la tarea fácil. Esta es tal vez la única oportunidad que tengo de vengarme por lo que aprovecharé cada segundo que tenga. Me las arreglo para librar mis manos de su agarre para volver a tomar un puño de comida aplastada y trato de meterla en su boca. Liam protesta. Mueve la cabeza de un lado a otro, en un momento detecto un indicio de temor en sus ojos y sonrío grande. Con mi último ápice de energía fuerzo mi muñeca para llegar hasta su boca y aplasto mi puño contra sus labios hasta que la comida entra. Me echo a reír a carcajadas una vez comienza a escupir la comida.
- ¡Quiero al responsable de esto ahora! - aúlla una voz potente, deteniendo todo el caos como por arte de magia.
Mi cuerpo se queda rígido sobre el de Liam. Siento como su cuerpo se tensa, tengo una pierna a cada lado de su cintura, por lo que se levanta sobre sus codos y gira la cabeza para ver al rector Rivers frente a las puertas dobles de la cafetería. Liam suspira y nos miramos a los ojos con gesto irritado.
Un montón de dedos nos apuntan a nosotros.
- ¿Satisfecha/o? - nos preguntamos el uno al otro.
Casi lo abofeteo, por segunda vez en el día, frente a todos los presentes. Cuando lo miré de reojo mientras salíamos de la cafetería con las miradas clavadas en nuestra espalda tenía una sonrisa divertida clavada en los labios y sus ojos danzaban con placer.
Ninguno de los dos se molesta en negar los hechos y seguimos al furioso rector. Caminamos clavándonos los codos en el costado del otro, murmurando advertencias que el rector nunca debería oír y resbalando de vez en cuando con los residuos de nuestra "rabieta", como Rivers había denominado a nuestra pequeña - gran - pelea, en las suelas de nuestros zapatos. Cuando llegamos a su despacho no nos deja sentarnos en las sillas de cuero n***o, nos mantiene parados y muy erguidos con un pie afuera de la habitación.
- ¿Quién rayos comenzó una guerra de comida en la cafetería de mi colegio? - nos pregunta Rivers con el rostro rojo de ira, casi temo que le dé un derrame cerebral de la concentración que emplea para no arrancarnos la cabeza.
- Ella.
- Él.
- Ambos están castigados hasta la graduación - dicta severo.
Asentimos al unísono - Bien.
- Ambos van a limpiar la cafetería hasta que pueda ver mi reflejo en los azulejos.
- Bien.
- Y ambos formarán parte del club de teatro de ahora en adelante - nos dice con una sonrisa macabra en los labios.
- Bie . . . Espera, ¿qué?
Apenas puedo articular palabra. Aun así Liam sigue mofándose con los ojos de nosotros dos, entierra las manos en los bolsillos de sus jeans y torciendo las comisuras de sus labios alza los hombros. El castigo parece no tener efecto en Liam Miller, y eso nos fastidia a todos en la habitación.
- Invertimos demasiado dinero este semestre en el área cultural, pero ahora resulta que a nadie le interesa formar parte - Rivers comienza a informarnos sobre nuestro castigo -. Ustedes dos van a protagonizar Romeo y Julieta . . . - levanta una mano cuando abro la boca para interrumpirle - no me importa si alguno sufre de pánico escénico o si se rompen una pierna un día antes de la obra, van a actuar.
- Debe estar bromeando.
- La obra estrena en diciembre, antes del baile de invierno al que no están invitados - sigue.
- ¿No cree que ya se esta pasando de la raya? - interviene Liam, por primera vez.
- Disculpe, señor Miller, si no le parece suficiente. Puedo pasarme el resto de la tarde, mientras ustedes limpian mi cafetería, ideando otro tipo de castigo solo para usted - ironiza el hombre.
Pongo los ojos en blanco y Rivers me apunta con un dedo, se mueve tan rápido que me hace respingar y soltar una risita a Liam.
- Ví eso, señorita Dixon. Sabía que algo como esto podría suceder - se toca la frente perlada de sudor por el esfuerzo y me fulmina - ¿Y como no? Con ese historial delictivo que ambos se cargan era cuestión de tiempo.
Los dos nos miramos.
- ¿Es todo?
- Es su primer strike, señorita Dixon - me advierte, luego mira a Liam que le dedica una enorme sonrisa inocente -. No voy a permitir que busques a tu Bonnie en este colegio, Clyde.
Entonces, Liam me guiña un ojo coqueto.
Trágame tierra.
Maldigo por lo bajo todo mi camino hacia los vestidores de las chicas. Mi cabello se siente áspero al tacto mientras intento deshacerme de pedazos de comida atrapados entre mis rizos. Es asqueroso. Me lleva tanto tiempo limpiarme que pierdo tres clases una vez abandono los vestidores para reunirme con Jerry, el intendente, quien supervisará nuestro castigo. También es el encargado de proporcionar los utensilios de limpieza que necesitamos para dejar impecable la cafetería. Otra razón para estar de mal humor. No solo voy a pasar buena parte de mi tarde libre limpiando una cafetería, que es un asco, sino que lo haré con Liam Miller. ¿Podría empeorar mi día? Si, si puede. Cuando llego al armario del intendente, el punto de reunión que nos había indicado el rector Rivers, solo me encuentro con Jerry. Ni rastro de Miller.
Debe ser una puta broma.
Recorro los pasillos en compañía de Jerry, un hombre enorme que se limita a darme indicaciones de cómo usar los químicos para limpiar y sobre donde debería empezar, apenas presto atención por qué me limito a escrutar los pasillos en busca de Liam. Esta muy equivocado si cree que voy a limpiar sola esa enorme cafetería. Arrastro mis utensilios hasta el centro del lugar donde trazo una línea en el medio que atraviesa todo el lugar. No voy a mentir, muevo la línea un par de metros para que el tenga la parte más grande, pero no hay problema por qué no está aquí. Jerry no dice nada al respecto tampoco. Levanta la vista de un sudoku de vez en cuando para darme alguna indicación y vuelve a su tarea. Estoy ocupada restregando una malteada que se ha adherido al suelo que no me percato de que las puertas dobles de la cafetería se abren, media hora después.
- Llegas tarde - señala Jerry, con voz monótona.
- Jerry, colega, lo importante es que estoy aquí - Liam suena desenfadado. Casi de buen humor -, ¿por donde empiezo?
- Solo encárgate de tu mitad. Rivers dejó indicaciones de que no pueden molestarse entre ustedes durante el castigo - comenta él, y eleva el sonido de su voz conforme habla -. ¡Te hablo a ti, niña! Completo silencio.
Levanto la mirada del suelo, indignada. ¿Yo qué?
- Agh, como sea.
En el fondo de la habitación solo escucho el rumor de la conversación de Liam y Jerry. Están bromeando. Intento aislar sus voces de mi cabeza pero es imposible. La risita ronca de Liam se instala bajo mi piel y es imposible deshacerme de ella. La única manera sería arrancarme la piel. Es una opción que considero bastante pasados veinte minutos fregando los azulejos de mi parte de la cafetería. Al terminar el suelo me quedo quieta en mi lugar para apreciar mi trabajo de una hora. Lanzo un vistazo sobre mi hombro para comparar mi lado con el de Liam solo para observar cómo está sentado junto a Jerry resolviendo la parte complicada de un sudoku. Mis dientes rechinan ante tal escena. Su parte es un asco. Comparada con la mía parece un basurero.
- ¿Completo silencio? - mascullo indignada.
No es muy justo que Liam pueda conversar y sentarse mientras me parto la espalda limpiando.
- Ve a limpiar, Miller.
Liam bufa ruidosamente - Aguafiestas.
- Imbécil.
Nos fulminamos a través de la habitación. ¿Quién diablos se cree que es? Rivers nos castigó a ambos. Estamos en esto juntos.
Otra cosa que hice fue quedarme con las mejores esponjas. Cuando Liam se acerca a su montón de utensilios los examina con el ceño fruncido. Me hago la tonta otra rato. Espero que no se percate de que también tiene una mayor parte de espacio que limpiar por qué sino las siguientes tres horas serán insoportables. No lo hace. Por lo menos no hasta que hemos terminado. Estamos sudados, cansados e irritables al final del día, sé que nota la gran diferencia de espacio en el momento en que llega a la línea y algo hace click en su cabeza. Con la punta del pie empuja una cubeta de agua sucia que se derrama en mi parte. Agua sucia que tengo que limpiar. Liam simula sorpresa.
- Oops.
Mis manos se crispan en puños.
- ¿Oops? - inquiero conteniendo mi ira - ¡¿Oops?!
- Lo hice de nuevo - dice él, y sonríe con picardía.
- Que torpe eres, maldito hijo de . . .
Me resbalo con el agua, pero no lo hago sola. Lo arrastro conmigo hacia el suelo y me aseguro de caer encima de él para no tocar el agua sucia. Noto que Liam hace una mueca cuando se empapa la espalda, así que sonrío. El Karma es una perra.
- Oops, creo que también he sido un poco torpe - me echo a reír.
- Quítate de encima - refunfuña entre dientes.
Lo hago. También me apresuro a tomar su pie antes de que pueda levantarse para arrastrarlo por todo el suelo. Limpio el desastre con su espalda.
- Me las vas a pagar, Dixon.
- Supéralo, Miller.
Me marcho dejándolo en el suelo. Liam se sienta en su lugar para fulminarme mientras abandono la cafetería. Si lo pienso bien ha valido completamente la pena: este día hice que Liam comiera comida del suelo, le di una paliza y limpie el suelo con él. Después de todo no ha sido tan malo. Con una sonrisa enorme en los labios me subo a mi auto para dirigirme a casa. Mi estomago protesta en el trayecto aunque haya terminado mi almuerzo esta mañana. En mi mochila abierta en el asiento vacío del copiloto busco entre mi ropa sucia una barra de chocolate o una bolsa de pretzels que siempre llevo conmigo pero no corro con suerte. Tengo que ignorar los retortijones de mi estomago un rato más.
Cuando estaciono en la acera frente a mi casa creo que lo he logrado. Podría comerme cualquier cosa en este punto de la situación, es la presencia de Piper la que constituye un obstáculo más a mi meta de no morir de hambre. Mi amiga me espera bajo el árbol que está ubicado junto a la cochera. Es tarde. Lleva unos pantalones de pijama, una blusa de tirante púrpura y sandalias. No oculto mi sorpresa de encontrarla aquí. Reviso mi móvil de reojo para ver si me perdí de algo pero encuentro mi bandeja de entrada vacía. Torciendo el gesto la encuentro a medio camino de mi puerta.
- ¿Como estás? - pregunta cohibida.
- Perfectamente - refunfuño -. Estoy sucia, hambrienta y de un pésimo humor.
- Yo siento mucho lo del emparedado - sus ojos grisáceos se cristalizan mientras comienza su disculpa -, no tenía idea de qué eres alérgica al maní . . .
Suspiro - No podías saberlo, Piper. No pasa nada.
- Te metiste en grandes problemas por mi culpa - sigue.
- Nah, para nada - hago un gesto con la mano para quitarle importancia -, el rector ya me odiaba antes de esto.
- Riley . . .
- No es nada, en serio - insisto divertida.
- Déjame recompensarte. Estás hambrienta, te haré algo de comer.
Lo considero un poco. No suena mal.
- Bueno, no es mala idea.
Piper sonríe y salta en su lugar.
- Genial, vamos adentro para prepararte algo de cenar. Así puedes contarme como te fue en el castigo.
Pongo los ojos en blanco.
- El castigo más largo de mi vida - musito entrando a casa.
En el interior, dejo caer mis cosas en el recibidor. También me quito los zapatos y la chaqueta que dejo el perchero. Cuando entramos de lleno a la casa me quedo completamente estática en mi lugar. Will, Adam y Jasper están en la sala de estar, como siempre, el televisor está apagado y escuchan música a todo volumen. El problema es que Jasper esta parado en medio de la habitación vestido de payaso. O trata de pasar como uno. Tiene puesto el traje convencional de payaso, el rostro pintado de blanco - aunque parece que se dieron por vencidos con la pintura por que tiene lugares sin pintar -, también usa una redonda nariz roja y una corbata azul marino. El cabello oscuro le cae sobre la frente mientras se ajusta los guantes blancos. Will y Adam abren los ojos como blancos en el momento en que entramos en el habitación.
- Esta bien, no es lo que parece - dice Jasper, avergonzado.
Trago saliva con dificultad. Trágame tierra.