6. Capisci dos veces significa vete al infierno.

4993 Palabras
El lunes dejo que Rory conduzca mi auto hacia el colegio a pesar de su mal comportamiento el viernes por la noche. Se lo pasa de lo lindo mientras leo pacientemente los mil mails que mi madre me ha enviado desde la semana pasada y que no había tenido tiempo de abrir siquiera, con Gabriel presionándome para hacer los deberes a una hora determinada y con los paseos de Will para "fortalecer los lazos de hermandad" que perdimos con el paso de los años tampoco fue una tarea fácil. En la mayoría de ellos me cuenta acerca de cómo olvidó hacer el pago mensual de nuestro departamento en Boston y que el señor Zhang, dueño del restaurante c***o frente al edificio, trató de robar su viejo jarrón cuando el señor Atkins sacó a la calle todas nuestras cosas. También me pregunta acerca de Max y si él se ha contactado conmigo desde que dejó Montreal hace dos días. Le respondo con un par de fotografías adjuntando pequeñas descripciones en cada una, también le digo que no he escuchado de Max en semanas y que he estado ocupada con los deberes. - ¡j***r, j***r, j***r! Levanto los ojos de la pantalla de mi móvil. Veo que Piper se aferra de donde puede en el asiento trasero, temblado de pies a cabeza. - ¿Ahora qué? - inquiero confusa. - Maldición - masculla Piper cuando Rory hace una maniobra para entrar al estacionamiento del colegio. Ahora entiendo a Piper. La cabeza me da vueltas una vez Rory detiene el auto en el primer lugar disponible que encuentra. Nos sonríe a través del retrovisor, orgullosa de su proeza, como sino hubiera estado a punto de matarnos varias veces. Piper la fulmina con la mirada nada más se baja de un salto. A mis las tiemblas me tiemblan cuando pongo un pie fuera del auto. - Esto no es la Fórmula 1, Roar E. Rory pone los ojos en blanco y Piper sonríe. No le gusta su apodo. - Es mejor que el apodo de Brad - me echo a reír. - Pero, ¿qué dices? - Rory echa una risotada -. ¡B Rat es genial! Quisiera tener uno igual de bueno. - Su apodo prácticamente significa rata, Rory - le digo con una sonrisa divertida. Niego con la cabeza, divertida. La otra noche pasamos una agitada velada después de descubrir que Piper había pasado la noche con Liam, en su cama. El suceso fue totalmente opacado por Rory queriendo formar un club de la pelea en la sala de estar de mi casa. Todo por qué Félix, que solo charlaba con sus amigos, le estaba poniendo los pelos de punta con su “extraña” personalidad. Ninguna de las tres se siente orgullosa de esa noche, para ser sincera. Yo no me quedo atrás. Después de hacer el ridículo frente a Adam me excedí con las bebidas alcohólicas hasta el punto en que Will tuvo que llevarme en su espalda a mi habitación. Para resumir: no fue una noche digna de ser recordada, por lo menos para dos de nosotras. Para Piper fue un sueño echo realidad. La única otra cosa que ha opacado su cuento de hadas es el hecho de que Liam no ha regresado sus llamadas en todo el fin de semana. Ahora mismo revisa la bandeja de mensajes en su móvil mientras mordisquea las uñas de sus dedos. Amenizar con dejar sus uñas hasta la raíz sino fuera por qué Rory le arrebata el móvil de las manos. - ¡Deja eso! - le ordena, severa. Coloca el móvil en los bolsillos de sus jeans para que no pueda alcanzarlo y le apunta con un dedo -. Es un idiota. No merece la pena, Bambi, créeme. Piper forma un puchero con sus labios. - Pero . . . - Pero nada - sentencio tenaz -, Liam no merece ni un segundo más de tu tiempo. Eres increíble, Piper, y si él no puede ver eso es su pérdida. No la tuya. Recuérdalo. El puchero de Piper se profundiza y sus ojos se cristalizan, pero se niega a dejar caer una sola lágrima. - Eso es, Bambi - Rory sonríe satisfecha, casi orgullosa, y creo que es la primera vez que mira a Piper de esa forma -, vamos a clases. Te enseñaré algunas cosas que debes de saber de los chicos. Levanto las cejas, interesada por el tema de conversación, pero cuando estoy a punto de seguirlas hacia el interior del edificio mi móvil vibra en los bolsillos de mis pantalones. Sé de quién se trata incluso antes de identificar el tono de llamada, como el de una película de terror, y me inclino sobre el auto para contestar. - ¿Sabes que Garret se quiere cortar las pelotas por que no te has contactado con él? - le digo a Max nada más contesto la llamada. Max percibe mi tono acusador por que lo escucho bufar al otro lado de la línea. - Mándame un fax con tu comentario y luego lo reviso, ¿quieres? - gruñe con esa voz condescendiente que lo caracteriza -. No tengo tiempo para sentimentalismos, Riley. Necesito un favor. Pongo los ojos en blanco. Típico de Max. - Tengo clases en unos minutos así que ve al grano. - Sin rodeos, ¿ah? - ¡Al grano! - lo reprendo. El estacionamiento está comenzando a vaciarse. Le echo un vistazo a los tres grupos de personas donde se encuentran mis amigos, tan diferentes entre ellos como las personas que me importan dispersos en los grupos; Rory se toma su tiempo para ingresar al edificio, deja caer la cabeza hacia atrás para que el sol le caliente el rostro y camina como quien se dirige a pena de muerte. Ian Freeman, nuestro compañero de biología avanzada, camina junto a ella con otros chicos detrás de ellos, a pesar de que no se caen muy bien; Piper ríe tan perfecta como siempre, el lustroso cabello le brilla bajo los rayos de sol, tiene la piel algo bronceada - por un segundo me pregunto cómo es posible, ya que mi piel solo adquiere un tono rojizo al estar mucho tiempo bajo el sol -, y la ropa se moldea a sus curvas despampanantes. Las porristas la rodean, todas con el uniforme, retocándose el maquillaje o charlando despreocupadamente la una con la otra, aún me pregunto la razón por la que Piper pasa tanto tiempo conmigo; por último, pero no menos importante, Will sufre mientras los muchachos, alrededor de doce, se hayan en un ferviente debate sobre el partido contra Bellview High el próximo viernes por la noche. La mayoría de los chicos están sentados sobre el destartalado pick up rojo de Jasper, estacionado a un par de metros del campo, todos con la chaqueta característica de los muchachos de football. Aunque me resulta raro considerar a Liam y Félix como uno de ellos, atletas estrella, ellos se encuentran entre el grupo pero no encajan como se debería entre un equipo que se la juega todo en el campo. Ninguno de los dos parece notarlo. Es decir, a ninguno de los dos les importa demasiado, por no decir que nada, lo que no tenga que ver con el partido. Liam luce tan, más si es que puede ser posible, atractivo como siempre: el cabello rubio cenizo lo lleva desordenado, sus ojos azules permanecen concentrados mientras escucha con atención a Félix, como todos, y aprieta los labios en una fina línea mientras frunce ligeramente el ceño. Me equivoqué al pensar que todos llevan la chaqueta, ellos no lo hacen, Liam viste unos jeans negros que combina con unos converse blancos y una camisa gris con cuello de V; por su parte, Félix lleva jeans azules, unos vans negros y una camiseta blanca. Tan sencillo como eso. En un minuto casi me encuentro sola en el estacionamiento, y digo casi porque Liam se ha quedado atrás y camina hacia mi dirección. El pesado suspiro que profiere Max al otro lado de la línea me saca de mis pensamientos. - Me estoy quedando con Beasley por un tiempo - admite Max, por fin. Malcom Beasley es su mejor amigo de toda la vida, de alguna manera mi pecho pierde un peso que no sabía que sentía -, y necesito algo de dinero. De ninguna manera voy a pasar seis meses en Wisconsin con mi madre. - ¿Cuanto necesitas? - pregunto con voz cansina, mi madre me envía dinero cada dos semanas así no es molestia. - 500 billetes - refunfuña, a regañadientes. Suspiro. Durante los últimos dos minutos he estado ignorando la presencia de Liam, a medio metro de mi, siento que es mi turno después de lo de los vestidores. Con lo que no cuento es que Liam Miller es una persona incapaz de ser ignorada, tan pronto se da cuenta de mi cometido se planta frente a mi, y su presencia me cala en los huesos. Mientras sonríe sus facciones perfiladas adquieren una elegante apariencia e insinúa con sus grandes ojos azules, ahora brillantes, el auto en el que estoy apoyada. Pongo los ojos en blanco. - Estás mal de la cabeza - mascullo, y no sé a quien me dirijo con certeza. - ¡Oh, vamos! - refuta Max. Liam sonríe malicioso en respuesta. - Llama a tu madre, bebé llorón - pongo los ojos en blanco y escucho gemir a mi hermanastro -. No puedes quedarte con Malcolm por siempre, y lo sabes. Quiero decir, ¿ya has comenzando las clases? La línea se queda en silencio, de repente. Lanzo una maldición. - Esta en mis planes, ¿OK? - ¡No es suficiente! - ¡Deja de decirme qué hacer! - chilla molesto. - ¡Si me pides 500 billetes creo que tengo derecho a decirte que hacer! - le chillo en respuesta, al borde de la histeria. - ¡Agh, eres imposible! - se queja, no me molesto en corregirlo. Es algo nuestro todo esto. - Mira, te haré llegar el dinero en cuanto pueda pero ahora lograste que llegara tarde a clase - le digo, vigilando a Liam con ojos entornados al mismo tiempo -, estoy segura que Spiegelman no me dejará entrar . . . - Lamento tener que bajarte de esa nube tuya donde el sol y todas las cosas giran alrededor de tu posición y demostrarte lo poco que me importan tus problemas, pero lo haré - escucho con paciencia su típico monólogo de hermanastro insoportable - . Nos vemos pronto, Rosemary. La línea muere. No trato de pensar mucho en las babosadas que Max está haciendo. La historia que tiene con su madre es incluso peor que el divorcio de mis padres, estoy muy segura de que la pasó mal cuando su madre se fue de casa cuando apenas era un chiquillo, tenía 6 años. La culpabilidad de no estar ahí para él cuando Garret le dijo que tendría que mudarse a la casa de su madre hace que los ojos me lagrimeen un poco, pero la presencia de Malcom junto a Max me consuela un poco. - No sabía que tenías un auto. La voz ronca de Liam se mete entre mis pensamientos lentamente, como tentáculos que buscan los más recónditos huecos por los cuales deslizarse, detecto que aquel matiz hosco oculta un declive aterciopelado que había pasado por alto. - No sabía que tenía que mantenerte informado acerca de mis adquisiciones - replico, cargando mi voz de desinterés. Mi acompañante arquea una ceja rubia. Le da un último vistazo al auto mientras lanza un silbido, fingiendo estar impresionado, y presiento que sabe cuánto lo odio. - Es un lindo auto - elogia gentil, aunque no le quito los ojos de encima mientras cruzo los brazos sobre el pecho y ladeo a cabeza -. ¿Crees que algún día podríamos dar una vuelta? - Creo que podría prestárselo a Piper, y ella podría llevarte, si quieres - sugiero, como quien no quiere la cosa. Liam frunce el ceño, bastante confundido. No me responde de inmediato, se limita a sacar un cigarrillo del bolsillo de sus jeans. Ni siquiera sabía que fumaba. - Disculpa, ¿quién? - pregunta en un murmuro. Me siento ligeramente mareada ante su extraño cambio de comportamiento, e intento buscar la razón. La única diferencia que encuentro es que ahora estamos completamente solos y ninguno ha echo algo para molestar al otro, la situación me revuelve el estómago y al mismo tiempo me resulta algo tan nuevo que me desequilibra el piso un segundo. - ¿Te puedo hacer una pregunta? - le digo, intentado aprovechar el momento. - Puedes. - ¿Estas a punto de morir o por qué eres . . . decente conmigo? - titubeo en las últimas palabras, no sabía cuales podrían ser las más adecuadas. Liam se ríe a mandíbula batiente. - Estoy apunto de pedirte el primer favor de los siete que me debes - anuncia cauteloso, con el cigarrillo sin encender entre los labios. Saca un encendedor y me mira antes de encender la llama -, ¿te molesta? No puedo asegurar si se refiere a encender el cigarrillo o a la petición que está planeando hacerme. Me encojo de hombros. - No creo que te importe mucho lo que me molesta y lo que no - musito. Percibo en sus labios que quiere sonreír y contestar a eso, tajante, pero se controla y no lo hace. Sonrío, cosa que nota, nos estamos comunicando de alguna forma extraña que no comprendo del todo. Enciende el cigarrillo. - Necesito que lleves a mi hermano menor, Kian, a su práctica de lacrosse toda la semana. Y seas su niñera. - ¿Me viste cara de niñera? - inquiero indignada. Primero simula que no conoce a Piper, luego me pide que sea la chofer de su mimado hermano menor y ahora me insulta pidiendo que también sea la niñera. ¿Ha sufrido daño cerebral por todos los golpes jugando americano? Liam me mira con atención - La verdad es que si, tienes cara de niñera. No me habías dicho que eras rubia natural, ¿por qué te teñiste? Muerdo mi lengua para no soltar el torrente de groserías qué pasa por mi cabeza en estos instantes. - Aunque fuera asunto tuyo, ¿por qué crees que habría de decírtelo? - Porque no tienes otra opción que soportarme hasta que cumplas mis deseos, princesa - contesta sonriente, y su tono jovial me da náuseas. - Cierra la boca - mascullo irritada - ¿Será solo una semana? ¿Después de eso no me molestarás para cuidarlo de nuevo? Él asiente. - Solo una semana. Tiene catorce, así que también tendrás que acompañarlo a pasear a Arlo por qué tiene a correr lejos - me dice disfrutando de cada segundo -, estuvo de vacaciones en Suiza con la familia de mi madre y acaba de volver. Déjame decirte que Kian es bastante creativo cuando se aburre y demasiado impaciente para esperar, así que ten cuidado. En mi mente, todos sus perfectos dientes están regados en el suelo. Asiento mecánicamente. - ¿Es todo? - inquiero, a sabiendas de que Spiegelman no me dejará entrar tarde a clase ni de broma. - No respondiste a mi pregunta sobre dar una vuelta en esta monada - me dice, con aire coqueto y palmeando el capote. Me rio ligeramente, casi con amargura, a la defensiva. - ¿Estas coqueteando conmigo? - No lo sé, ¿lo estoy? - y sonríe con tanto encanto que siento como mi corazón da tumbos sin compás aparente. - Deténte, detente ahí mismo - lo detengo, apuntándole con un dedo al pecho antes de que tenga un ataque de nervios -. No voy a caer en tus redes, ¿capisci? - Te vas a enamorar de mi - afirma con una sonrisa tierna, como si yo fuera una niña pequeña enamorada de una persona mayor. Abro los ojos como platos, y si no fuera porque se echa a reír a carcajadas lo hubiera abofeteado -. Sería tan gracioso que te enamoraras de mi, ¿sabes? Casi puedo imaginarlo. - Dos opciones: - le digo levantando dos dedos, sin atisbo alguno de estar bromeando en mis ojos o voz - sigues mis reglas o sigues mis reglas, ¿capisci? - Haz usado capisci, dos veces. - Todo el mundo usa el capisci - me defiendo. - No, no lo creo. No como tú. No dos veces. Mis dientes rechinan cuando lo veo sonreír con inocencia. Le encanta hacerme enojar. - Regla número #1 - comienzo, y él no hace ademán de querer detenerme. Más bien escucha con atención, como cuando escuchaba a Félix -: Tengo derecho a negociar la mitad de los favores. Liam entorna los ojos - No creo que estes en posición de negociar, pero lo dejare pasar, tienes bonitas piernas, no es algo a lo que pueda negarme. - Número #2: Vas a borrar el video después del partido del viernes - abre la boca para replicar, pero cierro mi dedo índice y pulgar para que cierre el pico y prosigo - y número #3: Tendrás que dejar de insinuarte. Ten un poco de pudor. - La numero dos no es una regla - farfulla tirando el cigarrillo, lo pisa distraídamente y me mira con cejas arqueadas. - No, básicamente, pero voy a notificarte del cambio en cuanto borres el video. - ¿Y qué hay si me niego? Me encojo de hombros - Tienes de aquí hasta el viernes para pensarlo y puedes averiguarlo después, o puedes seguir las reglas. Lo dejo a tu criterio. Sus ojos azules se vuelven dos rendijas oscuras. No confía nada en mi. - El video es mi seguro, ¿quién me asegura que no te echarás para atrás una vez que lo haga? - se niega, rotundo. - Yo lo hago - miento descaradamente. No pierdo nada tratando de engañarlo. - Princesa - me advierte, su tono de voz es hostil. - Richie - digo de igual forma. Ambos podemos jugar a eso de los apodos. Además, el mío es infinitamente mejor que el suyo. No dice nada más. Una hora después tengo Cálculo. Me paso las clases que quedan hasta el almuerzo como un zombie. No encuentro la manera correcta de informar a Piper acerca de lo que acaba de pasar en el estacionamiento porque siento lástima por ella. ¿Qué clase de persona simula que no conoce a la persona con la que durmió hace menos de 48 horas? Es patético. Podría pedirle un consejo a Rory, pero no tiene un pelo de sensibilidad, así que no confío demasiado en su elección de palabras para comunicarle algo a la dulce y sensible Piper. Por mi parte, Will me encuentra dirigiéndome hacia la cafetería después de mi ultima clase. Noto que tiene un humor de perros en cuanto se acerca por qué no hace ademán de iniciar una conversación, como siempre hace, y porque tiene el ceño fruncido. Lo conozco tanto que sé que está planeando un berrinche. - Oh, santo Will, ¿ahora que te sucede? - me obligo a preguntar, porque no hay otra manera de hablar con él. - Tengo que leer un libro de un millón de páginas para mi clase de filosofía si quiero jugar este viernes. Me echo a reír en su cara. - ¿Y no sabes leer? - cuestiono burlona. A él no parece hacerle gracia. - Si, pero es imposible leer un libro en tan poco tiempo - refunfuña evitando mi mirada, pero luego tuerce el gesto y sonríe -, aunque tú podrías ayudarme. - Olvídalo, William. Tengo cosas que hacer esta semana - fabrico una mueca -: voy a ser la niñera del hermanito de Liam. Me encojo de hombros cuando sus ojos verdes, abiertos como platos, me fulminan. - ¿Recuerdas de los chicos de los que te hable cuando llegaste? - La verdad es que no - siseo desinteresada. Will me mira mal -, ustedes estaban hablando muy rápido y al mismo tiempo. No les pude seguir el ritmo y me negaba a escucharlos. - Liam es el peor de todos - sigue, ignorando mis burlas - y por mucho. ¿Como es que terminaste siendo niñera de su hermano? Meterte en su casa es el equivalente de meterte en la boca del lobo. - Puedo encargarme, hermano - le aseguro, pasando un brazo por su cintura. Me pego a su costado y le sonrío -. Mamá me hizo tomar un curso de defensa personal el verano pasado. Elegimos Krav Maga sobre Karate. - No lo sé, tal vez deberíamos crear una especie de servicio secreto para ti - sugiere. - ¿Estas sordo o no sabes qué es el Krav Maga? - Por favor, cariño - Will me mira con ternura - ¿De verdad crees poder contra un chico de 70 kilos? Lo miro indignada - Te puedo patear el culo con mis 50 kilos y 1.65 de altura, William. - Aja, si, seguro - Will se ríe a mi costa y asiente torciendo los labios. Apenas llegamos a la cafetería me planto frente a él y le propino un golpe con la mano abierta en la boca del estómago, la fuerza ejercida es suficiente para sacarle el aire. Escucho como el aire se le escapa por la boca, se dobla sobre si mismo entre gruñidos y me mira con ojos verdes desorbitados. Tiro de mis rizos dorados en un gesto de superioridad y entro a la cafetería. Algunos pasos atrás Will me sigue con el rostro rojo y crispado por el dolor, nos colamos en la fila cuando una chica se distrae y cada uno llena su bandeja de la comida más deliciosa que el hombre haya conocido: hamburguesas, refrescos Dr.Pepper, papas fritas, aros de cebolla y, para la dieta, un pastel de zanahoria. Dejo que Will pague nuestro almuerzo, gracias al football adquirió una beca donde le hacen descuentos en la cafetería, y busco con la mirada la mesa donde estuve sentándome toda la semana con Piper y Rory. Sin embargo, no encuentro a ninguno de los aludidos ni una mesa libre. Tuerzo el gesto, tendré que acompañar a Will con el resto del equipo y las porristas. Me rio internamente de mi misma, si alguien me dijera hace un año que me sentaría en la misma mesa que ellos seguramente le hubiera dejado un ojo morado. - ¡Hey! Adam alza una mano para señalar dos lugares, uno a cada lado de él, en una mesa justo en el centro de la cafetería. Estoy a punto de darme la vuelta y comer mi almuerzo en las gradas, pero Will me codea las costillas con una sonrisa tiesa en los labios. - No es para tanto - bisbisea sin borrar la sonrisa. Rory se nos une en el camino hacia la mesa. Hace una mueca. - ¿Ahora nos sentamos con las cabezas huecas y los musculitos? - me pregunta, perpleja. - He oído eso - farfulla Will, poniendo los ojos en blanco. - Perdón, contaba con que la única neurona que tienes y que compartes con todos esos chicos la estaba usando Jasper. - ¿Ves algún otro lugar donde podamos sentarnos? - contesto a su pregunta con otra, obvia. Mi amiga refunfuña. Y hace otro gesto cuando vemos a Piper sentada entre Hallie y Karlie, riendo, entonces hace ademán de dispararse en la boca y se deja caer en la mesa sin vida. Me dispongo a comer sin hacer mucho caso a las conversaciones en la mesa, que parten desde Archie Brown y sus abdominales de infierno y la probabilidad de que Bobby Sellers pase el dopaje para la temporada de playoffs, simplemente asiento con la cabeza compresiva cuando me hacen una pregunta o me encojo de hombros con la boca llena de comida. Entonces, Piper cambia de lugar para sentarse a nuestro lado. Will no tiene problema siempre y cuando quien pida el asiento sea una chica, por lo que trata de ligarse a Hallie y Karlie al mismo tiempo - una jugada que le parece de lo más arriesgada a Ashton y Brandon, pero que Adam y Jasper consideran muy buena - y deja el asiento libre a mi costado derecho. - Él es tan hermoso que hasta duele. Piper suspira con aire ausente y no nos mira cuando lo dice. Observa a Liam a través de la extensa mesa, que ríe junto a Cash, la verdad es que si es bastante guapo. No están solos. Charlie, la hermana melliza de Cash y capitana del escuadrón de animadoras, charla animadamente con Félix, que sostiene entre sus brazos a una chica rubia bastante guapa. Me distraigo de mi inspección por qué escucho un grito ahogado de parte de Piper. - ¿Qué diablos hace? - masculla. - Es Emma - contesta Rory, extrañada con la reacción de Piper -, la novia de Félix. Y prima de Liam. No entiendo por qué Piper menciona a Emma hasta que vuelvo a girar la cabeza y veo que ahora la chica le clava un dedo en la mejilla una y otra vez a su amor platónico. Por una parte, sin saber el parentesco entre ellos, yo también estaría algo celosa: Emma es una preciosura en toda la extensión de la palabra. El cabello rubio, similar al de Liam, le llega hasta la cintura en ondas brillantes y tiene unos ojos verdísimos tan bonitos como su cara en forma de corazón, unos labios carnosos le decoran el rostro en forma de corazón. - Como sea - refunfuña una avergonzada Piper. Frunzo el ceño. Nunca pensé que Piper fuera una persona celosa. Considero que no es necesario mencionar la conversación que tuve con Liam hace rato. - ¿Qué clase tenemos después? - le pregunto a Rory, tratando de cambiar el tema. - Historía. - Me voy a quedar dormida - resoplo -. Lo mejor será que busque una bebida energética antes de que sea hora. ¿Quieres una? Rory hace un gesto con la mano - No, gracias, a mi si me gusta dormir en clase. La miro divertida y recojo mi bandeja para tirar mi basura en el trayecto a la caja. Saco un par de dólares de mis bolsillos y pago el Red Bull, cuando estoy dispuesta a marcharme me doy de bruces con una pared de carne y hueso que sostiene mi bebida antes de dejarla caer al suelo. - Eh, cuidado - siento la presión de sus manos en mis brazos, me da un ligero apretón amigable -. No necesitas llamar así mi atención, princesa. Sabes que ya la tienes. Pongo los ojos en blanco. - No pretendía llamar la atención de nadie - le digo. Sobre su hombro noto que sus amigos lo esperan junto a las puertas de la cafetería. Félix se acerca con Emma de la mano y le dice que lo verá en clase, así que pronto nos quedamos solos, sin contar las miradas que atraemos. - No eres muy buena haciéndolo - comenta divertido, refiriéndose a las miradas. - Te miran a ti, no a mi. Liam pasea la mirada a su alrededor. - Es verdad, excepto por tus amigas - ladea la cabeza en su dirección -; una de ellas se me hace conocida. Rory, ¿verdad? Creo que Emma fue su tutora el año pasado. ¿Esta de broma? No puedo con la indignación que siento. Cierro los dedos con fuerza alrededor del aluminio. Liam observa mi Red Bull con una ceja arqueada. - ¿Y Piper? - ¿Sabes? Sigues hablando de tu amiga imaginaria Piper, pero no tengo idea de qué hablas - masculla, y su ceño comienza a fruncirse, molesto. - Eres increíble - mascullo sarcástica. - ¿Por qué las cosas siempre tienen que ser tan complicadas contigo? - Mira quien lo dice - respondo meneando la cabeza, con mi voz bien cargada de sarcasmo -: el señor no-rompo-ni-un-plato. - Oh, ¿eso es lo que quieres? Bien, vamos a hacerlo a tu manera . . . - ¡Riley! Piper se acerca apresuradamente hacia nosotros. Lleva un emparedado en las manos. Ambos le lanzamos cuchillos con los ojos que no nota. Sonríe, sin darse cuenta de que no es buen momento, pero no pierde ni un segundo la gracia. Busco, por una milésima de segundo, en el rostro de Liam algún rastro de interés en ella pero solo encuentro pura inexpresividad. - Alguien dijo que esto es tuyo - me dice al llegar, acerca el emparedado a mi rostro sin prestar atención en mi respuesta y le sonríe a Liam. Mi primer impulso es darle un manotazo para alejarlo de mi, lanzando un grito agudo, y el emparedado de mantequilla de maní impacta contra el rostro contrariado de Liam. Trago saliva y la mandíbula de Spencer casi roza el suelo. - Oh, no. No escucha mis disculpas. Un segundo después tengo un plato de spaghetti en la cabeza, la salsa se desliza lentamente por mi frente mientras abro la boca en una enorme "O", y él se limpia la mantequilla del rostro con una mano sonriendo con superioridad. - Estamos a mano - sentencia, dando media vuelta para marcharse. Le arrojo mi Red Bull a la cabeza - ¡Soy alérgica a la mantequilla de maní, imbécil! Se da la vuelta con los ojos desorbitados y trata de arrojarme un pedazo de pastel de chocolate, pero me agacho antes de que me dé de lleno en el rostro. Escucho un grito agudisímo a mis espaldas, y Liam se quiere reír pero no se lo permite, así que me vuelvo para ver a Karlie con la cara embarrada de chocolate. Todo se va a la mierda desde ahí. - ¡Guerra de comida! La comida comienza a volar por todas partes.
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