3. ¡Bienvenida a Jackson High School!

4999 Palabras
Por la mañana no hay manera de que abra los ojos sin dejar escapar un leve quejido de mis labios. Toda mi vida he odiado los lunes por la mañana, y hoy no es la excepción, el hecho de haber dormido apenas tres horas, que el rumbo de mi vida estudiantil y social dependa de este día y que toda la noche anterior haya sudado como un cerdo no me ayuda para nada a la hora de realizar la tarea. Las sábanas se enredan entre mis piernas, y mi cerebro aún adormilado no reacciona ante el impedimento. Mi barbilla pronto impacta con la dura superficie del suelo, y aunque un dolor agudo me recorre la mandíbula y los dientes, agradezco en el fondo el contacto frío con mi piel caliente. El insistente sonido de la alarma de mi móvil no me permite quedarme unos cuantos minutos mas en el suelo, me deshago de la sábanas a base de patadas y me arrastro como puedo hasta el cuarto de baño, pero en su lugar termino dentro de un armario vacío. “Por amor a Lucifer” gruño por lo bajo. Es ahí que decidido levantarme completamente del suelo. Primer día de clases, aquí vamos. Conecto mi reproductor de música a una bocina - la cual había tomado prestada sin el consentimiento de mi hermano Max -, tardo un par de minutos en crear una lista de reproducción nueva para darme una ducha y decido comenzar con Are you gonna be my girl de Jet. En cuanto escucho el sonido de las panderetas no hay vuelta atrás: comienzo a mover las caderas al ritmo de la música, y en cuanto la batería se hace presente es mi señal para saltar como loca mientras me quito la ropa, así dejando un rastro detrás de mi hacia el cuarto de baño. “Big black boots - canto a todo pulmón, y simulo que la botella de shampoo en mi mano se trata de un micrófono -. Long brown hair - deslizo mis manos con cuidado por mi cabello enjabonado tratando de no arruinar mi peinado punk -. She’s so sweet with her, get back stare” Mi lista de reproducción termina justo a tiempo. Me estoy calzando unas zapatillas deportivas cuando escucho que alguien toca mi puerta y luego, sin esperar respuesta, dos cabezas aparecen en mi campo de visión a través de una pequeña abertura en la puerta. Se trata de Will y Adam. - ¿Estas lista? - pregunta Adam. El par se queda estático en el marco de la puerta. - Claro, pero aún es temprano para salir - contesto desconcertada, mientras ajusto mis agujetas. Will asiente. Se pasa las manos por el cabello desordenado y entra de la habitación. Los miro con los ojos entornados, ¿qué se trae este par entre manos? - Es verdad, pero consideramos que es necesaria una intervención antes de tu primer día en Jackson - dice Will, solemne. - ¿Una intervención? - Así es, querida Riley - Adam ignora por completo mi tono burlón -, una intervención. Eres una nueva estudiante en nuestro colegio y hay cosas que no conoces de nuestra sagrada institución. - ¿Oh si? ¿Como qué? - pregunto con una sonrisa burlona. Los muchachos parecen estar tomándose en serio el rol de hermano mayor sobre protector por la forma en que quieren abordar el tema de las citas. Puedo ver a kilómetros de distancia de que se trata todo este circo. Me pregunto si lo que de verdad quieren pedirme es que no salga con sus amigos. Aunque en realidad no tienen nada de que preocuparse: no salgo con nadie. Nunca. Y no es por que me considere fea o algo por el estilo. Simplemente el género opuesto no se interesa en mi. Aún así, decido seguirles el juego simulando genuina curiosidad por lo que tengan que decirme. Sin dejar de ordenar mi habitación los observo sobre mi hombro esperando una respuesta. - Para empezar, Jackson tiene a la peor población de muchachos en todo el mundo - dice Will. Ahí está. - Créeme, Riles, te lo dice un experto - sigue Adam, y creo que no se da cuenta del significado de sus palabras -. Los muchachos en nuestro colegio son una bola de cabrones desvergonzados que solo quieren una cosa: meterse en tus pantalones. Es por eso que creemos que deberías mantenerte alejada de ellos. Mi hermano no podría estar más de acuerdo con la descripción de Adam. Hasta parece que comparten una sola neurona. - Y para eso te proporcionaremos una lista. Ok, ha sido suficiente por hoy. - Escuchen, muchachos, agradezco mucho su preocupación . . . - comienzo a decir con toda la intención de detener su ridícula escena. Pero ellos no están de acuerdo. - Brad, Cooper, Ashton, Luis, Daniel, Beck - me corta Adam, concentrado en su tarea. Will lo respalda - Liam, Félix, Cash, Ian, Jasper . . . Levanto una mano en el aire para interrumpirlos antes de que vayan demasiado lejos con su sobre protección. - ¿Saben? No creo que todos esos muchachos se quieran meter en mis pantalones. Y, aunque así sea, no es asunto suyo. - Te sorprendería cuantos querrán hacerlo - murmura Adam entre dientes. - No es asunto suyo - repito severa. Ambos comienzan a protestar, pero no los escucho. Me siguen pisándome los talones hasta la primera planta donde aceptan su destino a ser ignorados y comienzan a andar de un lugar a otro. Will comienza a buscar las partes perdidas de su equipo de americano por todas partes - bajo el sofá, detrás del televisor, incluso dentro de las plantas -, Adam por otra parte persigue a Gabriel que deambula por la cocina medio adormilado con una espátula en la mano. Parece que Gabriel está preparando el desayuno, y por preparar me refiero a quemar el desayuno, así que tomo un durazno del frutero en la encimera. Escucho que Will gruñe a mis espaldas en el momento en que veo que Adam esconde el protector que Will ha estado buscando todo este tiempo. Ahora que le pongo atención a Adam noto lo atractivo que es. Los jeans le cuelgan de la cadera, la camiseta negra se le pega al musculoso pecho, el cabello dorado le cae sobre la frente y en sus labios vislumbro una sonrisa tonta que no me permite quitarle los ojos de encima. Va a ser todo un reto estar pegada a Adam sin desarrollar un pequeño flechazo por él. Sus ojos grisáceos son de ensueño. ¿Quien no caería por esos ojos? ¡Y esa sonrisa! - ¿Quieres unos panqueques, cariño? - la voz de Gabriel me saca de mi trance. Me limpio distraídamente las comisuras de los labios por si he comenzando a babear sin darme cuenta al mismo tiempo que echo un vistazo a los panqueques de Gabriel. Huele a quemado. - Creo que vamos a tarde al colegio - digo como pretexto, y oculto mi mueca de asco dándole un mordisco a mi durazno. No vamos tarde al colegio. Ni siquiera tengo un reloj para comprobarlo. Gabriel hace un ademán con la mano para quitarle importancia. - No es problema. Yo los llevo. - ¡No, no, no, no! - salta de inmediato Will, olvidando por completo lo que estaba haciendo. Deja caer su pesada mochila deportiva sobre el pie de Adam y se acerca a nosotros a la carrera - ¿Por qué quieres arruinarme la vida? Adam ahoga un gemido con el puño. - Quiero llevar a Riley a su primer día de clases - replica él, cruzando los brazos sobre su pecho -. Bye contigo. - ¿Ves ahora lo que he tenido que soportar todos estos años? - ahora Will se dirige a mi. Atrapo mi labio inferior entre mis dientes para evitar una risita. - La verdad me quedé dormida durante tu monólogo de ¿por qué papá es el peor? La noche anterior fuimos a festejar una especie de bienvenida al vecindario a Micky’s, la pizzería local de Palm View. Incluso hubo pastel después de las pizzas y malteadas. Pasamos un agradable rato jugando naipes, conversando y riendo hasta que se hizo tarde. Durante el trayecto de regreso a casa, Will tenía muchas cosas que decirme acerca de las reglas del “maniaco de control” que es nuestro progenitor. Me mantuvo despierta buena parte de la noche. Estuvimos charlando en la cocina, en la cochera mientras limpiaba el juego de pesas que papá le había ordenado que limpiara hace tres semanas y en mi habitación donde seguimos jugando naipes hasta que no pude más con mis pesados párpados. Debo admitir que Will fue de verdadera ayuda cuando también mencionó que no tocará la comida de Gabriel. Ahora veo por qué. En realidad, parece querer adoptar el papel de mi mentor. O lo intenta, por lo menos. No es muy bueno en ello. Will lanza un bufido, disgustado, y se da la vuelta para seguir buscando su equipo. Cuando encuentra el protector de su caso en el escondite de Adam aprovecha para atrapar las llaves de la mano de Gabriel. Las lanza en el aire en dirección de Adam antes de que el dueño pueda recuperarlas pero el rubio está muy ocupado tratando de rescatar los pedazos comestibles de los panqueques quemados por lo que las llaves caen en la encimera de la cocina. Will se da por vencido dejando caer la cabeza. - ¿Podrías cuidar de mi chaqueta por mi? - me pide él, una vez estamos fuera. Me monto en el asiento del copiloto antes de que pueda impedírmelo. Desde la ventanilla frunzo el ceño por su petición. - No. Guárdala en tu casillero - le gruño, ya que intenta tomar mi lugar -. Tienes dos. Adam se monta en la parte trasera - No puede dejarla sin supervisión. Alguien siempre trata de robarla por que Will es el capitán del equipo. - ¿Y eso qué? No soy experta, pero no es tan linda. ¿Quien se encarga diseñar sus uniformes? - Las animadoras - contesta Adam. - ¡Vamos! Solo por hoy - insiste Will, ignorando mi mueca de asco -. La chaqueta tiene que sobrevivir hasta el último periodo y después es problema de una animadora. Los Ravens de Bellview han tratado de obtenerla todo el verano, son nuestro colegio rival y no dejan pasar ni una oportunidad para meterse con nosotros. Inspecciono la chaqueta con ojo crítico. No soy ninguna amante de la moda pero no me gusta para nada. Es azul con blanco y amarillo, tiene nuestro apellido en la espalda y el número 23 en el pecho. Pongo los ojos en blanco. - Bien - refunfuño mala gana -, pero me debes una, William. Mi hermano asiente con una sonrisa y rodea el auto para subirse junto a Adam. - Ahora que estamos aquí atrapados - comienza a decir Adam, pensativo -. Deberíamos preparar un simulacro por si estás en problemas: como un vividor mujeriego que trata de conquistarte. Bufo ruidosamente. - No, no haremos nada de eso. Will lo piensa durante varios segundos y termina asintiendo. - Es verdad. Podemos tener una palabra clave. Ya sabes, si estás en problemas puedes gritar algo así como “Pollo frito” - entonces los tontos comienzan a practicar sus movimientos ninja frente a mi -, entonces apareceremos nosotros para patear traseros. - ¡Oh, mis héroes! - ironizo. Sino fuera suficiente, Gabriel aparece para conducirnos al colegio con un bate de béisbol. Eso sin mencionar que solo lleva unos pantalones de pijama. - Buena idea, muchachos - los apoya, extendiendo el bate en su dirección. Los fulmino a todos por el espejo retrovisor. El camino al colegio es corto, pero Gabriel se encarga de hacerme saber en qué calle doblar para llegar a casa en caso de que Will no pueda traerme o si llegará a perderme; pronto entramos al estacionamiento de Jackson High, atestado de adolescentes. Gabriel detiene el jeep junto a un grupo de muchachos que parecen reconocer nuestro auto, miembros del equipo de americano por lo que puedo ver, reunidos alrededor de una Chevrolet negra. Los muchachos vitorean por su capitán unos cuantos segundos pero los seguros para niños no dejan libre a éste. Dejo caer la cabeza entre mis piernas. Esto no podría ir peor, desde que llegamos varías personas se percatan de nuestra presencia, cosa que nunca había ocurrido al llegar en autobús a mis anteriores colegios. Levanto un poco la cabeza, al menos quince personas tratan de mirar en el interior del auto, donde mi padre se encuentra sin camiseta. Me debato entre la idea de golpear la ventana para llamar su atención y gritarles que se metan en sus propios asuntos, y bajar del auto para hacerme la desentendida y fingir que no conozco a estas personas. Es vergonzoso ser el centro de atención. No entiendo como es que Adam y Will están tan bien con ello. - Entonces . . . - sisea Gabriel, y me mira alzando las cejas - ¿Quieres que te acompañe a la oficina del rector? - Claro que no - jadeo horrorizada por la idea - ¡¿Por qué no te pusiste una camiseta?! - La ropa es una construcción social, linda. No puedo decidirme cuando Gabriel quita los seguros y baja del auto, los demás damos un grito ahogado. Las risas no tardan en hacerse un hueco en mi estomago y, ahora, lo último que quiero hacer es abandonar el auto; me pongo una gorra de béisbol en la cabeza y me estiro para quitarle a Will sus gafas de sol de la cabeza. - ¿Qué se supone qué haces? - masculla Will, poniendo una mano sobre sus ojos, en un vano intento de que alguien lo reconozca. Justo cuando intento alejarme lo más discretamente que me es posible de la escena más bochornosa en la que he estado involucrada en la vida, los musculosos brazos de Gabriel me rodean. Pronto me encuentro en un abrazo de oso junto a Will, que tiene el rostro rojo de la vergüenza. Gabriel deposita un sonoro beso en mi mejilla y revuelve el cabello cobrizo de Will, los amigos de Will se ríen a carcajadas mientras Adam aprovecha el momento para escabullirse. - ¿Estas segura de que no quieres que vaya contigo? - me pregunta Gabriel -. Conozco al rector Rivers desde el primer año de Emmet. Puedo mover mis influencias. Me río ligeramente, agitando mis hombros en el proceso, sencillamente no puedo imaginar a Gabriel hablando así vestido con un hombre para conseguir algo a cambio. Veo mis pies mientras niego con la cabeza, no es necesario, como tampoco herir los sentimientos de mi padre; por su parte, Will lanza un bufido. - Ya la llevaré yo. - No, gracias, puedo encontrar el despacho del rector por mi cuenta - sentencio segura, meto las manos en los bolsillos de la chaqueta y me alejo caminando de espaldas -. Muchas gracias, señores. Nos vemos en casa. - Pero . . . - comienza Will. Hago un saludo militar y doy media vuelta dispuesta a marcharme. Sin embargo, me detengo abruptamente; entre la multitud de estudiantes, autos y docentes logro vislumbrar un cuerpo atlético que me resulta familiar. Un casco n***o oculta su rostro de mi, pero tengo un mal presentimiento. Lleva una camisa blanca con cuello de v que se pega ligeramente a su pecho, unos jeans negros le cuelgan de la cadera y tiene unas botas militares del mismo color. Me da la espalda para quitarse el casco. Se pasa la mano por el desordenado cabello rubio cenizo y coloca el casco sobre la motocicleta de último modelo donde apoya la cadera mientras conversa con sus amigos. Se da la vuelta. Y aunque se cubre los ojos para protegerlos de la luz solar puedo reconocer esa sonrisa. Mi mandíbula cae de su lugar. Liam. No logro retirar la mirada de Liam tan rápido como me hubiera gustado cuando Will aparece a mi lado. Mi hermano no es tan iluso como me gustaría creer y se da cuenta de quien es la persona a la que estaba observando. Sus puños se cierran alrededor de los papeles, arrugándolos. - Miller - sisea entrecerrando los ojos. - ¿Ah? - grazno confundida. Me encojo dentro de la chaqueta, tiro un poco de las gafas hacia abajo para tener mejor visibilidad y la gorra la inclino para ocultar mis ojos. Liam pasa a nuestro lado tranquilamente, jugando con un encendedor plateado, nos mira de reojo por un instante pero no parece encontrar nada interesante en nosotros y pasa de largo. Lo veo rodear el cuello de ¿Frank?¿Finn? - no lo recuerdo - y revolver su cabello n***o con fuerza, ambos fingen pelear durante un minuto y luego se enfrascan en una charla animada con el grupo que los rodea. - ¡Riley!¡Cariño! - es Gabriel. Frunzo el ceño y veo sobre mi hombro. Gabriel camina en nuestra dirección con dos bolsas de papel café en las manos, en las cuales puede leerse en descuidadas letras grandes el nombre de Will y el mío con rotulador Sharpie n***o. La gorra se me cae de la cabeza cuando me golpeo la frente con la palma de la mano abierta. - ¡Han olvidado su almuerzo! - Gracias, papá - murmuramos Will y yo al unísono. Las risas no tardan en regresar. ¡Fue un placer, corta vida social!¡Nos vemos en el infierno! Will recoge la gorra del suelo, se la pone y pasa un brazo por encima de mis hombros. Nuestro padre se aleja con una gran sonrisa, sabe que ha logrado su cometido: avergonzar a sus hijos, y está más que orgulloso de ello. Miro a mi alrededor, el estacionamiento va llenándose de poco a poco, por lo que la atención de las personas se desvía de momento hacia los estudiantes de primero. La base de la cadena alimenticia en la preparatoria. Lastima que me encuentro entre ellos. En el trayecto hacia el despacho del rector Rivers trato de identificar entre los estudiantes las etiquetas clásicas que existen en cada colegio del mundo: geeks, deportistas, populares, chicas pesadas, bromistas, etcétera; no se me dificulta nada la tarea. Los deportistas son los primeros a los que identifico, ya que mi hermano forma parte de esa etiqueta, ellos se encuentran lanzando las diferentes pelotas de sus diferentes actividades deportivas: Adam lanza el balón de football americano a un muchacho castaño que apenas cierra la puerta de su auto en el otro lado del estacionamiento, otro muchacho con la gorra al revés practica su lanzamiento con una pelota de béisbol mientras otro corre con un guante enorme de piel para atrapar la pelota; por su parte, los populares son igual de sencillos que los anteriores, visten como si estuvieran en una pasarela, como la chica morena que usa unas zapatillas con tacón de aguja para venir al colegio o aquel idiota con collares alrededor del cuello y anillos en cada uno de sus dedos - por supuesto que Liam Miller tiene que formar parte de ese grupo de personas, de algún lugar debió aprender a ser una persona tan desagradable -; y por último pero no menos importante, los geeks, los bromistas y las chicas pesadas. Los bromistas se encuentran tramando algo cerca de la pista de atletismo. Por su parte, las chicas pesadas son más complejas y están repartidas en diferentes etiquetas, la mayoría con los populares a las que mayormente se conocen como abejas reinas, y las otras con las bromistas, que no suelen ser tan inofensivas; los geeks deslizan sus dedos por las pantallas de sus teléfonos inteligentes o leen un libro. ¿Qué si cual es mi etiqueta? Un poco de todas. En la mayoría de mis anteriores colegios estuve en el equipo de baloncesto, pero no estaba todo el tiempo con las chicas del equipo, no era muy buena haciendo amigos. Era conocida, o "popular", por las diversas bromas que gastaba - más bien a quienes iban dirigidas como decanos, maestros, policías, entre otras personas de autoridad -. Leía libros como un ratón de biblioteca pero mis calificaciones no eran sobresalientes. Si existía una etiqueta para ello alguien tenía que decírmelo. - Ya puedes irte - le cuchicheo a Will, codeando sus costillas. - Ah, ah, ah - gimotea alejándose, me mira con el ceño fruncido mientras se soba el costado -. Deja la violencia por un minuto. Amor y paz. - No quiero que las personas me vean contigo. - Muchas personas dicen que mi presencias es encantadora, ¿Sabes? - inquiere divertido, me estrecha con un brazo y apoya su mentón en mi cabeza -. Vas a tener que esforzarte más para deshacerte de mi. - La última vez que lo intenté no nos vimos en tres años y medio - miento con una sonrisa de labios cerrados. Will me mira mal - Eres tan graciosa. Le presumo mi dedo corazón antes de que desaparezca en la multitud de personas que comienza a llenar los pasillos. Lo último que miro de él es su cobriza cabellera junto a la dorada de Adam y otra castaña que no reconozco de nada. Los pasillos de Jackson son largos y estrechos, deambulo por un rato buscando una placa o alguna señal que pueda guiarme hacia el despacho del rector pero no tengo suerte. Jackson es un colegio bastante grande. Consta de tres edificios, un campo de football, el gimnasio, una jaula de béisbol, un auditorio y un sin fin de cosas, sin embargo, no puedo dar con la jodida oficina del rector. En algún momento de mi búsqueda me quedo sola en los pasillos desiertos de mi nuevo colegio. Me sobresalto cuando una persona, una chica, pasa zumbando a mi lado a toda velocidad. La chica va en una patineta azul, dejando dos finas líneas grises en los azulejos blancos del suelo, entonces se detiene riendo; se baja de la patineta y se da la vuelta para volver, se talla los ojos con los puños, como si lo que estuviera viendo no fuera real, y lanza una carcajada. Miro sobre mi hombro, para cerciorarme si es de mi de quien se burla, y parezco estar en lo correcto. Tengo sus ojos azul zafiro clavados en mi. - ¡Debe ser una puta broma! - exclama partiéndose de la risa. - ¿Qué cosa? La chica se acerca con la patineta en un brazo, lee el apellido de la chaqueta y chasquea la lengua. La miro de reojo, es muy bonita, tiene el cabello n***o hasta la cintura, la piel blanquísima, una diminuta nariz y facciones delicadas como de muñeca, somos de la misma estatura. - ¿Will? - pregunta ella. - No conozco al sujeto - miento con descaro. Participamos en una extraña batalla de miradas. - ¿Eres de octavo grado? - sigue su interrogatorio. Niego con la cabeza - Onceavo. ¿Eres amiga de Will? - Nah - chista arrugando la nariz -, no me relaciono con los musculitos. Buena señal, pienso. - ¿Crees que podrías decirme cómo llegar a la oficina del rector Rivers? - le pido. - Por supuesto - se encoge de hombros, y emprende el camino hacia nuestro destino. - Mi nombre es Riley, por cierto. - Rory. Asiento. Me agrada Rory. - Por lo que veo eres nueva por aquí - comenta ella - ¿de que instituto te transferiste?¿Jefferson High o Richwood Way?¿O vienes de un colegio privado?¿Beverly Academy? - He estado en varios, pero en ninguno de los que mencionaste - comento poniendo un mechón de cabello detrás de mis orejas -. Mi último colegio fue Crawford High. Rory mira hacia el techo, pensativa, pero por más que piensa no puede identificar el colegio del que vengo. Me rio. - ¿Eres de San Francisco? - Boston, en realidad. - ¿Por qué decidiste venir de tan lejos? - me pregunta curiosa. - Bueno, no fue exactamente decisión mía - explico mordiendo mi labio, pienso la mejor manera de explicar mi situación y me encojo de hombros -, la verdad es que estoy aquí porque mi madre decidió alargar su luna de miel y mi abuela planea irse a Rusia con su nuevo novio, así que nadie puede hacerse cargo de mi. - ¿Entonces . . . ? - Me quedo con mi padre hasta las fiestas - contesto sin interés, solo son unos meses -, después de eso lo más probable es que vuelva a Crawford o nos mudemos por el nuevo trabajo de Garret. - ¿Garret es tu nuevo papi? - se burla. - No es tan mal tipo - respondo riendo, negando con la cabeza ante el pensamiento de considerarlo mi padre. - Me gustaría seguir con esta agradable conversación, Riley - asegura Rory deteniéndose abruptamente a pocos metros de unas puertas dobles de cristal -, pero hasta aquí llego. - Oh, gracias por traerme - asiento. - Te acompañaría pero . . . - comienza con una sonrisa traviesa - Rivers no desperdicia ninguna oportunidad para mandarme a detención y quiero pasar desapercibida durante el primer periodo. - Esta bien - hago un gesto con la mano para restarle importancia -. Lo más probable es que solo me dé un sermón. - Me agradas, aunque seas la novia de Will. - Tu también . . . Espera ¡¿Qué yo qué?! - abro los ojos como platos, ¿todo este tiempo creyó que era novia de Will? - ¿Acaso tú no . . . ? - ¡Por supuesto que no! - exclamo asqueada, hago una mueca y Rory se parte de la risa, de nuevo - ¡Es mi jodido hermano mayor! - ¡Vaya! - Rory se limpia una lágrima de la mejilla, se ha reído tanto que las lágrimas se deslizan por sus mejillas sonrosadas - ¡Es un alivio! - Pero, ¿Por qué creíste algo así? - inquiero con verdadera curiosidad, ella duda en responder. - Las chicas que tienen un novio deportista suelen llevar sus chaquetas, ya sabes, para que los otros chicos sepan que no están disponibles. - Maldito bastardo - mascullo apretando los puños. - Nos vemos en el almuerzo, Dixon - dice Rory, y desaparece al doblar la esquina en un pasillo. Me quito la chaqueta de Will y me balanceo en las puntas de mis pies, dudosa, finalmente respiro profundamente y entro por las puertas dobles. Una mujer de mediana edad teclea con deseos ágiles frente a un ordenador, así que dudo a la hora de carraspear para llamar su atención. Tiene varias pilas de papeles alrededor de su pequeño escritorio de madera.Tarda unos segundos en retirar los ojos de la pantalla y dirigirlos en mi dirección. - ¿Está disponible el rector Rivers? - pregunto dando un paso al frente, de inmediato quiero darme un golpe contra la pared. ¿Y los buenos días, Riley? Escucho la vocecita de Olivia reprenderme en un pequeño rincón de mi cabeza. La secretaria levanta un dedo y su teléfono fijo. - ¿Si?¿Señor? - le dice a la línea, escuchando unos segundos -. Tengo a una estudiante aquí . . . - deja de morder la punta de su pluma y se dirige a mi - ¿Nombre? - Riley Dixon - respondo, y alcanzo a leer su nombre en la placa sobre su escritorio. Grace. - Riley Dixon - me balanceo sobre mis talones, ahora Grace me examina lentamente de reojo - ¿Quiere que la haga pasar? . . . Si, es la misma, la del expediente - aprieto los labios, maldito director Collins - No, William ya estuvo por aquí . . . No, aún no, pero no estaría tan segura - Grace asiente un par de veces más y termina la llamada -. Ya puedes pasar, hay otra estudiante con el rector Rivers, también es nueva alumna. Asiento - Esta bien, gracias. - Eres la hermana de William, ¿no es cierto? - me pregunta Grace, justo antes de que terminará de abrir la puerta del despacho, tiene el ceño fruncido. - Desgraciadamente. Entro al despacho sin vacilar. El despacho no es tan grande como el del director Collins en Crawford High, pero es más brillante y cálido que el de mi antiguo verdugo. Las paredes blancas están adornadas con un conjunto de diplomas enmarcados, fotografías de eventos deportivos y algo de yeso en algunas partes agrietadas, el despacho cuenta con un archivador n***o, un librero, una lampara verde y un escritorio de madera bastante grande; detrás de éste, un hombre se levanta y me ofrece asiento con la mano. Me siento junto a una muchacha menuda de cabello oscuro que no me saca los grandes ojos grises de encima. - Señoritas . . . - dice, y luego comienza con un largo sermón sobre las reglas de la institución, por el rabillo del ojo noto que mi archivo, bastante grueso, descansa sobre su escritorio, y trato de no poner los ojos en blanco cuando me dirige una miradita al relatar las costumbres de sus estudiantes con las bromas, las normas y sobre lo que están dispuestos a soportar en cuestión de comportamiento. > me palmeo mentalmente la espalda, orgullosa de mi historial, pero luego me obligo a adoptar una postura más seria. La otra nueva estudiante tampoco parece estar interesada en el sermón. Me sonríe cuando parpadeo confundida. ¡Sus dientes son perfectos! Me paso la lengua por mis dientes, nada parecidos a los de ella, y los siento demasiado grandes y torcidos. - Por ahora es todo - nos dice Rivers -, sin nada mas que añadir. ¡Bienvenidas a Jackson High School!
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