Salgo del despacho con un mal sabor en la boca. Mi horario indica que tengo Algebra con el señor Craig en el aula 201, pero no tengo ni puta idea de donde se encuentra la clase. Me rasco la nuca en búsqueda de algo que pueda indicarme el camino hacia la puñetera clase, sin mucho éxito. Doy media vuelta sobre mis talones, para dirigirme a la otra estudiante nueva, pero me muerdo la lengua al recordar que ella debe saber tan poco como yo. Me quedo muda frente a ella. Parece igual de pérdida por lo que señalo con la cabeza el infinito pasillo para caminar juntas en la búsqueda de nuestra respectivas clases.
- Piper - dice ella, cohibida -. Ese es mi nombre.
- Ah, cierto - musito, y me pregunto por qué diablos habla conmigo. Las chicas como ella solo hablan conmigo para pedirme que me mueva o que le haga una broma muy pesada a sus novios infieles -. Soy Riley.
Evito hacer una mueca. ¿Ahora qué? En Boston nunca tuve amigas con las cuales ir de compras o charlar de chicos, aunque tampoco era una inadaptada social, mantenía conversaciones con mis compañeros de banco pero nada más allá de comentarios acerca de la clase o de chismes de pasillo.
- Seguro que nos irá genial.
- Eso espero - le digo sin dejar de caminar -. Sino tienes a nadie con quien sentarte en el almuerzo o algo, nos pueda ir genial juntas.
- ¡Me encantaría, Riley! - exclama, casi conmovida. Me encojo de hombros.
- No es nada, Piper - le digo de lo más normal.
En realidad no es la gran cosa, quizás no me vuelva hablar cuando las chicas populares la descubran.
No logramos encontrar nuestra clase a tiempo. En un segundo somos engullidas por una marea de estudiantes, en la cual Piper nunca suelta mi brazo, y mientras ella trata de evitar el muro de piel humana que nos rodea yo me encargo de codear, empujar y hacer puntapiés para hacerme paso entre las personas. Piper es de doceavo grado, por lo que encontrar la mata rubia de Adam entre el revoltijo de brazos y piernas nos ayuda bastante. Él se encarga de darle indicaciones a Piper, que se muestra recia a abandonarme, hacia su clase y a mi me deja en la puerta de mi clase con la señorita Morrison. Me siento en el fondo durante las primeras clases y me salto el almuerzo, aunque no logro librarme de Piper, la encuentro en el baño de chicas justo antes de largarme hacia las gradas junto a la cancha de americano. No le cuento que mi hermano es súper popular en Jackson, y le invento que no conocía a Adam hasta esta mañana cuando le pedí indicaciones en el pasillo; ella por su parte, no se guarda nada. Me cuenta todo acerca de su vida: viene de Arizona, tiene dos hermanos menores - uno de siete y otro de once -, se queda con su tío Jonás y su tía Chelsea, y que varias personas la habían invitado a sentarse con ellas en el almuerzo pero que prefería quedarse conmigo.
- ¿Fue como lo esperaste? - inquiero de camino al edificio, aún faltan cuatro clases para que la tortura llegase a su fin.
Piper hace una mueca - Pues . . . Todos son muy amables conmigo y un chico pidió mi número . . . Creo que ha ido bien para ser el primer día - sonríe - ¿Y tú, qué tal?
- Ha ido bien - mascullo asintiendo, nadie me ha molestado y he tratado de evitar a Will en todo momento.
Para el quinto periodo no tengo a Adam a mi alcance para guiarme hasta el salón de clases de la señorita Spiegelman, quien Piper describe como una cabrona cuando le comento sobre mi siguiente clase, llego tarde y maldigo a todo lo que me ha llevado hasta ese momento cuando no reconozco ni un solo rostro de mis compañeros de clase. ¿Estoy en el lugar correcto? Rory esta aquí. No recuerdo haber compartido una clase con ella antes pero me alegra encontrarla aquí. Me siento en el fondo a su lado, esquivando bolas de papel y mochilas en el camino, y me dejo caer en el asiento como si mi cuerpo fuera un peso muerto que he estado cargando durante varias horas. Esta claro que no esperaba absolutamente nada de mi primer día de clases, pero haberme saltado el almuerzo ha dejado mi ánimo por los suelos. Apoyo mi mentón sobre una mano y echo un vistazo en la dirección de Rory. Discute con uno de nuestros compañeros, Ian, como si hacerlo pudiera sacarlo de la clase, le dice algo sobre ser muy viejo para estar en la preparatoria y le da una palmada en la nuca.
- No sé que carajos hace Ian en esta clase - me dice Rory, ceñuda.
Ladeo la cabeza para mirar a Ian. Tiene a una animadora sentada en la piernas.
- Yo tampoco sé qué diablos haces aquí - gruñe él, igual de irritado por su presencia.
Rory lo fulmina con la mirada - Lo dije primero, Freeman.
No les pongo especial atención. Escudriño la clase en busca de otro rostro conocido sin mucha suerte, también busco señales de la profesora pero nada, estamos solos. Rory resulta una agradable compañía una vez deja de prestar atención a Ian. Bromeamos el poco tiempo que tenemos antes de que comience la clase y se encarga de ponerme al día con las novedades en Jackson. También me da varios consejos: no saltarse el almuerzo - cosa con la que concuerdo ya que mi estomago protesta en estos instantes -, las bromas pesadas están reservadas para los maestros más cabrones - Spiegelman, Brown, Jones y Griffin -, llevar una sudadera para gimnasia incluso con la temperatura a tope - las porristas escogieron el modelo de uniforme y es bastante revelador -, y evitar a toda costa a los "alborotadores". No alcanzo a hacer preguntas acerca de estos alborotadores por qué la señorita Spiegelman hace acto de presencia.
La espera se me hace eterna. Esta clase no tiene ni pies ni cabeza en mi opinión así que me distraigo con cualquier cosa. Las altas ventanas rectangulares recortan la luz del sol del medio día en pequeños charcos de luz que me dan de lleno en el rostro mientras el murmullo de las conversaciones se alza una milésima cada minuto que transcurre. La luz obstaculiza mi visión así que ignoro por completo si la profesora escribe algo en la pizarra.
La profesora sigue sin dar ninguna indicación.
Observo a Rory de reojo. Está concentrada en hacer una mega bomba de goma de mascar con sus largas piernas estiradas sobre la mesa y las manos detrás de su nuca, no parece importarle la presencia de la profesora en el aula. Prácticamente es mi única fuente de entrenamiento en el lugar, pero la profesora ha comenzado a repartir un montón de hojas por los asientos y he perdido mi oportunidad de hacer más preguntas.
- Durante el transcurso de la clase - explica Spiegelman - van a responder el cuestionario en pares. Es todo por ahora.
Ian levanta la mano - Disculpe, creo que estoy en la clase equivocada.
- ¿Apellido? - Spiegelman ajusta sus lentes.
- Freeman.
- Estás en la clase correcta, Freeman. Busca a un compañero y contesta las preguntas del formulario.
- Soy de doceavo - insiste él.
La profesora suspira.
- Gracias por la información, joven. Sino le molesta seguir interrumpiendo la actividad puede seguir las instrucciones previamente dadas, gracias.
Varias personas en la clase comparten una mirada. Incluso Rory comienza a prestar atención a lo qué pasa a su alrededor. La morocha me mira en busca de una respuesta que no tengo así que levanto los hombros, igual de confusa que ella.
- ¿Está es una especie de clase avanzada? - pregunta Rory en voz alta -. Por que si es así debe de haber un error. Nunca he estado en una clase avanzada en mi vida.
Asiento de acuerdo. Es imposible que con mis notas haya alcanzado los créditos de una clase avanzada.
- Es biología avanzada, niños - masculla Spiegelman, irritada -. ¿Es que no prestan atención a sus horarios? ¿Tengo que enseñarles a leer también?
Una completa cabrona, pienso para mis adentros. Piper tenía razón respecto a ella.
- ¿Biología avanzada? - farfulla Ian por lo bajo, horrorizado por la idea -. Mi nota más alta en biología para principiantes fue una C-.
- Es de esperarse de este diminuto cerebro que cargas - se burla Rory.
- Yo tampoco creo reunir los créditos necesarios para esta clase, Rory - comento entre dientes, nerviosa.
Rory entrecierra los ojos, consternada.
- ¿Creen que pusieron a todos los tontos en una clase avanzada a propósito? ¿Es una especie de prueba? Soy mala con las pruebas.
Los demás coincidimos con ella. No somos ningunos genios, ¿a quien queremos engañar? Derrotada por que sé no hay manera de que responda preguntas de biología avanzada de forma satisfactoria acepto el racimo de hojas. Entre los tres llegamos a la conclusión de que deberíamos buscar una pareja que en realidad pertenezca en la clase y luego intercambiar respuestas. Es así como me quedo sin compañero. O es así hasta que la puerta del aula se abre de un portazo. Los rayos de sol que antes obstaculizaban mi visión no son nada comparado con la imagen que tengo delante. Liam Miller y otros dos chicos se ríen a carcajadas en el marco de la puerta, murmurando cosas inaudibles para su público, que no le quita los ojos de encima. Me cruzo de brazos en mi asiento y suspiro. Toda la paz que podía haber esperado de este lugar se esfuma de alguna manera con la presencia de Liam. Si cuento con que es la mitad de astuto de lo que pienso de las personas en general, intentará hacerme pagar por su auto. En su defensa, haría hasta lo imposible por joderle la existencia si estuviera en su posición.
- Señor Miller - Spiegelman cruza los brazos sobre su pecho y fulmina a los muchachos a cada costado del interpelado, cada uno con una sonrisa imposible de borrar - y compañía, no recuerdo haber pedido su presencia en mi clase este año.
- El señor Griffin tiene a la mitad de último año - le dice Félix, echando un vistazo a la clase -. El rector no quiere accidentes como los de años anteriores teniendo a muchos revoltosos juntos.
- Sin embargo - replica la profesora, haciendo una seña para indicarles que pueden entrar -, están ustedes aquí. Juntos.
- Vaya suerte, ¿no?
Ni siquiera me molesto en levantar la mirada. Sé que esta mirándome. Maldigo por lo bajo, su amigo también me ha reconocido. En silencio me pregunto si tendrá resentimiento por lo que le hice a su auto. ¿Que estoy diciendo? Pero por supuesto que está molesto por su auto. No me quita los ojos de encima.
- ¿Apellidos? - pregunta Spiegelman.
- Calore, Carusso y Miller - contesta el último, a quien no conozco.
La profesora les explica brevemente la actividad a los recién llegados. Noto que cuenta a los estudiantes en su lista de asistencia y se percata de que alguien no tiene compañero. Y ese alguien soy yo.
- ¡Psss! ¡Psss! - sisea Rory para llamar mi atención, cuando la obtiene señala al trío y articula con los labios -. Alborotadores.
¿Por qué no me sorprende? Echo otro vistazo. Los ojos me arden ligeramente cuando encuentran los de Liam taladrándome la nuca, igual de burlones y duros como el día que lo conocí, y aunque me muestro indiferente ante el efecto de su mirada noto como un nudo se me forma en la boca del estomago. También noto que Félix le dice algo al otro muchacho que no conozco de nada al oído, éste asiente comprensivo mientras me mira y se ríe ligeramente. Es igual que sus amigos. Alto, de complexión atlética y atractivo. Tiene el cabello castaño sobre los ojos, sus ojos marrones resaltan por su piel aceitunada y tiene una nariz recta, pero toda esa hermosura es arruinada por una sonrisa prepotente en sus labios voluminosos.
Imbeciles.
- ¿Quién no tiene compañero para la actividad? - pregunta Spiegelman, levantado la mirada de su lista.
Fabrico una mueca, luchando con mi deseo de ocultar la mano que tengo parcialmente levantada.
- ¿Apellido?
Dejo escapar el aire que no sabía estaba reteniendo. Una parte de mi esperaba que no me notara entre tantas personas.
- Dixon - bufo a regañadientes.
Su expresión es todo un poema. Will debe tener una reputación con una profesora por que me percato que se tensa de pies a cabeza. Bueno, para ser sincera esta mujer siempre parece tensa.
- Me imagino que es familiar de Will - comenta mientras garabatea algo en su lista -, ¿no es cierto?
- No lo conozco - miento.
- Si, claro.
Nadie me cree ni una palabra. Teniendo en cuenta que las clases avanzadas son una mezcla de estudiantes de onceavo y doceavo grado no me sorprende que varias cabezas se giran en mi dirección. Will es el capitán de football del colegio. Tal vez la persona más popular que conozco. Todas las personas en esta habitación deben saber quien es mi hermano o deben haber escuchado su nombre en los pasillos. La mayoría se dedica a murmurar en voz baja, otros intentan llamar mi atención para hacerme preguntar estúpidas y el resto solo se dedica a observarme en silencio. No, observarme no, jugándome. Una parte de mi quiere hacerse pequeña en el asiento mientras la otra, predominante, solo quiere levantar en el mentón en alto y decirles que se vayan al infierno. No me conocen. No pueden basar su opinión sobre mi en las personas con las que estoy relacionada genéticamente. Es estúpido.
Rory parece percatarse de lo mismo.
- Metan las narices en sus propios asuntos, perdedores - les ladra, y su voz suena amenazadora.
Unos segundos después todos tienen la nariz en el cuestionario de Spiegelman. Excepto, claro, los famosos alborotadores.
- Bien, ¿van a elegir o tengo que escoger, como si estuviéramos en el jardín de niños? - ironiza la profesora.
La fulmino con la mirada. Por hablarnos como si fuéramos niños y por ponerme esta puta situación. En el fondo, le ruego a todo lo bendito en la faz de la tierra que Felix sea mi compañero de asignación.
- Yo puedo ir con ella - dice él rápidamente, y me ofrece una gentil sonrisa.
El peso sobre mis hombros se evapora.
- No lo creo - replica Liam, una falsa sonrisa se dibuja en sus labios. Apenas un levantamiento de comisuras que no anuncia buenas noticias -, Cash no me soporta cuando trabajamos en equipo. El propósito de la asignación . . .
- ¿Desde cuando te interesa el propósito de algo? - lo interrumpo irritada.
Sonríe.
- No creo que sea de tu incumbencia - me dice encogiéndose de hombros -, pero estaré encantado de decírtelo mientras realizamos la asignación.
- Espera, no me refería a . . .
Nadie me presta atención. Busco a Rory con la mirada, con los ojos como platos y una expresión estupefacta en el rostro, pero ella solo me devuelve la mirada con una mueca. Como si sintiera lástima por mi. Me muerdo la lengua para no gritar debido a la rabia contenida en mi interior, siento como mis uñas se entierran en la carne de mis palmas y la impotencia salir de mi cuerpo en forma de gruñido. Toda mi vida he tomado decisiones impulsadas por la rabia, mi madre solía recordármelo cada vez que tenía que lidiar con las consecuencias, pero en el pasado las consecuencias de mis actos no tenían grandes ojos azules y una sonrisa torcida que me hace querer tirarle los dientes.
Liam se sienta en el asiento vacío junto al mío. Se pasa la mano por el cabello mientras sostiene el cuestionario con la otra y revisa las preguntas con ojo crítico. Odio que la expresión concentrada en su rostro le sea tan favorable. Sus fruncidas cejas rubias provocan una tierna arruga en su frente y se muerde el labio ligeramente al mismo tiempo que sus ojos se deslizan por las palabras. Todo en él es atractivo. Incluso sus manos son hermosas.
- Bien - dice, y se humedece los labios -, ¿cual es tu nombre completo?
Frunzo el ceño.
- ¿Eso que tiene que ver con biología?
El rubio levanta el cuestionario y señala la parte superior donde debe ir el nombre y la fecha.
- Puedes decírmelo ahora o puedo averiguarlo después - ofrece como sino le importará -. Terminaré sabiéndolo al final del día.
- No me interesa - le digo, pongo un mechón de mi cabello detrás de mi oreja y aparto ligeramente mi asiento del suyo con los pies. Estamos demasiado cerca -. De echo, me interesa saber por qué pensaste que era una buena idea brindarme de tu agradable compañía.
- De echo pensé todo lo contrario - contesta relajando los hombros, sonríe y parece casi agradable aunque las cosas que salen de sus labios están lejos de serlo -, me es un gran placer amargarte un rato la existencia sabiendo lo desagradable que te resulto.
- Por fin estamos de acuerdo en algo. Me has leído el pensamiento.
Los dos participamos en una batalla de miradas que ninguno está dispuesto a perder.
- ¿Nombre completo? - pregunta de nuevo.
- Marry Krismass Dixon.
Pone los ojos en blanco.
- ¿Qué te parece si te digo un poco de mi? - propone -. Ya sabes, para romper el hielo y esas cosas, princesa.
- No me digas así - le gruño.
Liam se ríe a mandíbula batiente.
- Me llamo Liam Anthony Miller - sus ojos no se despegan de los míos mientras habla -. Tengo 18 años, tres hermanos y una mascota. Mis mejores amigos son Félix y Cash. Soy Aries, estoy en el equipo de americano de este colegio y mi superhéroe favorito es Batman. ¿Qué hay de ti?
- Tienes muchos hermanos - musito en respuesta.
- Lo sé.
Me quedo en silencio. Él suspira y desliza el cuestionario en la mesa hacia mi, con una ceja arqueada.
- He notado que no has contestado ni una sola de estas preguntas - señala, como quien no quiere la cosa -; existen dos posibilidades del por qué: 1. No tienes ni puta idea de que va esta clase o 2. No sabes leer.
Son comentarios como esos los que me invitan a darle un puñetazo. Siento como el color ilumina mis mejillas.
- Dime tu nombre completo y me haré cargo de las preguntas.
- Rosemary Riley Dixon - contesto, y mis dientes rechinan.
Sonríe complacido.
- Es todo lo que necesitaba - dice.
Escribe mi nombre en la parte superior de la hoja y deja el lápiz a un lado. No está respondiendo nada. Mis manos se crispan en puños preparados para atacar.
- ¿A que carajos estas jugando, Miller?
No parece intimidado por mi. Ladea la cabeza con genuina curiosidad en el semblante.
- Sabías que el daño a propiedad privada es penalizada en Los Ángeles, ¿no?
El alma se me cae a los pies.
- ¿Qué quieres decir con eso? - espeto con el reciente rubor de la rabia aún en las mejillas - ¿Adonde quieres llegar?
- Me has jodido el coche.
Lo reto con la mirada sin poder evitarlo.
- Oh, no seas un bebé llorón. Ve al grano.
Liam pesca su móvil desde el bolsillo trasero de su pantalón. Lo balancea entre sus manos durante un rato que permanece en silencio.
- Tarde o temprano tendrás que lidiar con las consecuencias de tu infantil venganza, princesa.
Lanzo una carcajada seca - ¿Y vas a encargarte de ello?
- ¿Acaso estás retándome a levantar cargos en tu contra? - Inquiere con sorpresa falsa en su tono gélido de voz.
- ¿Acaso estás amenizándome con hacerlo? - replico de igual forma.
No estamos llegando a ninguna parte. Ambos lo sabemos. Algo que también sabemos con certeza es que me he metido en grandes problemas. Él sabe que tiene la ventaja y yo que lo aprovechará todo lo que pueda. Durante un rato ninguno pronuncia palabra sino hasta que lentamente vuelve a deslizar la hoja de preguntas hasta él y comienza a responderlas.
- Solo digo que podemos llegar a un acuerdo en el que ambos salgamos beneficiados - comenta sin dejar de escribir, y noto que debido a la concentración aparece una arruga en la comisura de sus labios.
- No importa qué dudo mucho que alguien pueda salir beneficiado en un acuerdo donde estes involucrado.
- Escucha: estoy tratando de ser amable contigo - espeta exasperado -. No lo estás haciendo fácil . . .
- No necesito que seas amable conmigo - me cruzo de brazos.
- Tú lo has pedido, princesa.
El sonido del timbre que anuncia el final de la clase me sobresalta. El apetito se me ha espantado. Rory parece impaciente por librarse de su compañero para acercarse. Y Liam me muestra la pantalla de su móvil donde se reproduce la grabación de las cámaras de seguridad del estacionamiento del supermercado donde dañe su auto el fin de semana. Pruebas incriminatorias en mi contra de daño a propiedad privada.
La garganta se me seca. No tengo idea de que es lo que debo decir. No existe fuerza en la faz de la tierra que me haga rogarle a Liam Miller por piedad, eso esta mas que claro, mas que dañar mi orgullo y dignidad estaría perdiendo el respeto que me tengo a mi misma. Claramente he quemado todos mis puntes con Liam gracias a mi comportamiento infantil, por lo que llegar a un acuerdo ya no es una opción viable; lo único que me queda es escuchar lo que tenga que decir y hacer lo mejor que pueda con eso.
- Vamos a dejar algunas cosas claras . . . - comienzo a decir, pero él ya esta tomando sus cosas y a punto de marcharse.
- La primera es que las cosas ya no serán cuando tu quieras, dulzura - y como si no pudiera hacer algo que me hiciera odiarlo mas, me dedica un guiño -, y la segunda la sabrás cuando vayas a buscarme al final del día a los vestidores de los chicos.
- ¿Por que crees que yo haría algo así?
- Porque no tienes otra opción - me dice, y sale por la puerta.
Tan pronto como Rory aparece a mis espaldas hago mis dientes rechinar cuando mascullo:
- Necesito saber hasta la cosa mas insignificante acerca de ese hijo de perra.
Llego al final de la jornada escolar con un montón de información acerca de Liam Miller revoloteando en mi cabeza, cosa que, aunque no es del agrado de Rory, decide proporcionarme toda la información posible. Es un atleta estrella. Es reservado, vengativo y un completo imbécil. No es un mentiroso después de todo; sus inseparables amigos son Félix Carusso y Cash Calore, los cuales son conocidos por toda la comunidad escolar por alborotar en todos los sentidos a los estudiantes - aunque todos saben que se refiere a alborotar las hormonas de la parte femenina del colegio -, también es linebacker del equipo de americano de Jackson y es el de en medio de cuatro en su familia. Todo el mundo lo conoce por las salvajes fiestas que ofrecen en casa de Cash, tiene una reputación que le precede como una persona de lo mas vanidosa, bromista y atrevida. Lo demás aun esta dando tumbos por los rincones de mi cabeza, no hay tanta información como me gustaría.
Rory trata de convencerme de que es una mala idea seguir el retorcido juego de Liam todo el camino hacia los vestidores de los chicos. La cosa es que el asunto se ha vuelto personal. ¿Como se atreve a querer chantajearme? ¿A tratarme de esa forma? ¿Por qué no solo pide dinero y me deja tranquila? No, él quiere algo más de mi. Quiere humillarme así como lo humillé cuando rallé su auto y me salí con la mía frente a sus amigos. Quiere tenerme en la palma de su mano. Pues están muy equivocado si cree que tiene la mínima oportunidad de lograrlo. No sabe con quien se esta metiendo.
- Es un desgraciado, Riley - me dice Rory por décima vez -. Es un caso perdido hacer algo contra él, de alguna manera logra hacer que las cosas siempre giren a su favor, es un monstruo sin corazón. Es despiadado y egoísta, y nunca hace algo que no lo beneficie, siempre debe conseguir algo a cambio.
- Nadie es invencible, Rory.
- Aun no tengo claro el por qué de tu odio hacia él - musita tamborileando los dedos en la superficie de su patineta, se detiene frente a la entrada del campo de americano y se apoya en la pared de granito -, pero aunque mi consejo sea dejar las cosas por la paz, cuentas conmigo. Me gustaría averiguar como resultara toda esta guerra contra los alborotadores.
- ¿Los demás que tienen que ver en esto? - inquiero cruzando los brazos sobre mi pecho.
El sonido de las regaderas y voces masculinas llega a mis oídos antes que el olor a calcetines mojados y césped recién cortado.
- Estoy segura de que si los molestas lo suficiente van a comenzar las bromas como defensa y recordatorio.
- ¿Recordatorio de que?
Rory sonríe a medias - Si te metes con uno, te metes con todos.
Pongo los ojos en blanco por lo ridículo que suena y veo como se da la vuelta y se aleja en su patineta deseándome suerte. A lo lejos, junto a las animadoras logro vislumbrar a Piper manteniendo una agradable conversación con un grupo que la rodea y la hace ver mas chiquita de lo que en realidad es; abro los ojos como platos y, sin pensar mucho en lo que hago, me escondo de ella en el primer lugar en el que puedo meterme: la entrada a los vestidores. En cuanto lo hago me siento culpable, Piper solo ha sido amable desde que la conocí esta mañana y pasa por la misma situación que yo, pero no tengo tiempo para lidiar con mas personas este día. No estoy de humor para nada, no creo poder estar junto a ella o mantener una conversación decente sin filtrar las cosas que digo y arruinar lo que podría ser una amistad que mi madre amaría.
Me doy cuenta que los vestidores de las chicas están vacíos, y que para llegar a ellos necesito cruzar un largo pasillo de 12 metros y pasar frente a Spencer y sus nuevas amigas, o también puedo quedarme donde estoy y ver desfilar a todos los chicos que entrenan algún deporte después de clases hacia su vestidor; me preparo para correr hacia el vestidor femenino cuando escucho cerca las voces agudas de las porristas acompañadas de la particular sedosa voz de Piper, corro hacia el lado contrario y resbalo gracias a las baldosas mojadas de los vestidores. Todo es blanco, excepto por los casilleros azules, los chicos caminan de un lado al otro con toallas alrededor de su cintura o con la mitad del uniforme deportivo puesto, los escucho charlar sobre chicas, autos y deportes como puedo, sus voces y risas graves se mezclan con el sonido del agua corriendo por las tuberías y el sonido del metal contra el metal; me sostengo de la pared bañada de agua pero aun así caigo de bruses dentro de un contenedor lleno de toallas sucias.
- Espera, espera . . . - logro escuchar una voz amortiguada por las toallas en mis orejas, me hago bolita dentro del contenedor y ruego porque nadie me haya visto - ¿Has visto eso, tio? Algo se ha movido en el contenedor.
Ya no hay motivos para esconderme.
- ¡Estoy buscando a Liam Miller!¡Vengo en paz! - exclamo saliendo abruptamente del contenedor.
Veo como algunos chicos saltan del susto. Mi rostro se sonroja de inmediato por la reacción de la parte mayoritaria. Distingo a Liam entre los que se ríen abiertamente apoyado sobre la puerta de un casillero abierto. Felix esta a su lado con un pantalón blanco y una toalla en las manos, se acerca con el resultado de mi espectáculo en los labios, y los míos me traicionan cuando le devuelven la sonrisa y acepto su ayuda para salir.
Es bastante guapo.
- ¿Cómo llegaste ahí?
- No me creerías si te lo dijera - bromeo.
Felix lanza una carcajada contagiosa y le arroja la toalla a Liam a la cara. Ahora noto el vínculo fraternal entre el par: son amigos desde el jardín de niños y sus padres son amigos desde antes de eso.
- Compórtate - le dice a Liam, y lo señala con un dedo.
- Largo de aquí, bastardo.
Felix nos deja a solas. Pronto los vestidores se vacían, no hablamos durante el proceso, él se concentra en vaciar su mochila deportiva y volver a llenarla con la ropa sucia que guardaba en su casillero. No me dice gran cosa mientras organiza su ropa de entrenamiento en su casillero, se pone una cinta en el cabello y me observa con atención.
- Voy a ir directo al grano - cuchichea divertido, y me muestra unos dados.
- Genial.
No lo es.