Kilian llegó a la ciudad sumido en desesperación por desconocer el paradero de Amaya. Se dirigió a palacio, caminando a una velocidad increíble llegó hasta la pequeña oficina del Rey Marcos. —¡Hola hijo! Que gusto que vengas a verme. —No es visita de cortesía padre, secuestraron a mi Amaya. —¿Que dices? El rey Marcos, se levantó de golpe golpeando el escritorio frente a él. —No puedo sentirla padre, no sé dónde está. La busqué en el lugar que se supone estaría pero ¡NADA! —Enviaré a varios hombres en su búsqueda, no puede desaparecer como si fuera el viento. Enko y Bruno llamaban a sus hombres pero nada, nadie llegaba al refugio. *—Se quedarán ahí hasta nuevo aviso, vigilen bien sin ser detectados. —¿Todo bien, Enko? —Nada está bien, la señora Brown desapareció bajo mi c

