Entrenamiento III

2912 Palabras
―Es que…quiero verlo, quiero ver lo que pasó ese día―dijo decidido. ―Ya veo―dijo sonriendo―Ahora…entraré a tu cabeza y te mostraré tus recuerdos―dijo e inclinó su cabeza poniendo nervioso a Larry, se acercó más hasta que dio un beso a Larry en la frente, luego se alejó de él mientras Larry cerraba sus ojos lentamente.   Una noche hace once años, en el reino de Erdes, la familia real se encontraba junta en el comedor, sentados en una gran mesa rectangular de madera mientras un grupo de tres sirvientas traían los alimentos y los colocaban sobre la mesa. Sentados en la mesa había tres personas, el rey, un hombre fornido con una frondosa barba y un largo cabello hasta el cuello de color n***o, iba vestido con una larga toga color marrón. La reina, una delicada y hermosa mujer que llevaba un vestido de una pieza de color verde, era de piel blanca y cabello marrón. Y un pequeño niño, el cual era el hijo de ambos, era de piel morena como su padre y tenía el cabello marrón como su madre. El pequeño con gran entusiasma tomaba piezas de carne y las colocaba sobre su plato, mientras sus padres le miraban con anhelo. La familia simplemente cenaba como cualquier otro día normal, hasta que una noticia llegó a oídos de los presentes. De golpe un guardia entró tirando la puerta― ¡Majestad! ―gritó el hombre y el rey se levantó de golpe. ― ¿¡Que pasa!? ¿¡Por qué interrumpes de esa manera!?―gritó llamando la atención de todos. ―Lo siento…Majestad, las puertas del castillo…han sido derribadas―informó alarmando a los presentes. Inmediatamente la reina corrió hasta su hijo y lo tomó en sus brazos. Inmediatamente el rey ordenó que todos los presentes buscaran refugio y todos se movieron de inmediato―Querido…―dijo la reina acercándose a su esposo con su chico en brazos. ―Tranquila…solo pónganse a salvo―dijo intentando calmar a su esposa y tras darle un beso en la frente la mujer salió del comedor y fue llevada con unas criadas hacia unas escaleras. El rey salió del comedor con el guardia y partieron a toda prisa hacia la sala del castillo― ¿Quién ha sido? ―preguntó el rey― ¿Uulen? ¿Nyevad? ―intentaba adivinar y el guardia negaba todos sus intentos― ¿¡Entonces quien!?―preguntaba furioso y el guardián no conseguía como responder. De un momento a otro llegaron a la sala principal y se encontraron con un montón de hombres con antorchas y tridentes sometiendo a los desarmados guardias que intentaban detenerlos sin éxito alguno― ¿Qué…? ―se sorprendió el rey cuando de pronto uno de los hombres lo vio y llamó la atención del resto. ― ¡Miren! ¡Véanlo ahí! ―gritaba el hombre― ¡Con su barba aun llena de carne de calidad! ―reclamaba el hombre despertando la ira de los demás. En ese entonces, el reino de Erdes pasaba por una crisis económica y escases de alimentos, esto debido a que en ese tiempo Erdes aún no era una potencia en el mercado, ya que Uulen era un reino mucho más poblado, luego de la caída de Uulen las cosas mejoraron, pero, durante bastante tiempo se redujo las reservas para los plebeyos, ocasionando muertes de hombres, mujeres y niños. Esta situación terminó por enfadar al pueblo hasta que llegaron al punto de saquear el castillo. ―Maldición…―decía el rey en voz baja al ver las miradas furiosas de todos los pobladores― ¿¡Que dicen!? ¡Les hemos estado dando comida suficiente! ―alzó la voz el rey. ― ¡Desgraciado! ¡Dile eso a los que han muerto de hambre! ―dijo dejando al rey anonadado. ― ¿Qué? ―dijo desconcertado por las palabras del hombre― ¿Qué está diciendo este hombre? ―preguntó al guardia a su lado. ―No…no lo sé―decía nervioso―Seguro esta cegado por la ira―respondió. ―Ya veo, ya entiendo lo que pasa―dijo y se dirigió a sus súbditos― ¡Ustedes! ¡Por meses les hemos estado alimentando bien! ¿¡Y es así como nos pagan!? ¡Codiciosos! ―gritaba el rey haciendo enojar aún más a los hombres. ― ¡Desgraciado! ... ¿¡Aún tienes el descaro de decir eso!?―reclamó una vez más el hombre.   ―No insista señor, ellos no desistirán―dijo el guardia con la mirada volteada. ―Eso parece…escucha…―decía cuando de pronto una nube de humo n***o abrazó a ambos― ¿¡Que!?―dijo dándose la vuelta y vio como el interior del castillo estaba en llamas― ¿¡Cómo!?―decía impactado y tras quedarse unos segundos quietos echó a correr hacia el interior. ― ¡Espera, Majestad! ―intentó detenerlo el guardia. ― ¡Silencio! ¡Mi familia está allí! ―dijo y siguió corriendo. ― ¡No huyas, cobarde! ―gritó uno de los hombres con enfado.   En el interior del castillo, la reina corría entre los pasillos llevando a su hijo, evitando con mucho cuidado las llamas que abrasaban el lugar―Cálmate Larry, estaremos bien―intentaba no alertar a su hijo, el cual se encontraba completamente aterrado y sudoroso. Mientras seguían en su camino pasaron frente a una habitación cuando de pronto la reina escuchó unas voces. ―Maldición, creo que se nos pasó la mano―decía un hombre y la reina se detuvo frente a la puerta haciendo una señal a su hijo para que guardara silencio. ―Sí, nunca imagine que el pueblo reaccionaria así―contestaba otro hombre. ―Maldición…debimos entregar esos alimentos…―dijo uno de ellos y la reina se sorprendió al oírlo. ―No le des muchas vueltas, cuando todo termine nadie se enterará de nada―dijo el otro hombre. ―Sí, pero…―buscaba que decir. ― ¡Ustedes! ―dijo la reina irrumpiendo en la habitación, dejando sorprendido a los hombres. ― ¿Qué pasa…? ―dijo y de pronto un fuerte sonido se escuchó, se trataba de la bofetada que le había asestado la mujer al hombre. Y tras hacerlo se dio cuenta que ambos iban uniformados y que eran parte de la guardia real. ― ¿En serio? ¡Ustedes! ¡Miren lo que han hecho! ¡Han traicionado a su rey! ¡Han traicionado al pueblo! ―reclamaba la mujer mientras el pequeño observaba apenas asomado en la puerta― ¡Son unos bastardos! ―gritó la mujer y de inmediato uno de los guardias dejo caer el tomo de su espada sobre la cabeza de la mujer dejándola tirada en el suelo. ― ¡Cállate mujer! ―dijo y procedió a patear sin deparo a la mujer, mientras el otro hombre solo observaba como oprimían a la dama, de repente se dio cuenta de algo y detuvo a su compañera. ― ¡Alto! ―dijo sosteniéndolo. ― ¿¡Que pasa!?―reclamó el hombre. ―Mira…esa no es…―decía el guardia y el otro hombre miró con detalle, quedándose anonadado tras darse cuenta de quien se trataba. ―No puede ser…―dijo desconcertado― ¡Es la reina! ―dijo alterado― ¿¡Que hacemos ahora!? ¡Nos mataran! ―decía aterrado de pensar en ello. ―Cálmate…ya se…aprovecháramos la confusión―sugirió el hombre calmando al otro―Nadie sabrá quién lo hizo, solo vámonos de aquí―dijo y ambos se asintieron el uno al otro, inmediatamente salieron a toda prisa de la habitación dejando allí tirada a la mujer gravemente herida e ignorando al pequeño asomado en la puerta. Una vez los guardias se fueron el chico entró rápidamente a la habitación y se arrodilló frente a su madre― ¡Madre! ―gritaba el chico al ver la condición en la que estaba. ―Querido mío…―decía haciendo un esfuerzo para acariciar el rostro cubierto de lágrimas de su hijo―Hijo, por favor…no odies a nadie por esto―dijo dejando confuso al pequeño―Las personas son codiciosas, y eso puede llevar a hacer cosas incorrectas―comentaba la reina―Pero, por favor, tu eres un buen chico, rodéate de gente buena y serás un buen rey…―decía y comenzó a toser cuando el humo n***o comenzó a adentrarse en la habitación―Sin importar lo que pase, mantente fuerte sin mí, sé un buen hombre Larry―dijo derramando lagrimas mientras sus ojos comenzaban a cerrarse. ― ¡No! ¡Madre! ―dijo sacudiéndola en busca de alguna reacción― ¡No! ―se negaba, luego procedió a levantar el cuerpo de su madre guindándola la parte superior del cuerpo de la mujer a su espalda y avanzó arrastrando el resto del cuerpo de la mujer― ¡Te sacaré de aquí Madre! ―gritaba con determinación mientras avanzaba con esfuerzo. Ya cerca de la puerta, una cortina de fuego se levantó justo en la entrada haciendo que el chico retrocediera y cayera sentado, dejando caer el cuerpo de su madre―Lo siento…―dijo sin preocuparse por sí mismo―Resiste…te sacare…―dijo y vio como una sonrisa se dibujaba en el rostro de su madre y de sus labios salían suavemente las palabras “Gracias” ― ¿Eh? ¿Qué dices? ―dijo y el calor comenzó a aumentar, sofocando poco a poco al pequeño, lo que lo llevó a comenzar a ahogarse con el humo―No puede ser…ayuda…madre…―dijo mientras perdía poco a poco el conocimiento, finalmente cayendo inconsciente sobre su madre. Minutos después, el rey entró en la habitación encontrando tirados los cuerpos de su familia, detrás de él entraron un grupo de guardias, rápidamente se llevaron al príncipe, y tras examinar a la reina dieron la lamentable noticia al rey, lo que lo hizo dar un grito al cielo. Cuando llegaron refuerzos el saqueo fue detenido. Durante esa noche diez guardias perdieron la vida, igualmente cinco sirvientas fueron abrasadas por el fuego, y también, la reina acabó falleciendo. Tras capturar a los saqueadores sus líderes se entregaron y el rey ordenó la ejecución publica de los mismos, liberando al resto luego de cumplir una fianza. El príncipe despertó al siguiente día sin recordar nada de lo ocurrido, y ese mismo día en la tarde, fue llevado por su padre para ver la ejecución. El acto se llevó a cabo en la plaza central, el rey ordenó que los culpables fueran quemados, tal como murieron las sirvientas del castillo y su esposa. El lugar estaba repleto de gente, guardias que mantenían en calma a la muchedumbre que se dividía en dos, aquellos que apoyaban la cruel decisión del rey y aquellos que lo veían como una injusticia apoyando a los saqueadores. Sentado en un podio, se encontraba el rey, y a un lado su único hijo. Esperando a que los acusados fueran subidos a la hoguera. Una vez se encontraban allí el rey dio la orden y el verdugo encendió la hoguera, poco a poco, el fuego fue alcanzando el cuerpo de los hombres quienes comenzaban a gritar de agonía. El príncipe desde su podio agachó la mirada y el rey le tomó de la mano―Debes observar―ordenó el hombre y el pequeño se dio cuenta de cómo la mano del rey temblaba, dándose cuenta de lo angustiado que estaba por lo que estaba pasando. Cuando todo terminó las personas volvieron a sus hogares, mientras las familias de los ejecutados lloraban frente a la hoguera, y mientras el rey partía de la mano con su hijo fue bañado de abucheos de la muchedumbre. Ese mismo día por la noche, el pequeño chico yacía en su cama, incapaz de dormir por las imágenes que invadían su cabeza: Hombres armados, grandes cantidades de fuego y montón de cosas más que no comprendía, entre tantas cosas, la figura de una mujer que sujetaba su mano firmemente mientras temblaba igual que lo hacia su padre durante la ejecución. A la mañana siguiente, todos los residentes del castillo fueron convocados para dar el adiós a los fallecidos de aquella noche, el cual se hacía quemando sus cuerpos en una hoguera. El acto se realizó a las afueras del castillo. Sin duda era un ambiente diferente, lleno de tristeza y melancolía compartida por todos los presentes. Cuando todos se fueron, el rey permaneció frente a la hoguera frente a su hijo, sujetando su temblorosa mano. Tras mirar a todas partes el pequeño dirigió la palabra a su padre―Padre… ¿Dónde esta Madre? ―preguntó y el rey apretó su mano con fuerza. ―Ellos se la llevaron…ellos nos la quitaron―respondió con gran pesar en sus palabras―Escucha Larry, las cosas siempre son así, los de abajo siempre nos miraran con envidia y resentimiento. Sin importar como los trates ellos siempre nos verán así―decía el rey con furia―Estoy solo en la cima pequeño, y algún día tú también lo estarás. Prepárate para endurecer tu corazón―dijo y el pequeño simplemente asintió.   Finalmente, Larry despertó soltando un gran aliento, al mismo tiempo unas cuantas lagrimas corrieron por su rostro―Entonces así fue…―dijo tras recordar todo. ―Así que volviste―dijo Gabriel al verlo despierto y Larry volteó su mirada hacia el―Discúlpame, por mostrarte eso…―se disculpó por lo que vio Larry. ―Claro que no…de alguna forma, me alegra haberlo recordado―dijo se sentó de piernas cruzadas―Pero…ahora estoy confundido…―comentó el chico algo agobiado―Mi padre siempre dijo que los pobladores eran envidiosos y crueles, y resulta que siempre fue por esto que lo decía…aunque ellos no tenían la culpa de nada…―decía dándole vueltas al asunto―Pero, así mismo, mi padre tomó una decisión apresurada guiándose por el odio que tenía, separó a esas personas de su familia―dijo bajando la mirada con sus ojos empañados―¡No lo entiendo! ¿Quién es el malo? ―preguntó a Gabriel y este levantó sus hombros. ―Es difícil responder con certeza, pero, te digo algo, el bien y el mal no distingue clases―dijo y Larry asintió interesado en sus palabras―Es verdad que tu padre se apresuró, pero, ¿Qué tal si los pobladores hubieran hablado con el rey, en lugar de a****r el castillo? ―dijo dejando a Larry pensativo―Así mismo, tu eres un príncipe y Ken es un plebeyo, pero ambos son buenos chicos, así mismo, al enemigo que se enfrentan es seguramente un rey ¿Entiendes lo que te digo?―dijo y Larry asintió―Las clases fueron impuestos por la sociedad, pero no influyen para nada en el corazón de las personas―dijo y Larry bajó la mirada. ―Creo que entiendo, pero, necesito tiempo para procesar―dijo algo melancólico―Esto va en contra de todo lo que he creído ¿Sabes? ―dijo algo confundido entonces Gabriel sonrió. ―Bueno, de eso trata el entrenamiento. Alma, Mente, Corazón. Tal como lo dijo Lectro: “Cuando logres la completa armonía y descubras lo que sientes de verdad, tendrás el poder para conseguir lo que te propones” ―dijo recitando al hombre. ―Lo entiendo―dijo con gran decisión y Gabriel le miró con firmeza sintiéndose algo orgulloso. ―Bueno, te dejaré solo entonces―dijo dándose la vuelta. ― ¡Espera! ―le detuvo Larry―Hay algo más que quiero preguntarte, un viejo del cristal me comentó sobre una forma de cambiar la apariencia de la espada, a un arma que se adapte más a su usuario. ¿Sabes algo de eso? ―dijo sacando de lugar a Gabriel. ―La verdad no tenía idea…―dijo y Larry se decepcionó un poco―Nunca había conocido a un protector hasta que llegaron ustedes, pero, basado en cómo funciona la energía espectro, creo que sería posible―dijo volviendo el ánimo a Larry. ― ¡Genial! Me esforzaré por alcanzar eso entonces―dijo el joven entusiasmado. ―Sí, me alegra oír eso―comentó sonriente. ―Pero, aun no te vayas―pidió Larry al joven y apuntó su espada hacia él―Por favor, combate conmigo―pidió a Gabriel y este se vio sorprendido. ― ¿Seguro? ―preguntó el joven y Larry asintió. ―Debo practicar esto también, a diferencia de Ken, no soy tan bueno con la espada, y no cuento con la versatilidad de Foresta―mencionó a sus compañeros―Así que, quiero mejorar también mis habilidades, por favor―pidió nuevamente. ―Bueno…olvide que no eras un guerrero ni nada. De acuerdo―accedió Gabriel e hizo un movimiento con su mano levantando una cortina de fuego. Larry dio unos pasos atrás y comenzó a sudar de pronto. ―Vaya, vaya―dijo con una nerviosa sonrisa―Si te temo después de todo ¿Verdad? ―dijo refiriéndose al fuego―Pero… ¡Te superare! ―apuntó su espada con gran coraje, lo que hizo sonreír a Gabriel del otro lado. ― ¡Ven, Larry! ―desafió al joven bastante emocionado.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR