Aquello que buscas ser I

2204 Palabras
Por las lejanías del reino de Ariun, tras unas horas más tarde de alejarse de los demás, Ken y Lectro llegaron a un valle alejado de la población. Lectro avanzó hasta el centro del lugar, mientras Ken por su parte se quedó maravillado por el lugar tan diferente a lo que ya había visto en Ariun―Vaya… ¿Aun estamos en Ariun? ―preguntó el joven. ―Si. Este lugar es falso, es una proyección o algo así, no lo sé―dijo y procedió a sentarse en el suelo. ―No has cambiado nada…―dijo sonriendo y se sentó a unos metros frente a Lectro. ―Sí, sí. Pero no puedo decir lo mismo de ti. ¿Desde cuando eres tan callado? ―preguntó al joven sorprendido por su forma de ser actual. ―Bueno, yo…―intentaba decir algo. ―No importa, supongo que no sorprende después de tanto―dijo haciendo referencia a todo lo que Ken había pasado―Has crecido Kenny―dijo mirándolo de arriba para abajo―Te pareces a tu padre―comentó sorprendiendo al joven. ― ¡Eh! ¿Conociste a mi padre? ―dijo impresionado por la noticia.  ― ¿Nunca te lo dije? ―dijo sorprendido de sí mismo―Si te lo dije…formé parte de la guardia real junto a tu padre, ¿Recuerdas? ―buscó excusarse. ― ¡Mentiroso! ¡Nunca lo mencionaste! ―reclamó el joven. ―Bueno, bueno, ya lo dije―dijo intentando calmar al joven. ―Imbécil…―dijo algo enojado. ―Cálmate…no es como si eso fuera a cambiar algo―dijo mirando al enojado joven―Sí que te pareces, aunque tienes los ojos de tu madre―dijo mirando a otro lado. ― ¿Eh? ¿Conociste a mi madre? ―preguntó algo más calmado. ―Así es ¿Qué crees? No siempre fui un viejo de la calle, viví en Uulen ¿Recuerdas? ―dijo y Ken se disculpó―Tu madre era muy joven cuando murió. Vaya que era una mujer hermosa―dijo y volteó a ver al chico. ―No hablas así de mi madre ¡Viejo asqueroso! ―dijo con desagrado y Lectro rio suavemente. ―Lo siento…por cierto ¿Qué con ese cabello? ―dijo cambiando al tema centrándose en el largo cabello de Ken. ―Esto…mi padre decía que un largo cabello era la marca de todo buen espadachín―dijo y miró de reojo a Lectro, este inmediatamente comenzó a reír con fuerza― ¿¡Que pasa!?―reclamó algo avergonzado. ― ¿Eso dijo? ―preguntó aun riendo y Ken asintió avergonzado, lo que provocó que Lectro riera aún más fuerte. ― ¡Cállate! ―reclamó y arrojó una roca que encontró, lanzándola a unos metros de Lectro. ―Lo siento, lo siento…es que creo que hubo un mal entendido―dijo apaciguando su risa, hasta finalmente soltó un fuerte suspiro―Hace tiempo que no reía así. Cambiando de tema, tu padre sí que era especial―dijo y Ken le miró atentamente. ― ¿Qué quieres decir con malentendido? ―preguntó el chico. ―Luego te lo explicare, por ahora empecemos el entrenamiento―dijo secando lagrimas que derramó de tanta risa. ―Sí, de acuerdo―dijo colocándose de pie rápidamente. ― ¿Qué haces? ¡Siéntate! ―reclamó el hombre dejando Ken confuso. ―Pero…se supone que entrenaremos―dijo apuntando su espada y Lectro negó con la cabeza. ―Deja eso, tienes la habilidad suficiente con la espada. Lo que haremos aquí será fortalecer el resto de ti―dijo dejando intrigado al joven―Alma, mente, corazón―mencionó levantando un dedo por cada una de las tres―Son las tres fortalezas necesarias para manifestar un color―explicó y Ken asintió―Así que, cuéntame Kenny―dijo confundiendo nuevamente al joven― ¿Qué tal tu viaje? ―preguntó con una sonrisa en su rostro. ―Bueno…bien, supongo―dijo y Lectro le miró algo decepcionado― ¿Qué pasa? ―dijo algo avergonzado. ―Lo siento, creo que pregunte mal, ahí voy de nuevo ¿Qué tal tus compañeros? ―dijo sorprendiendo a Ken con la pregunta. ―Bueno…―buscaba dar una respuesta―Tú los viste, son Larry, Foresta, Sasha y Samos―dijo contándolos con los dedos lo que terminó sacando de sus casillas a Lectro. ― ¡Maldición! ―dijo asestando un golpe en la cabeza de Ken― ¡Que pasa contigo! ¿¡No tienes sentimientos o que!?―reclamó el hombre enojado― ¡Ya sé quiénes son! ¡Solo quiero que me digas que piensas de ellos! ―gritaba al chico. ― ¿¡Y por qué no lo preguntas y ya!?―gritó sobando su cabeza. ― ¡Cállate! ―reclamó nuevamente y soltó un suspiro terminando por calmarse―Ya sabes lo que quiero oír, así que adelante―dijo y notó a Ken algo nervioso― ¿Qué pasa? Vamos, abre tu corazón o lo que sea―dijo sonriéndole al chico y este asintió aún nervioso. ―Bueno, empezando por Larry, sí que es un gran chico, bastante animado, alguien en quien puedes confiar, pero…―dijo haciendo una pequeña pausa―Creo que esconde más de lo que muestra, parece sentirse inseguro…insuficiente―dijo y Lectro asintió―Y a mi parecer, pese a que es un buen chico, parece tener un tipo de desprecio por algunas personas, ¿Cómo decirlo? …―buscaba el termino correcto―Personas “No importantes” por así decirlo―se explicó. ―Bueno, es un príncipe después de todo―interfirió Lectro. ―Puede que tengas razón, pero, no lo sé…―dijo sin agregar nada más. ―Continua―pidió Lectro y Ken asintió. ―Bueno, Samos es un gran hombre, bastante sabio y carismático―dijo y Lectro sonrió―Nos ha ayudado mucho desde que salimos de Monkoi y es un gran alivio tenerlo allí, creo que no habríamos avanzado mucho sin su presencia―dijo sonriente. ―Y que lo digas―comentó Lectro sonriendo―Samos siempre fue así: Sonriente, lleno de vida. A veces me cuesta creer que sea así tras todo lo que pasó en su vida―dijo despertando la intriga en el joven. ― ¿Lo que le pasó? ¡Cuéntame! ¡Cuéntame! ―pidió y Lectro se negó. ―Para nada, si quieres saberlo pregúntaselo luego a él. Él no tiene ningún problema para hablar de ello―mencionó el hombre. ― ¿Seguro? ―preguntó nuevamente y Lectro asintió―Tal vez lo haga entonces―dijo e hizo una pausa―Continúo entonces. Sasha, bueno, que decir, es mi amiga de la infancia, y todo este tiempo creí que no la volvería a ver, así que no te imaginas como me sentí al reencontrarme con ella, es como si una luz de esperanza hubiera caído sobre mí―dijo con los ojos empañados y entonces bajo la mirada―Ella ha cambiado un poco, pero, aún conserva lo que me gusta de ella: Su carisma, su forma de ver el mundo y sus deseos de que este se vuelva un lugar mejor, su sonrisa, que siempre permanece incluso ante la adversidad, su humildad, y ese apoyo incondicional que brinda a todos…―decía y subió la mirada hacia Lectro, quien le miraba con desagrado―¿Qué…que pasa…?―preguntó avergonzado. ―Que cursi…me das asco…―dijo haciendo incomodar a Ken. ― ¡Cállate! ¡Tú me pediste que te hablara de ellos! ―reclamó al hombre y este echó a reír. ―Cálmate, cálmate. Solo bromeo―dijo entre carcajadas―Me alegro que mi chico tenga alguien a quien amar―dijo poniéndose serio y Ken volteó la mirada sonrojado. ―Si…―dijo avergonzado―Aunque últimamente ella parece tener algún problema conmigo―dijo y Lectro le dirigió toda su atención―Últimamente me reclama todas mis decisiones, y me pide que frene mi paso, que me cuestione todo por lo que he luchado. Sé que quiere que esté a salvo, pero, ella no entiende que esto es algo que debo hacer, que no puedo tomarme nada de esto a la ligera―explicó y Lectro le miró por unos minutos sin decir nada― ¿Qué…pasa? ―dijo nerviosos y Lectro soltó un suspiro. ―Ya, pero. ¿Tú crees que ella es el problema? ―dijo dejando a Ken confuso―Dime ¿Alguna vez te has detenido a escucharla? ¿O solo asumes lo que ella está pensando? ―dijo y Ken bajó la mirada sin decir nada―Nunca te lo pregunte, dime Kenny ¿Qué te motiva a avanzar? ―preguntó y Ken lo pensó unos minutos. ―Debo cumplir la encomienda de mi padre―dijo con firmeza y Lectro se levantó de su lugar. ― ¡Maldición! ―dijo tras colocarse de pie sacando de lugar a Ken― ¿¡Que pasa contigo!? “Mi padre esto” “Mi padre aquello” ¿¡Te has detenido a escucharte!? ¡No eres tu padre! ―reclamó y el chico no respondió nada―Supongamos que lo haces, cumples los deseos de tu padre ¿Y luego qué? ¿Qué hará Kenny Tesslakson una vez que todo acabe? ―preguntó y el chico le miró buscando algo que decir. ―Yo…―intentaba hablar. ― ¡Ahí esta! No quería decirte esto Kenny, quería que te dieras cuenta por ti mismo, pero no pareces aprender…―dijo y se detuvo a pensar unos minutos, tras soltar un quejido apuntó al chico con su dedo― ¡Estas vacío! ―dijo desconcertando al muchacho― ¡No eres más que un cajón andante que lleva los deseos de un hombre muerto! ―dijo y Ken se colocó de pie. ― ¡Oye, tu! ―dijo parándose firme frente a Lectro. ― ¡Cállate! ―dijo haciendo retroceder al chico― ¿¡Que pasa!? ¿Duele? Entonces es porque tengo razón, y una parte de ti lo sabe―dijo y el chico comenzó a temblar de la furia― ¿Qué pasa? ¡No te contengas! ¡Golpéame si quieres! ¡Por que no voy a retractar mi palabra! ―gritaba al chico hasta que vio como el joven levantó su mano derecha y luego se escuchó un fuerte golpe― ¿Qué…? ―dijo al ver al chico tirado en el suelo sobando la mejilla donde el mismo se dio un puñetazo―Kenny…―dijo y de pronto vio al chico derramar lágrimas. ― ¡Lo sé! ―gritó entre lágrimas―Pero… ¿¡Que quieres que haga!? ¿¡Es que no puedes verlos!?―dijo dejando sorprendido a Lectro― ¡Están allí! ¡Padre, Kenny, El rey, La reina, Los guardias, Los niños! ―mencionaba Ken a todas esas personas― ¡Todos están allí! ¡Todos me observan! ¡Todos esperan que haga algo! ¡Dime! ¿¡Que más quieres que haga!?―dijo sentándose y recogiéndose de rodillas y agachó su cabeza apoyándola sobre sus rodillas―Solo quiero…solo quiero que se vayan…solo quiero que descansen…solo quiero descansar…―decía derramando hartos ríos de lágrimas. Lectro tras ver lo sucedido comenzó a sentir frustración. ―Kenny… ¿Cuánto tiempo llevan ellos ahí? ―preguntó con gran pesar. ―Desde aquel día…desde que leí la carta…desde entonces han estado observándome…cada día, por casi nueve años…―dijo aun llorando. De pronto escuchó la voz de Lectro pronunciando su nombre y subió la mirada para ver la mano del hombre extendida hacia él, Ken la tomó y el hombre lo levantó con fuerza e inmediatamente lo abrazó con gran fuerza desconcertando al joven. ―Lo siento…no tenía idea de la cruz con la que cargas…―dijo y Ken lo apretó con fuerza, finalmente soltó a Ken del abrazo y este comenzó a secar sus lágrimas. Lectro colocó su mano sobre la cabeza del chico y comenzó a hablar―Hace rato te dije que continuaríamos donde lo dejamos. Ese día que fuimos a Uulen, te dije que debías hablar con alguien, quiero que lo hagas ahora…―dijo dejando con intriga al muchacho―Toma tu espada y clávala en la tierra―ordenó y Ken asintió e hizo lo que Lectro le pidió. Luego se sentó frente a la espada y le pidió a Ken que hiciera lo mismo, el chico obedeció y Lectro extendió sus manos hacia la espada―Haz lo mismo―ordenó y Ken extendió sus manos de la misma manera. Luego Lectro cerró los ojos y la espada comenzó a emitir un fuerte brillo amarillo, por lo cual Ken recordó aquel momento en el santuario de Nyevad con Fredo―Mira fijamente la espada―Ken asintió e hizo lo que le pedía Lectro. Tras unos minutos Ken observó como el brillo se hacía cada vez más intenso, hasta que finalmente el chico perdió el conocimiento y se desplomó sobre la tierra.
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