Me sentía como una completa inútil, no había pasado ni un día que llegué y ya me estaban secuestrando, ¿Cómo se suponía que iba a salvar los reinos, si ni siquiera podía salvarme sola?
Me preguntaba porque mi anillo brillaba de esa manera, acaso ¿ese era mi poder mágico?, no podía esperar a descubrir que otros poderes tenía guardados.
Al día siguiente, desperté cayendo de la cama al escuchar el fuerte sonido de una trompeta.
-¡Es hora de despertar dormilona!-Grito Eusudrin entrando en mi habitación.
-Casi provocas que me sangren los oídos-dije tapando mis orejas.
-Discúlpame, pero ya es hora de tu entrenamiento.
-Lo había olvidado, que emoción, ¿eres el único que quiso entrenarme?
-Por el momento entrenaras conmigo, tengo algo para ti-El caballero azul salió un rato al pasillo y luego volvió con un paquete en sus manos.
-¿Para mí?
-Ábrelo-me lo entregó.
Lo abrí rompiendo la envoltura y me sorprendí al ver una armadura brillante de color dorado.
-¿Esto era de mi madre?
-Sí, lo usaba para luchar, era muy buena en las batallas.
-Soy tan distinta a ella.
-Sé que estás asustada, pero te prometo que todo saldrá bien.
-¿Porque estas tan seguro?
-Porque confío en ti. No te preocupes, te estaré ayudando siempre que lo necesites.
-Gracias Eusudrin, eres un buen amigo.
Su expresión de entusiasmo, cambió a una de decepción. Me alegraba tanto haberlo conocido, si no fuera por él, le habría hecho caso a la anciana. Me sirvió el desayuno y luego fuimos a su guarida especial de entrenamientos donde había variedades de armas de combate.
Hizo que me parara sobre un círculo rojo y unas paredes brotaron del suelo rodeándonos. Eusudrin empuño su espada y se acercó a mí para tratar de herirme, pero logré evadirlo justo a tiempo.
-¡¿Que pasa contigo?! ¡¿tratas de matarme?!
-Defiéndete.
-¿Eh?
Quiso atacarme de nuevo, pero me agaché evitándolo.
-¡Usa tus poderes!
-¡Ya te dije que no tengo ningún poder!
Como si estuviera poseído, siguió atacándome con su espada y lo único que podía hacer, era evadir los ataques con dificultad. Su agilidad se hacía más rápida y cada vez me resultaba más difícil evadirlo. Sus ataques se volvieron mucho más fuertes y comenzaban a provocarme leves rasguños.
-¡Defiéndete!
-¡No puedo!
Por más que me atacara con la espada, no reaccionaba de ninguna manera. Finalmente terminé agotada y caí al suelo sin poder moverme. Las heridas me sangraban sin parar.
-¡¿Qué se supone que tratas de hacer?!
-Tus poderes aun no despiertan, trataremos con otra cosa, ¿quieres descansar?
-No-respondí tratando de recuperar el aliento.
Espero a que me recuperara y luego me llevó al jardín, hizo que me sentara en una enorme roca y me pidió que me quedara allí quieta sin moverme.
-¿Qué hacemos aquí?, ¿no iba a entrenar?
-Para eso estás aquí.
-¿Qué se supone que haga ahora?
-Primero tenemos que despertar tus poderes dormidos.
-Yo no tengo ningún poder.
-¿A no?
-Quiero empezar ya.
-Para empezar tu entrenamiento, quiero que te quedes aquí. Cierra los ojos y piensa en una luz dorada.
-¿Luz dorada?
-Cierra los ojos y concéntrate en una luz dorada, en joyas preciosas, en oro o en alguna luz que brille en la oscuridad.
-¿Bien?, ¿por cuánto tiempo debo hacer eso?
-Por tres días.
-¡¿Tres días?!
-Espero que sea suficiente para que tus poderes despierten.
-Pero...
-Vendré a verte pronto-se fue antes de que pudiera reclamarle.
-Mierda...
A partir de ese momento, mi entrenamiento comenzó. Permanecí varias horas sentada en la roca pensando en una luz, y todavía me faltaban más horas. Ya estaba oscureciendo y mi trasero me molestaba de tanto estar sentada. Como vi que Eusudrin no regresaba, decidí dejar la meditación para ir al pueblo a curiosear.
Me gustaba mucho el reino de Merida, me recordó mucho a las películas de la época medieval. Pensé que tal vez, podría acostumbrarme a vivir allí. Realmente no sabía que iba a lograr volviendo a mi mundo, a nadie le importaba a parte de mi madre.
Observe el cielo esperando ver un dragón o alguna otra criatura mágica, me fije en las nubes y me di cuenta que todas tenían la forma de una luna, el sol era mucho menos intenso que el de mi mundo.
Estaba a punto de entrar en una tienda de ropa, cuando de repente oí un grito. Una vendedora de frutas estaba siendo asaltada por tres maleantes. Uno de ellos era mitad humano y mitad murciélago, el segundo era mitad humano y mitad gato y el tercero era una mezcla de humano con un cuervo.
Al no conformarse con el puesto de frutas, se pusieron a saquear los demás puestos. Alguien debía ayudar a esa pobre gente. Sabía que era mi obligación por ser la elegida, pero, ¿qué se suponía que les iba a hacer?
-¡Alto!-grité de la nada sin saber porqué lo hice.
-Miren, es la elegida-dijo el chico murciélago.
-¿Por qué no la raptamos y la vendemos?, nos darían mucho por ella-dijo el chico gato.
Genial, ya todos sabían de mi faceta como doncella secuestrada, lo que menos quería era representar el papel de la típica princesa en apuros que debía ser salvada por un príncipe.
El chico cuervo y el chico murciélago me agarraron por detrás mientras que el chico gato me rasguño el rostro con sus garras. De repente el anillo volvió a brillar y los tres chicos se apartaron de mí. Retrocedieron tapándose los ojos mientras que la luz se expandía más. Una esfera de luz se formó sobre mi cabeza y de ella salió un especie de cetro mágico con un cristal en la punta.
Agarre el cetro y lo apunte hacia ellos, del cristal salió un rayo de luz que los hizo desvanecerse.
Mi cuerpo dejó de brillar, pero el cetro seguía en mis manos. Los tres chicos dejaron de tener sus partes de animal y se arrodillaron ante mí.
-Gracias elegida-dijeron los tres al mismo tiempo.
-¿Quiénes son ustedes?-pregunte confundida.
-Somos los ladrones. Gracias al poder de tu luz, volvimos a ser humanos normales. Gracias.
-¿Por nada?, no tienen que agradecérmelo-dije apenada.
Los tres chicos se fueron y la señora del puesto destruido me regaló una canasta de frutas como agradecimiento.
-Muchas gracias elegida.
-No tiene que agradecerme señora, es mi trabajo.
Al parecer tanta meditación, valió la pena. Mi cetro desapareció y me quede preocupada, no estaba segura de cómo usar mis poderes, ni sabía cómo despertarlos. Supuse que reaccionaban luego de ver a alguien en peligro.
Quise probar mis poderes de nuevo y me puse a buscar a alguien que estuviera en peligro, pero todos estaban felices de despreocupados. Le pregunté a uno de los habitantes cuál era la zona más peligrosa del pueblo. Él me indicó donde era, pero me advirtió que no fuera allí. Le agradecí por su ayuda y luego el hombre siguió de largo. Ignore sus advertencias y me encamine a la zona donde me había indicado.
Esa parte del pueblo, estaba mucho menos poblado y los habitantes no se veían muy amigables. Camine evitando tener cualquier tipo de contacto visual con alguien. Pase por un bazar donde se vendían toda clase de objetos extraños.
Se vendían cuernos de unicornio, ollas de oro de duendes, ninfas esclavas, hadas pequeñas guardadas en frascos, ojos de cíclopes, escamas de dragón y libros de hechizos prohibidos. Una mujer se me acercó para ofrecerme un elixir de la vida que según ella, servía para revivir a cualquier persona fallecida.
Era un especie de mercado n***o, ignore a la mujer y seguí caminando. Se estaba haciendo de noche y no recordaba cómo volver al palacio. No podía pedir ayuda porque todos los clientes y vendedores parecían ser prófugos de la justicia.