Ya era muy tarde y yo era la única que seguía por el pueblo. No tenía ni la menor idea de donde estaba y probablemente Eusudrin me mataría con su espada por haber escapado de la meditación.
Vi un bosque cerca y me adentre en él, cualquier cosa era mejor que seguir deambulando por la parte oscura del reino. La naturaleza era agradable, pero la noche la hacía lucir tenebrosa. Una persona encapuchada cayó de un árbol y sonrió al verme. Luego se fue corriendo al escuchar pasos acercándose. Unos guardias de armadura negra lo siguieron sin percatarse de mi presencia.
Era el mismo joven que ayudó al duende, al parecer era un fugitivo de la ley. Quise seguirlo, pero se lo perdí de vista, incluso los caballeros no pudieron atraparlo.
Me daba curiosidad saber quién era realmente, pero tenía peores cosas en que pensar. Tenía que encontrar un buen sitio para pasar la noche. Observe el bosque y me pareció un lugar relativamente seguro.
Me acomode cerca de un árbol y me quede dormida confiando en que no hubiera ningún animal salvaje o criatura peligrosa.
Al día siguiente, me puse en marcha para encontrar el camino de regreso al castillo. Unos amables pueblerinos se ofrecieron en llevarme hasta allí, acepté pensando que sería buena idea. Pero me llevaron a un lugar aislado.
-Será mejor que no intenten nada, les advierto que tengo poderes.
Mis intentos de parecer valiente, eran muy débiles. Mis rodillas temblaban y en mi expresión se podía notar fácilmente el nerviosismo que sentía.
Los pueblerinos me acorralaron en una pared. Dos de ellos me agarraron de los brazos para que no escapara. Mientras que el tercero se transformaba en Ivucu.
-¿Tu de nuevo?, ¿qué es lo que quieres?, no es un buen momento.
-Esta es tu última oportunidad hermanita, únete a nuestro equipo o muere con el resto.
-¡Jamás me uniré a ustedes!, no me importa lo que me ocurra, ayudare a los habitantes de los reinos, aun si debo morir para salvarlos, lo haré.
-El mal corre por tus venas, no puedes negar lo que eres.
-¡Yo no soy como tú!, mi madre cometió un error, pero al menos trato de remediarlo.
-Una parte de ti es malvada, acéptala y gobierna con nosotros.
-Puedes esperar sentado, porque eso no va a pasar.
Mi cuerpo emitió una luz cegadora empujando a Ivucu y a sus ayudantes. El círculo anterior volvió a formarse sobre mi cabeza y de ella salió el mismo cetro.
-¿Nuevo juguete?, puedo ayudarte a controlar tus poderes.
Lo apunte a sus ayudantes y estos se desvanecieron. Sus servidores no eran más que una ilusión. Lance una esfera de luz a Ivucu y él me lanzó una esfera de oscuridad. Ambos poderes chocaron sin herir a ninguno.
Lance el mismo ataque y él hizo lo mismo, ambos poderes eran igual de fuertes, una explosión se originó de esa fusión y ambos caímos al suelo.
Eusudrin llegó junto a nosotros e interrumpió nuestra pelea. Quiso a****r a Ivucu, pero él se desvaneció antes de que pudiera hacerlo.
-Gracias Eusudrin.
-¿Qué andabas haciendo por este lugar?, el pueblo se volvió inseguro desde los ataques de Ivucu y las sombras.
-Lo siento, pero adivina, despertaron mis poderes.
-Eso está muy bien, pero se supone que debías estar meditando.
-Es que me aburría...
-Bueno, volvamos al castillo.
Ya era muy tarde y yo era la única que seguía por el pueblo. No tenía ni la menor idea de donde estaba y probablemente Eusudrin me mataría con su espada por haber escapado de la meditación.
Vi un bosque cerca y me adentre en él, cualquier cosa era mejor que seguir deambulando por la parte oscura del reino. La naturaleza era agradable, pero la noche la hacía lucir tenebrosa. Una persona encapuchada cayó de un árbol y sonrió al verme. Luego se fue corriendo al escuchar pasos acercándose. Unos guardias de armadura negra lo siguieron sin percatarse de mi presencia.
Era el mismo joven que ayudó al duende, al parecer era un fugitivo de la ley. Quise seguirlo, pero se lo perdí de vista, incluso los caballeros no pudieron atraparlo.
Me daba curiosidad saber quién era realmente, pero tenía peores cosas en que pensar. Tenía que encontrar un buen sitio para pasar la noche. Observe el bosque y me pareció un lugar relativamente seguro.
Me acomode cerca de un árbol y me quede dormida confiando en que no hubiera ningún animal salvaje o criatura peligrosa.
Al día siguiente, me puse en marcha para encontrar el camino de regreso al castillo. Unos amables pueblerinos se ofrecieron en llevarme hasta allí, acepté pensando que sería buena idea. Pero me llevaron a un lugar aislado.
-Será mejor que no intenten nada, les advierto que tengo poderes.
Mis intentos de parecer valiente, eran muy débiles. Mis rodillas temblaban y en mi expresión se podía notar fácilmente el nerviosismo que sentía.
Los pueblerinos me acorralaron en una pared. Dos de ellos me agarraron de los brazos para que no escapara. Mientras que el tercero se transformaba en Ivucu.
-¿Tu de nuevo?, ¿qué es lo que quieres?, no es un buen momento.
-Esta es tu última oportunidad hermanita, únete a nuestro equipo o muere con el resto.
-¡Jamás me uniré a ustedes!, no me importa lo que me ocurra, ayudare a los habitantes de los reinos, aun si debo morir para salvarlos, lo haré.
-El mal corre por tus venas, no puedes negar lo que eres.
-¡Yo no soy como tú!, mi madre cometió un error, pero al menos trato de remediarlo.
-Una parte de ti es malvada, acéptala y gobierna con nosotros.
-Puedes esperar sentado, porque eso no va a pasar.
Mi cuerpo emitió una luz cegadora empujando a Ivucu y a sus ayudantes. El círculo anterior volvió a formarse sobre mi cabeza y de ella salió el mismo cetro.
-¿Nuevo juguete?, puedo ayudarte a controlar tus poderes.
Lo apunte a sus ayudantes y estos se desvanecieron. Sus servidores no eran más que una ilusión. Lance una esfera de luz a Ivucu y él me lanzó una esfera de oscuridad. Ambos poderes chocaron sin herir a ninguno.
Lance el mismo ataque y él hizo lo mismo, ambos poderes eran igual de fuertes, una explosión se originó de esa fusión y ambos caímos al suelo.
Eusudrin llegó junto a nosotros e interrumpió nuestra pelea. Quiso a****r a Ivucu, pero él se desvaneció antes de que pudiera hacerlo.
-Gracias Eusudrin.
-¿Qué andabas haciendo por este lugar?, el pueblo se volvió inseguro desde los ataques de Ivucu y las sombras.
-Lo siento, pero adivina, despertaron mis poderes.
-Eso está muy bien, pero se supone que debías estar meditando.
-Es que me aburría...
-Bueno, volvamos al castillo.
Empezamos de nuevo con el entrenamiento, pero esta vez, de la manera correcta. Me tome muy enserio lo de la meditación y trate de enfocarme en una luz brillando en la oscuridad, pero me resultaba difícil. Nunca fui una de esas alumnas que prestaba atención en la clase, aparte de ser muy inquieta.
Lo seguí intentando hasta que pude lograr concentrarme. Imagine una luz brillante frente a mi, la luz se expandió cubriendo mi cuerpo y comencé a sentir mucha calidez. La calidez se convirtió en ardor provocando que abriera los ojos.
Vi a Eusudrin parado frente a mi y me pregunto si me encontraba bien. Quiso hacer que entrara a dormir, pero me negué. No quería interrumpir con la meditación como la otra vez, quería lograr la concentración total a toda costa.
Continué enfocándome en una luz. Imaginaba a mi cuerpo cubierto por un brillo único, el mismo brillo que había visto el día que aparecí en el mundo ficticio. Mi cuerpo se sentía cálido y me esforcé en que se mantuviera en ese estado.
En el tercer día de la meditación, finalmente volví a abrir los ojos y nuevamente vi a Eusudrin parado frente a mi.
-Has pasado mucho tiempo aquí afuera, ¿cómo te sientes?
-De hecho me siento bien, mejor que nunca.
-En ese caso podemos probar tus habilidades de nuevo.
Me dio de comer y luego fuimos al salón de entrenamientos. Me paré sobre el círculo rojo y él se aproximó a mí con su espada en mano. Lo esquive sin poder reaccionar de otra manera. Intento atacarme varias veces y lograba evadir sus ataques, pero mis poderes no despertaban.
-No lo entiendo, me pasé tres días haciendo lo que me dijiste, tendría que haber funcionado.
-Trata de no forzarlo.
-¿Cómo va el entrenamiento?-preguntó Iris entrando al salón.
-No muy bien, sus poderes aun no despiertan-respondió Eusudrin.
-Tus tácticas son muy débiles, déjamelo a mi.
Eusudrin se retiró dejándome sola con Iris. Estaba muerta, si los ataques de Eusudrin me dolían, los de Iris iban a matarme, sentía que ella era muy capaz de intentar matarme.
Empuño su espada y al igual que Eusudrin, comenzó a atacarme con ella. Con la diferencia de que era mucho más ágil y veloz que Eusudrin, me costaba mucho trabajo evadir sus ataques. Caí al suelo más de una vez y ella solo me exigía que me defendiera.
-No puedo.
Siguió atacándome causándome rasguños.
-De verdad no puedo.
Nuevamente me siguió atacando sin importarle mi sufrimiento.
-¡¿Qué rayos pasa contigo?!
-¡Defiéndete inútil!, ¿Vas a dejar que te gane?
No había forma, simplemente mis poderes no despertaban. Detuvimos la pelea y ella curó mis heridas.
-¿Cómo es posible que no sepas usar tus poderes?
-No es mi culpa.
-Sin ellos, no podrás sernos de mucha ayuda.
-No se porque no funcionaron, sirvieron en la ciudad.
Pier interrumpió nuestra discusión y nos pidió que fuéramos al salón principal. La reina estaba mirando a través de su ventana con expresión de tristeza en el rostro, desvió su atención del vidrio para centrarse en nosotros.
-Elegida, ya es hora.
-¿La hora de que?
-De que te enfrentes a Badrech, tendrá que ser más pronto de lo que esperamos.
-¡¿Que?!
-Pero no está lista, su majestad.
-No tenemos otra opción Iris. Ivucu y su ejército vendrán a atacarnos y mientras quiero que ella vaya al castillo de Badrech y recupere los anillos que robo.
-¿Qué tan pronto sería eso?, su majestad.
-Deberás emprender tu camino mañana.
-¿Puede acompañarme Eusudrin?
-Temo que no Jessica, es algo que debes hacer sola.
-Pero aun no controlo mis poderes.
-Sé que puedes hacerlo, tu anillo te protegerá. El camino al castillo no será fácil, pero confió en tus habilidades.
-Lo haré reina Merida, iré a enfrentar a Badrech.
-Buena suerte elegida.
Eusudrin y Iris me llevaron al cuarto de armas de combate. Me sentí como toda una guerrera al estar allí.
-Solo puedes elegir un arma, así que, elige bien-dijo Iris.
-Elijo...-observe cada arma hasta que me centre en una espada dorada.-Elijo esta-dije tomándola.
-Es la misma arma que usaba la reina Cristal-dijo Eusudrin.
-Genial, pensamos igual.
-Ten-Iris me entregó un libro polvoriento.
-Y ¿esto?
-Es un libro de hechizos, si tienes problemas, lo vas a necesitar.
-Gracias Iris, sé que empezamos con el pie izquierdo, pero me alegra que nos estemos llevando mejor.
-Será mejor que no falles.