Ailén escuchaba el llanto de Verónica cerca de su pecho, podía sentir como temblaba y la forma en que sostenía sus brazos con fuerzas.
- ¿Qué fue lo que te pasó? – preguntó Lucy, mirando con sorpresa el resto de sus amigos.
-Ailén – Patrick parecía igual de conmocionado que el resto, Violet también parecía alterada y tomó asiento en el sofá.
Ailén miró a sus cuatro amigos, la situación era lo suficiente como para tener que hablar de las cosas que habían sucedido.
- ¡Dimos! – Violet se acercó con lágrimas en los ojos - ¿Por qué nunca nos contaste?
- ¿Quieren saber? ¡Ahora! – su paciencia había llegado a su límite - ¿Dónde estaban cuando los necesité? - hablo con fuerza, dejando al resto helados – Todos estaban demasiado ocupados como para escucharme. Violet – dirigió su vista a la chica – Cuando te busqué, me dijiste que hablábamos después porque estabas ocupada con tus nuevos diseños. Lucy – la chica salto al escuchar su nombre – Te llamé más de diez veces y después te mandé mensajes para hablar, me respondiste dos semanas después. Y ustedes, Patrick – el chico parecía listo para recibir lo que vendría – En aquel entonces ni tú mismo sabías que pasaba en tu vida, te fuiste de Italia y no había manera de contactarte. Por último, Verónica, tu vida estaba yendo por buen camino y no me hablaste ni una sola vez desde la última vez que nos vimos.
Todos parecían abatidos ante aquellos reclamos. Pensaban sobre lo que acababan de escuchar y no había duda que era cierto, hubo un tiempo en el que ellos se concentraron tanto en su vida, que olvidaron a las personas que los rodeaban.
-Lo sentimos – Verónica hablo después de haber calmado su llanto – Se que una disculpa no es suficiente, el trauma que pasaste no es nada fácil de sobrellevar. Pero queremos ayudarte, esta vez lo haremos.
Ailén tomó asiento en el sofá frente a la televisión y sonrió amargamente – No hay nada que puedan hacer – apretó sus manos y miró el suelo – Hace mucho que decidí dejar todo atrás, enterré mis sentimientos, ahogué mis penas en el trabajo y evité volver a cometer los mismos errores.
Lucy se arrodilló frente a ella, tomando sus manos y mirándola fijamente - ¡Queremos ayudarte! Ailén, aún estamos a tiempo de salvarte de la oscuridad – todos estaban esperando por ella. Era cierto que la oscuridad había cubierto su ser, no veía ni un solo rayo de luz y cada vez se alejaba más de su propia salvación.
-¡Ailén! – Patrick también se acercó a ella – Ya no estás sola – le sonrió dándole ánimos.
Un suspiro de resignación cubrió el lugar, probablemente era momento para dejar de huir – Es una larga historia – dijo mirando su reloj y después a sus amigos.
-Tenemos toda la noche – Verónica tomó asiento y abrió la caja de pizza.
Lucy y el resto escribieron algún mensaje para después enviarlo y apagar su celular – Nadie nos molestará – dijo Violet, dejando de lado su teléfono.
Ailén los miró, estaban dispuestos a escuchar su historia y ella decidió que era momento de hablar.
2 años y medio antes…
Mayo había comenzado, no hacía muchos días que se cumplió un año desde que regresó de Italia, los recuerdos aún permanecían en su mente tan frescos como una rosa.
-Hola Ailén – Sandra se acercó sonriendo desde la entrada de la biblioteca - ¿Aún no terminas? – habló un poco más bajo, acercándose a su amiga que escribía algo en su libreta.
Ailén dejo de escribir y dirigió su vista a la pelirroja de ojos azules que la miraba tan expresivamente como siempre – Hola, estoy por terminar – volvió su vista a la hoja blanca - ¿Creí que te habías ido?
-Bueno, eso estaba por hacer – jugaba con sus dedos mientras miraba a su amiga – Me han invitado a una fiesta que se organiza para los alumnos de intercambio ¿Quieres ir?
-No lo sé, tengo algunas cosas pendientes.
-¡Vamos! – hablo más fuerte, causando que una mujer mayor la callará – Mañana es sábado y puedes terminar tus deberes a tiempo – sonrió ampliamente.
Ailén estaba indecisa, pero últimamente había salido poco y creía que era momento de disfrutar un poco más la vida – Ok, pero sólo iré un rato – cerro sus libros y los guardo dentro de su mochila. Ambas salieron de la biblioteca en dirección a la fiesta.
The Craic, 8:41 P.M.
El bar había sido rentado en su totalidad por la facultad, para llevar a cabo la fiesta de bienvenida para los estudiantes que comenzaban sus actividades esa semana.
Rusos, alemanes, japoneses, italianos, españoles, mexicanos, etc; una gran cantidad de personas extranjeras se reunían en un solo lugar para convivir con los que serían sus compañeros por alrededor de un año o más.
-¿No te alegra venir? – preguntó Sandra, con una sonrisa al ver el mar de posibilidad que estaba frente a ellas.
Ailén sonrió por la picardía de su amiga – Si, estoy feliz – dijo mientras atraía la mirada de algunas personas del lugar.
Tomaron asiento en una pequeña sala que estaba junto a la mesa de billar, todos parecían divertirse y ellas no serían la excepción.
- ¿Les gustaría jugar? – preguntó un chico, en un español fluido – Perdón – sonrió al darse cuenta de que le hablaba a dos chicas aparentemente americanas.
-No te preocupes – Sandra se puso de pie y comenzó a jugar con el grupo que estaban con el chico – Soy mexicana.
Ailén se quedó sola, nunca fue realmente buena con las fiestas, pero al hacerse amiga de Sandra quien era amante del ambiente relajado y lleno de música, intentaba integrarse más a esas actividades. Bebía una copa de vino, su cuerpo se había relajado lo suficiente como para dejar volar su imaginación.
La imagen de Cedric apareció en su mente, aún podía sentir esos hermosos ojos posarse en ella y su sonrisa amable al verla junto a él «Te extraño» pensó sin querer, al darse cuenta sacudió su cabeza como tratando de alejar sus recuerdos.
-Parece que recordaste algo que no querías – la voz de un hombre joven la saco a la realidad - ¿Puedo sentarme?
Ailén asintió, dándole permiso de acompañarla. Era un chico apuesto, alto y con una mirada dulce que hacía que sus ojos verdes brillarán aún más. Su cabello n***o, estaba perfectamente desordenado haciendo que se viera bastante bien en él.
-Me llanos Elliott Brandell – extendió su mano para saludar.
-Soy Ailén Anderson – apretó delicadamente la mano de su acompañante, era suave y le daba una sensación cálida - ¿De dónde eres? – preguntó, sabiendo que no se trataba de algún italiano o británico.
-Estocolmo, Suecia. Estudiante de penúltimo año de la carrera de Ingeniería Aeronáutica y de Vehículos – sonrió, haciendo que Ailén también sonriera. Había nacido una química extraña entre ellos.
-Es genial, debe ser una carrera difícil.
-No tanto – hablo con aires de grandeza para después comenzar a reír – Es broma, si es difícil la verdad es que estuve a punto de dejarla.
-Suele pasar – Ailén estaba cómoda hablando con él - ¿Cuánto tiempo estarás aquí?
-Un año – bebió de su cerveza, mientras veía detenidamente el rostro de la chica – Eres muy linda – aquellas palabras la hicieron sonrojar, hacía tiempo que nadie le decía cosas así.
Sandra se dio cuenta de aquella conversación, sin duda quería saber quién era el guapo acompañante de Ailén. Acomodó su escote y caminó hacia ellos - ¡Hola! – saludó de manera alegre – Soy Sandra Ávila – extendió su mano mientras sonreía.
-Mucho gusto, Elliott Brandell – saludó cortésmente - ¿Eres amiga de Ailén?
-Si, somos compañeras de la misma carrera – tocó asiento junto a su amiga, cruzando la pierna y fijando sus ojos cafés en el chico – Espero que tengamos un gran año juntos – hablo pícaramente, guiñando su ojo.
Ailén no le tomó importancia a la actitud de su amiga, era una chica que derrochaba sensualidad y su manera de ser era algo coqueta, pero nunca sería el tipo de persona que se mete en las relaciones de los demás, por lo menos eso pensaba.
533 Canal St #7E, 1:19 A.M.
-Es un lugar hermoso – Elliott miraba con atención el Río que se extendía frente a él – Escogiste un buen lugar.
-Lo es – respondió Ailén, caminando lentamente y sintiendo el aire recorrer su cuerpo.
-Ailén – la llamó – Fue una noche increíble – se acercó a ella tomando su mano – No quisiera que se quedará solo en esta noche – sus ojos aún la miraban fijamente, la sensación de hormigueo recorría su cuerpo y aunque no era lo mismo que sintió hace un par de años, estaba segura que él le gustaba.
-Me alegra que coincidamos – sonrió mientras acomodaba su cabello detrás de la oreja.
Elliott estaba feliz de haber conseguido el número de la chica que lo había atrapado y fue así como una gran amistad comenzó a crecer en ellos.
Ivy Inn Restaurant & Bar, 1 de Julio, 9:15 P.M.
Dos meses habían pasado desde que la amistad surgió en ellos, compartían gustos similares y disfrutaban la compañía uno del otro. Momentos felices habían sido parte importante en la relación y poco a poco las cosas comenzaron a tornarse aún más románticas.
-Vaya, es un lindo lugar – Ailén estaba sentada en una mesa del fondo junto a su amigo, la decoración era perfecta y le daba el toque de romanticismo necesario.
-Qué bueno que te gusta – Elliott tomó la mano de Ailén y sonrió causando un leve sonrojo en ella - ¿Ordenamos?
-Claro.
La noche continuo entre risas y alguna que otra mirada romántica entre ellos. Ailén había decidido que era momento de comenzar de nuevo, su relación con Cedric había terminado en términos extraños y poco claros. Él nunca se atrevió hablar con su hermano sobre el romance que nació entre ambos y estaba algo cansada de pensar ingenuamente que su primer amor regresaría para estar con ella de nuevo. Los recuerdos seguían en su mente y corazón, probablemente nunca los borraría por completo, pero no podía seguir imaginando cosas que nunca sucederían.
Cedric volvería a rehacer su vida con alguna mujer, sin miedo al qué dirán y sin tener que oponerse a su familia, se habían amado, pero su destino no era estar juntos.
-Ailén – Elliott la llamó, al ver que estaba algo pensativa - ¿Estás bien?
-Si – reaccionó, al saber que estaba siendo grosera – Lo siento – sonrió tratando de disimular.
-Sabes, las cosas entre nosotros avanzar por buen camino – sostuvo nuevamente la mano de la chica – Me agrada estar junto a ti, eres amable y muy linda. Se que podría ser algo precipitado, pero solo estaré aquí un año y quiero aprovechar el tiempo – hizo una pausa – Ailén – la miró a los ojos - ¿Quieres ser mi novia?
La chica tragó saliva al escuchar esa repentina pregunta, no era como si él no le gustará, la verdad era que durante el poco tiempo que se conocían él logró ganarse su corazón con su amabilidad, su forma tan respetuosa de tratarla y su inteligencia, pero no sabía si podría llegar amarlo. Frente a ella aquel chico esperaba ansioso una respuesta y ella debía dársela.
-Acepto – sonrió, entrelazando sus dedos. Quería seguir adelante y probablemente, Elliott la ayudaría en su proceso. El cariño que sentía por él llegaría a ser algún día amor, eso pensaba con todas sus fuerzas.
Universidad de Columbia, 3 de julio, 3:03 P.M.
- ¡Felicidades! – Sandra abrazó con fuerza a su amiga – Por fin son novio – miraba con una sonrisa a la nueva pareja.
-Gracias – Elliott no dejaba de sonreían ante su gran hazaña – La verdad estoy muy feliz de por fin haber comenzado una relación con ella.
- ¡De que hablas! – Ailén se avergonzó de la manera tan exagerada en la que hablaba su novio – También estoy feliz.
-Eres la mejor – plantó un tierno beso en su mejilla mientras que sonreía bobamente.
- ¡Por Dios! – Sandra hizo una divertida mueca – No comiencen con sus cursilerías – se levantó de la banca que compartía con la pareja y tomó su mochila – Me voy, no quiero seguir haciendo mal tercio.
- ¡Oh! Vamos, sabes que no es así – Ailén intentó detenerla.
-Amiga, debes disfrutar de tu novio – se despidió agitando la mano y los dejo solos.
«¡¿Qué le ves!?» se preguntó apretando los puños, estaba molesta de verla junto a él, como era posible que una estúpida chica como ella saliera con un guapo hombre.
24 de Diciembre, 7:21 P.M.
Sandra vestía un ajustado vestido rojo que hacía que sus curvas se pronunciarán aún más. Caminaba con total seguridad atrayendo la mirada de todos.
- ¿Así que pelearon? – preguntó, sentándose junto a Elliott quien bebía vodka y disfrutaba de la música del bar.
-Pensé que no vendrías – la besó apasionadamente, mientras tocaba su cintura y sonría al sentir su cuerpo – Me haces esperar mucho y sabes que no es de mi agrado.
-Cariño – tocó su mejilla, con sus largas uñas postizas acarició sus labios – El plato fuerte a llegado – sonrió sensualmente.
-Vamos a tu departamento – la tomó de la mano y caminó hasta su auto, conduciendo lo más rápido que podía.
- ¿Por qué no terminas con ella? – preguntó, entre besos.
-Me divierto haciendo sufrir a las personas – una malévola mirada apareció en aquel rostro – Además, no me agrada su manera tan amable de ser - una risa extraña inundó el auto – Quiero destruirla por completo, porque sé que no me ama lo suficiente por eso aún no puedo dejarla.
- ¿Así que estás esperando que te ame para poder romperte el corazón?
-Exacto – sonrió de nuevo – Después de eso, tú y yo podemos comenzar una nueva vida juntos.
- ¿Y qué me dice que no me harás lo mismo a mí?
-No cariño – tocó su pierna y atrajo su mirada – Tú eres totalmente diferente, ves el amor como un simple juego y eso me agrada – la beso mientras se detenía en un semáforo en rojo – Podemos tener una relación totalmente libre.
-Me agrada – sostuvo su mano y observó al frente – Comencemos de nuevo.
Llegaron al departamento y pasaron la noche juntos, como muchas otras antes de esas. Ailén festejó navidad con sus padres y amigos, con idea de que su novio había tenido que viajar de emergencia a Estocolmo.
“Feliz navidad amor, te extraño” Elliott recibió aquel mensaje, mientras hacía el amor una y otra vez con Sandra.