CAPÍTULO 12

2723 Palabras
Trinity School, 21 de abril, 9:31 A.M. -Suéltame – Ailén alaba su brazo del agarre de Elliott, quien la sostenía con suficiente fuerza como para dejar una marca – Me lastimas. -Es tu culpa – reprochó – Deja de ser tan aburrida, irás conmigo a la fiesta de esta noche. -Ya dije que no – soltó su brazo mientras miraba con enojo – Hablamos después. Elliott la miró intentando calmarse para no hacer una escena frente a los profesores y se marchó. - ¿Estás bien? – preguntó Dimary acercándose a su compañera – Parecía ago alterado. -Estoy bien – sonrió un tanto triste de ver a su novio actuando tan bruscamente – Fue solo una tonta pelea. Su compañera se quedó en silencio, observando las marcas de dedos en sus brazos sabiendo que aquella “discusión” fue más allá que eso. 12:19 P.M. Ailén recorría Central Park, sus clases habían terminado y se permitía tomarse un descanso de las ocupaciones de la semana. Admiraba los grandes árboles y las hermosas flores que relucía bajo aquel cálido sol de medio día. Su celular sonó, era la llamada de su amigo Antoni. Una larga y amena conversación entre ellos hizo que el tiempo volará, mientras hablaban sobre lo bien que le iba a cada uno de sus amigos. La mención de Cedric le hizo remover sentimientos que pensaba ya había olvidado, pero era todo lo contrario aún vivían dentro de su corazón y tal vez sería difícil olvidar. La llamada finalizó, tomó un largo respiró y pensó sobre los cambios que había sufrido su relación a lo largo de ese año, las cosas entre ella y Elliott parecían cambiar poco a poco, discutían más, se veían poco y él parecía querer imponer su autoridad sobre ella las cosas estaban mal y debía poner un alto. Sacó su celular y llamo a quien aún consideraba su amiga. -Sandra – hizo una pausa esperando una respuesta de su amiga. - ¡Hola! ¿Qué sucede? – preguntó algo agitada. - ¿Estás bien? -Si, no te preocupes solo hago ejercicio. -Ok ¿quería saber si podíamos hablar más tarde? -Claro, ¿Irás a la fiesta? -No – habló molesta – ¿Puedo verte en mi casa a las 8:00 p.m.? -Si, allí estaré. -Gracias. 453 W 17th St, 12:46 P.M. - ¿Qué le hiciste? – Sandra se movía rítmicamente sobre Elliott, causando que sus grandes pechos saltarán de forma erótica. -Nada, es una idiota – la tomó de la cintura mientras la ayudaba a moverse – Debes convencerla de que debe darme otra oportunidad. Sandra parecía no poder hablar debido al placer, apoyaba sus manos sobre el pecho desnudo de su amante y al sentir que llegaría al clímax, arqueó la espalda provocando que él llegara aún más profundo. Ambos terminaron, la chica se derrumbó a lado de Elliott y trató de recuperar el aliento. -Termina con ella – se acercó más a él y tomó si mano – Es aburrido tener que convencerla todo el tiempo. Elliott soltó su mano y la tomó fuertemente de la cara mientras la miraba con enojo -¡Tú haces lo que yo te digo! – la soltó bruscamente haciendo que Sandra lo mirara con miedo – Será mejor que Ailén vaya a buscarme por su propio pie. Sandra se quedó en silencio mirando aquel aterrador hombre que cada vez más parecía otra persona. 9:04 P.M. - ¡Hola! – saludó con un beso en la mejilla a su amiga. -Hola, pasa – devolvió el salido y camino hasta la sala en dónde ya había una bandeja de bocadillos esperando por ella - ¿No tienes planes? -No pasa nada – Sandra le sonrió – Eres mi amiga, siempre tendré tiempo para ti. Ailén sonrió feliz al escuchar aquella respuesta – Gracias. - ¿De qué quieres hablar? -Es sobre Elliott – bajó la mirada – Hay algo raro con él. - ¿De qué hablas? -Bueno, al principio era muy lindo y amable conmigo – Ailén recordaba con cariño los buenos momentos que pasó a su lado – Pero, de pronto comenzó a volverse un poco más violento y brusco – tocó suavemente las marcas que aún permanecían en su brazo – Discutimos más y nos alejamos cada día. Ya no sé qué hacer. Sandra permaneció en silencio por algunos minutos, parecía pensar en lo que su amiga decía – Debe ser el estrés – tomó su mano y la miró – Deberías comprenderlo un poco más, él te ama. No le queda mucho tiempo de intercambio así que deberías disfrutar más tu tiempo junto a él. Ingenuamente Ailén creyó en sus palabras, aquel consejo había provocado que algo de remordimiento le hiciera pensar sobre lo duro que debía ser para su novio los deberes de la escuela entre otras cosas. -Tienes razón – dijo sonriendo – Eres una buena amiga, gracias. «Eres tan estúpida» la miró con una falsa sonrisa que no fue descubierta por Ailén – De nada, sabes que siempre estaré aquí para ti. 10:37 P.M. Ailén llegó a la fiesta donde vería a su novio, lo buscó por todas partes hasta que lo encontró con su grupo de amigos en el jardín. -Amor – se acercó a él para besarlo en los labios – Lo siento, creo que debería ser un poco más considerada – lo abrazo fuerte. Elliott sonrió victorioso, correspondiendo aquel abrazo – Gracias por ser tan considerada cariño – besó su cuello y acarició su cintura - ¿Qué tal si nos vamos? Ailén sabía a lo que se refiere y no dudo en aceptar, tomó su mano y caminó hasta la salida. “Te has ganado una noche de sexo” envío el mensaje a Sandra, mientras conducía hasta su destino. 453 W 17th St, 11:06 P.M. Ailén sentía un placer distinto al que experimentó por primera vez hace un tiempo, cuando hacía el amor con Cedric. El sexo con Elliott era bueno, pero había algo que no la hacía sentir del todo completa. - ¡Eres asombrosa! – Elliott empujaba fuertemente sobre Ailén, provocando que él éxtasis recorriera su cuerpo y lo hiciera sentir bien. Había tenido sexo con Sandra hace pocas horas atrás, en esa misma cama y su ingenua novia no tenía ni idea causando que esa idea le provocará gracia. 1 de julio, 2:09 P.M. Un año había pasado y su primer aniversario tenía que ser celebrado de la mejor manera posible. - ¿Estás feliz? – preguntó Lucy, acercándose a su amiga. Ailén buscaba algunas ideas de regalo para su novio – Si, quiero hacerle un buen regalo. - ¿Qué tal una cena? -Tal vez. -Bien, suerte amiga – se despidió – Debo ir a la estación de radio. -Ok, hasta luego – últimamente se veían poco y no conversaban mucho, lo mismo pasaba con Violet y Dean, todos parecían muy ocupados como para pasar un día juntos como lo solían hacer. Ailén siguió buscando ideas en internet, guardaba lo que le parecía útil para su regalo perfecto. Una llamada entró a su celular. -Hola amor – saludo feliz - ¿Dónde estás? -En casa, estoy enfermo – tosió algunas veces y su voz se escuchaba rara – No podré verte hoy. Un rostro triste fue evidencia de lo que sentía – Está bien, espero te mejores – sonrió con algo de esfuerzo. -Gracias por entender, te veo mañana. -Claro, adiós. Colgó, era fin de semana así que ya había planeado un excelente aniversario y parecía que simplemente no podría llevarse a cabo. Su celular sonó de nuevo, pero esta vez se trataba de su amiga Violet. -Hola amiga ¿Qué haces? -Nada, estaba planeando mi aniversario con Elliott, pero está enfermo. -Es una pena – una voz se escuchó desde la otra línea, Violet parecía ocupada con su nueva línea de ropa – Oye ¿Por qué no vas a su departamento? Ailén creyó entonces que aquella era una excelente idea -Tienes razón – escuchó el alboroto que había en la otra línea – Te dejo, pareces ocupada. -Lo siento, viajaré con Dean a Grecia – hizo una pausa, parecía que se ocupa de otro asunto – Que te parece si regresando vamos a un viaje los cuatro. -Me parece genial. -Decidido – volvió la pausa – Te veré en cuanto regrese, adiós. -Adiós - se despidió, colgando y recordando la ocupada vida de sus amigos. Pero algo había hecho que su ánimo se elevara y esa gran idea había sido la razón. Dejó lo que hacía y comenzó a preparar las cosas que necesitaría para pasar la noche con Elliott. 453 W 17th St, 6:12 P.M. Ailén había llegado, consigo llevaba lo necesario para festejar su primer aniversario y eso le llenaba de felicidad, por fin creía que estaba superando a su antiguo amor. Abrió la puerta con sigilo, el departamento estaba oscuro y parecía que no había nadie. -Amor – lo llamó desde la sala, pero no hubo respuesta. Dejó las cosas sobre la mesa del comedor y caminó en dirección a su habitación - ¡Sorpresa! – grito, encendiendo la luz y encontrándose con la peor escena que pudo imaginar. - ¡¿Qué haces aquí?! – gritó Elliott, saliendo de Sandra y saltando de la cama. Ailén no creía lo que veía, su “amiga” y su novio tenían sexo en la cama que compartió muchas veces con él. Estaba enojada y triste, cuando por fin creyó que todo estaba mejorando, que por fin había superado su primer amor y que podía avanzar de la mano de Elliott, pasaba esto. - ¡Son unos malditos! – arrojó el vaso de agua en la cara de Sandra - ¿Cómo puedes hacerme esto? -Porque eres una estúpida e ingenua – Sandra se puso de pie sin importarle que estaba desnuda frente a Ailén, sin pensarlo le dio una bofetada – Me alegra saber que te enteraste, después de casi un año. «Un año» Ailén comprendió que aquella infidelidad había comenzado justo después de que su relación con Elliott diera inicio. Sin decir una sola palabra, salió del departamento. -Eres una idiota – Elliott se vestía mientras veía con enojo a su amante. -Tú eres el idiota – Sandra se levantó de la cama y buscó el resto de sus cosas - ¿Acaso nunca te diste cuenta? Ella nunca te amo de verdad, Cedric su antiguo novio aún parece aferrado a su corazón. Me lo contó una vez, ese hombre la hizo conocer el verdadero amor y tú – una risa burlista se escuchó en la habitación – Solo eras su remplazo, pero créeme por la forma en que ella me hablaba de él, tú no le llegas ni a la punta del pie. Elliott se acercó a ella, dándole un fuerte golpe en la cara causando que cayera contra el suelo y su nariz sangrara a causa del golpe. Tomó las llaves de su auto y salió de su departamento, lleno de furia. 533 Canal St #7E, 7:22 P.M. Ailén había llegado hace un buen rato a su departamento, lloraba después de que nuevamente le rompieran el corazón. Definitivamente esa había sido su peor experiencia, tal vez Cedric había sido un idiota, pedo nunca fue tan patán como para engañarla. «¡Qué idiota fui!» se dijo mientras lloraba y bebía vino para olvidar las penas. El timbre sonó, ella no tenía ganas de ver a nadie y la prefirió ignorarlo, pero la persona que tocaba insistía tanto que llegó a desesperarla. Se acercó y abrió, frente a ella estaba Elliott quien la miraba tan fríamente hasta llegar a ser aterrador. - ¿Qué haces aquí? – preguntó, intentando parecer fuerte. Sim duda aquella mirada era intimidante, su respiración se escuchaba pesada y sus ojos brillaban de manera terrorífica – Vete – intentó cerrar la puerta, pero Elliott se lo impidió, la empujó dentro y cerró con seguro. - ¡¿Así que yo solo fui un sustituto?! - gritó tan fuerte que causo que Ailén saltará, la tomó del brazo con más fuerza de la que ella podía tolerar y la arrojó al suelo – Soy yo quien utiliza a las mujeres, no al revés. - ¡Me esforcé mucho por amarte! – grito Ailén, tumbada en el suelo. -En el amor, tus esfuerzos no siempre se ven recompensados – respondió mirando con ojos fríos y sin ningún signo de amor – Eres tan estúpida. Confías demasiado en las personas – la forma tan despiadada que miraba era aterradora. Ailén lloró al sentir esas manos heladas posarse sobre su cuerpo, suplicó y grito para que la soltara, pero Elliott parecía no pensar en detenerse. Sus ojos se volvieron vacíos, al sentirse abusada de forma brusca y violenta. Arrancó parte de su ropa y la forzó a tener sexo, no era como siempre, entraba en ella sin ningún cuidado y la apretaba de forma violenta causando que las marcas aparecieran en su cuerpo. Era doloroso, gritaba y suplicaba por qué la dejara, pero él hacías caso omiso a su llanto. - ¡¿Crees que puedes usarme!? – grito mientras que con sus manos la asfixiaba. Ailén estaba tratando de forcejear sin ningún resultado. Elliott la dejó mientras se alejaba de ella. Creía que ya había terminado, pero regresó sosteniendo en sus manos un gran cuchillo de cocina – Cada vez que veas tu cuerpo, me recordarás – Ailén trató de levantarse, pero de nuevo fue arrojada contra el suelo mientras que la pateaba sin esfuerzo. Ailén se retorcía de dolor, escupía sangre y no podía salir. Elliott se colocó sobre ella – Fuiste tan estúpida, que nunca te diste cuenta que no te ame, me alegra que por lo menos me divertiste un poco – fue entonces que Ailén sintió algo frio ser encajado en su vientre acompañado de un dolor agudo y los gritos salían desesperadamente de su boca pidiendo ayuda, pero nadie apareció. Elliott se fue llevándose consigo el cuchillo. «¿Moriré?» se preguntó al verse empapada en sangres y con golpes en todo el cuerpo, nadie iría en su ayuda y tal vez moriría. En su mente solo apareció una cosa, el rostro de Cedric, el hombre que amaba aún después de dos años y que vivía tan profundo en su corazón, una lágrima cayó sobre su mejilla. 8:08 P.M. Grey llegó al edificio, era la quinta vez que llamaba a su amiga sin recibir respuesta de ella. Era fin de semana así que probablemente no estaría en casa ya que no aviso que llegaría, pero aun así subió hasta el piso donde se encontraba el departamento. Llegó y tocó un par de veces, pero no respondía. Abrió la puerta sin pensar que estaría abierta, pero lo estaba. -Que extraño – dijo mientras entraba. Y al llegar a la sala, la encontró sobre un charco de sangre - ¡Ailén! – se acercó intentando obtener una respuesta, pero Ailén solo abrió los ojos para después desmayarse en los brazos de su amigo – Resiste, llamaré a una ambulancia. Actualidad… -Desperté dos días después – apretaba sus manos al recordar lo sucedido – Con siete costillas rotas, un ojo morado, golpes en todo el cuerpo y una gran herida en el vientre – se puso de pie, mostrando a sus amigos la evidencia de aquel acto violento. Lucy y el resto miraban con lágrimas en los ojos, aquella historia había sido por demás difícil de escuchar. Su amiga había sido víctima de un acto cruel y despiadado por parte de un par de personas en las que ella confiaba. -Fue difícil – Violet se acercó a ella y tomó asiento a su lado – Fuiste muy valiente al contarnos – la abrazó tan fuerte como pudo, no había palabras que curarán aquel trauma, pero un abrazo podía ser lo indicado. -Ya no estás sola – Verónica imitó a su cuñada y tomó asiento al lado de Ailén – Esta vez estaremos contigo – abrazó y colocó un tierno beso en su frente. Lucy y Patrick hicieron lo mismo y todos juntos le dieron un abrazo grupal. Ailén no podía llorar, pero pudo sentir como un poco de peso había desaparecido de su corazón y tarde o temprano el resto se iría también.
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