CAPÍTULO 13

2850 Palabras
Sábado 9 de mayo, 8:23 A.M. Algo había cambiado en Ailén y ella lo sabía, se despertó temprano como todos los sábados, desayuno e hizo ejercicio. Tomó un baño y busco ropa cómoda, tal vez no era nada diferente a lo que hacía cada día, pero sin duda su mente y corazón estaban más tranquilos. Un mensaje había llegado a su grupo de w******p, su amiga Violet envío un audio corto que no tardó en escuchar. —¿Qué harán hoy? — se escuchaba feliz — Quería visitar algunas tiendas de vestidos para las damas, que obvio serían ustedes. Lucy fue la primera en responder con otro audio - ¡Lo siento! Hoy viajaré a Oxford a visitar a mi familia, por el día de las madres haremos una comida. —¿Sola? — preguntó Violet con algo de burla. —¡Violet! — Lucy parecía avergonzada. Después de haberles contado que era “amiga” del hermano de Grey, todos parecían haberse sorprendido — Irá conmigo Sebastian. —¡Woow! Genial, ya era hora de que conociera a su familia. Ailén sonrió al escuchar todos los audios de su par de amigas que no dejaban de discutir por w******p. —Hoy tampoco puedo, será el festival del día de las madres en Trinity School y estaré algo ocupada — guardo silencio por unos segundos—Tal vez la próxima semana. —¡Si, cuando puedas! — Lucy parecía emocionada por la respuesta de su amiga que fue amable e interesada en salir con ellas. —¡La próxima semana me parece bien! — Violet también respondió con sorpresa y alegría ante la respuesta de Ailén. —Ok, diviértanse en sus actividades — respondió con un amable audio que denotaba su alegría. 10:04 A.M. —¡Ailén! — gritó una conocida voz para ella, Elayne corría a su encuentro con una amplia sonrisa - ¡Llegué! —Si, me da mucho gusto — le sonrió tan amable como siempre — ¿Estás lista para la presentación? —¡Si! ¿Papá y tú me verán? — miró con ojos angelicales esperando una respuesta. —Claro — Ailén sonrió y buscó a Cedric con la mirada hasta que lo encontró conversando con su compañera Dimary a quien sin dudarlo le gustaba él, un sentimiento de molestia se produjo en ella ¿Celos? Probablemente, pero en ese punto de su vida sabía que ese tipo de sentimiento era innecesario. Era momento de avanzar de una vez por todas y dejar el pasado, como tal en el pasado. Dio un profundo respiro y ofreció su mano a la niña que parecía no entender nada — ¿Vamos a dar un paseo? —Si — se alejaron dejando a Cedric y Dimary. 10:11 A.M. —Me da gusto poder hablar con usted — la chica sonrió ampliamente dejando al descubierto sus perfectos dientes blancos — ¿Cómo se siente viviendo aquí? —Por favor Dimary, deja de hablarme de usted — sus ojos se fijaron en ella — Háblame de tú. Sin duda aquellos hermosos ojos aún hacían derretir a más de una mujer — ¡Claro! —Es un estilo de vida muy diferente, me alegra saber que por lo menos Ailén está cerca de nosotros. —Supe que eran “familia” — enfatizó esa última parte, sabiendo que no estaban relacionados por la sangre. —Si, su padre es mi hermano mayor — una linda sonrisa se dibujó al recordar de quién hablaba — Fui adoptado por la familia Anderson cuando tenía cinco años. —Ella casi no habla mucho de su familia así que me sorprendió cuando escuché que ustedes lo eran. —Es muy reservada — era su momento de sacar información — También lo es con sus relaciones, mi hermano había estado algo preocupado porque no habla mucho de esas cosas. —¡Oh! — expresó recordando — Ella tuvo un novio — su cara parecía recordar cosas que prefería no hacer — Los vi juntos un par de veces, pero alrededor de un año después — giró los ojos para verificar que no había nadie cerca — Tuvieron una discusión algo violenta y después de eso Ailén pidió darse de baja como maestra, al parecer salió de viaje por un par de meses — volvió a guardar silencio y después retomó la conversación — Ciertamente, creo que su ruptura la hizo cambiar mucho. Cedric permaneció en silencio durante toda la conversación, escuchando atento todo lo que ella decía. Si Grey no hablaba, tendría que buscar la respuesta por su propia mano —Si, debió ser difícil — dijo con una buena actuación — Lastima que no se mucho de él. Dimary parecía no poder resistirse a esa actitud tan tierna — Puedo ayudar — sonrió — Una amiga trabaja en el departamento de becas e intercambio estudiantil de la Universidad de Columbia, puedo pedirle que me ayude a buscar el archivo de Elliot. —¿¡De verdad!? — habló entusiasmado sonriendo a la chica — Te lo agradecería mucho. —Claro — bajó la mirada algo nerviosa — Pero a cambio — movía sus dedos rítmicamente — ¿Te gustaría salir conmigo? «Eso no me lo esperaba» pensó Cedric algo nervioso al escuchar aquella pregunta. —¡Si no quieres no hay problema! — movía sus manos frente a ella, tratando de negar lo que había dicho. Su mirada reflejaba tristeza y decepción. Aquella expresión en los ojos de la chica, hizo que Cedric reflexionará sobre sus actos pasados, no cometería los mismos errores y trataría a las mujeres amablemente como ellas se lo merecían. —Me gustaría salir contigo — dijo, sonriendo de nuevo amablemente — Vayamos a donde quieras. Dimary quería gritar de emoción, pero se tranquilizó — ¡Gracias! — su rostro se había iluminado ante la alegría mientras sonreía como una adolescente enamorada —Salgamos el próximo sábado. —Me parece bien — buscó entre la multitud a su hija quien había salido corriendo después de ver a Ailén — Si no te molesta, debo ir a buscar a Elayne — sacó su celular — Pero antes, dame tu número para seguir en contacto. La chica parecía entusiasmada — Si — sacó de inmediato el celular para compartir números. 10:47 A.M. Ailén y Elayne comían manzanas acarameladas, sentadas en una banca del patio del colegio. —Falta poco para la presentación — dijo Ailén, dándole una mordida a su manzana y mirando a la niña junto a ella. —¡Si! — tragó el trozo que aún mantenía en su boca y espero para continuar hablando — ¿Puedo darte a ti mi regalo? — preguntó, la manualidad que había hecho durante sus clases se suponía debía ser entregada a su mamá durante la presentación y su deseo más grande era compartirla con la persona a quien ella apreciaba. Ailén lo pensó un poco, la niña se estaba encariñando con ella y era poco probable que se negara a su petición, ella también se había encariñado y sabía que se estaba metiendo en un callejón sin salida. —Por supuesto — sonrió provocando la alegría de la niña quien continúo comiendo su manzana. Cedric se acercó rápidamente a ellas después de verlas sentadas manteniendo una conversación que parecía sería. La imagen de Ailén junto a su hija fue de lo mejor, parecían verdaderas madre e hija. —¡Hola! — dijo acercándose a ellas. —¡Papi! — corrió a sus brazos — Ailén y yo comíamos manzanas acarameladas — mostró el trozo que aún tenía en su mano —¿Quieres? —No, gracias cariño. —Ok — vio a su grupo de amigos correr a los juegos y de inmediato se quiso bajar — ¿Puedo ir a jugar? —Si, con cuidado. Cedric tomó asiento junto a Ailén, quien aún comía manzana sin dejar de disfrutar cada trozo que tragaba. —¿Trajiste el vestuario? — preguntó Ailén, dando el último mordisco a la manzana. —Si, tuve que ir a casi diez tiendas con tal de encontrarlo — acercó la bolsa rosa — Fue toda una odisea. Una risa se escapó de los rosados labios de quién aún pasaba el último trozo a través de la garganta — Supongo que es lo divertido de tener hijos — reviso el vestuario de la niña, era un lindo vestido celeste que era adornado por un tul blanco casi transparente — ¿Celeste? Creí que usaría uno rosa como el resto de sus compañeras. —También lo pensé y cuando le dije que sus amigas llevarían un vestido rosa, me respondió “A las niñas también nos gusta el azul” — Cedric lo había dicho intentando imitar la voz de su hija, causando que fuera sumamente gracioso para ambos quienes se echaron a reír como un par de locos. Ailén se limpió la lágrima que se derramaba de su mejilla, poco a poco la risa se fue calmando — Creo que ya tenemos una futura feminista. —Eso me agrada — dijo Cedric con una sonrisa orgullosa — Aunque creo que su carácter va a ser un poco problemático también, no se enoja mucho, pero siempre dice lo que piensa sin tapujos. —¿A quién se parecerá? — dijo Ailén, mirando a su acompañante. —¡Claro que no! — cruzó los brazos y rodó los ojos — Tal vez lo heredó de Tania. Ailén dudó un poco — No lo creo, de ella sus ojos y belleza. El timbre sonó, señal de que era momento de pasar al vestidor para que los niños cambiarán sus ropas. Elayne corrió hacia el par que habían dejado de hablar — ¿Me ayudas a cambiarme? — se dirigió a Ailén, con una sonrisa. —¿Segura? — miró a Cedric — ¿No quieres que tu papá te ayude? Elayne hecho un vistazo a su alrededor, las demás mamás caminaban junto a sus hijos al vestidor — Sólo las mamás entran con ellos — bajó la mirada con tristeza. Sin duda aquella escena le partía el corazón a Cedric, daría todo lo que tuviera para que su hija fuera feliz. —Está bien, iré contigo — Ailén sonrió y tomó la bolsa — Vamos. —¡Si! — tomó la mano de su “mamá” y después miró a su padre — Papá ¿Puedes apartar lugar en el teatro? Cedric sonrió — Por supuesto cariño — las vio caminar juntas hasta el vestidor y sonrió con felicidad, dirigiéndose a cumplir su labor. 11:34 A.M. Ailén había terminado de cambiar a Elayne y se dirigió a las butacas dónde los padres esperaban entusiasmados por el inicio de la presentación. Comenzó con las presentaciones de los más jóvenes, quienes habían montado un lindo baile que derritió el corazón de más de una persona, seguido por un recital y una pequeña obra de teatro. —¡Aquí viene! — dijo emocionada, jalando el brazo de Cedric para llamar su atención. Cedric sonrió ante aquel gesto tan característico de ella y que le recordaba viejos tiempos. Las grandes y gruesas cortinas negras se abrieron de par en par dejando al descubierto al grupo que presentaría un ballet acompañado por un recital de música. Elayne estaba en el centro, aquel hermoso vestido le hacía lucir como una verdadera princesa que no dejaba de sonreír al ver a su padre y “madre” entre la multitud, agitando las manos y grabando el momento. Comenzó a cantar e hizo que el corazón de Cedric brincara de emoción al escuchar esa hermosa voz que tenía su pequeña, Ailén miraba con alegría la expresión del orgulloso padre y después continúo observando a su “hija” El número duro alrededor de tres minutos, seguido por un ballet tierno que fue aplaudido por todos los padres. “A continuación se llevará acabo la ceremonia de entrega que harán los estudiantes a sus madres, por favor pasen al frente” —Ve — Cedric animo a Ailén, quien asintió y caminó lentamente al frente. Todas estaban formadas y esperando que sus hijos llegaran con su manualidad. Una linda canción de fondo comenzó a sonar, los niños salieron y se colocaron frente a su respectiva madre. —¡Gracias mamá! — gritaron todos a una sola voz, acercándose a sus madres y dándoles un abrazo. —¿Te gusta? — preguntó Elayne entregando su tasa de cerámica adornada por pequeñas flores. —Me encanta — sonrió, abrazándola con fuerza y acariciando su mejilla con ternura — Gracias por dejarme estar contigo — parecía que en cualquier momento lloraría de alegría al sentir la alegría de ser parte de la vida de una pequeña niña que le había dado tanto amor en tan poco tiempo. Cedric miraba desde lejos aquella expresión en el rostro de Ailén, parecía tranquila y feliz causando que un extraño sentimiento de miedo se apoderará de él. 1:12 P.M. El festival había terminado, Ailén estaba por terminar de limpiar el área que le había tocado cuando de pronto fue interrumpida por su amable compañera. —Ailén — se paró frente a ella con una sonrisa tímida — Quiero contarte algo. Su compañera parecía nerviosa y no era algo normal en ella — Claro, dime. Dimary movió sus manos y seguido de eso tomó un gran respiro — Le pedí a Cedric que saliera conmigo, saldremos el siguiente sábado. Aquella confesión fue inesperada para Ailén, su corazón dolía señal de que aún podía sentir algo por él, pero había decidido dejar todo en el pasado — ¡Genial! Espero que todo salga bien. —¿No te molesta? —¿Por qué lo haría? —Es solo que creí que no te agradaría saber que saldré con tu tío. —Realmente no me genera ningún problema, me da gusto por ti — sonrió para tranquilizar a la chica que parecía que moriría de nervios en cualquier momento. —Gracias — se acercó a su compañera y tomó sus manos — Espero que todo salga bien. —Si, no tienes nada de qué preocuparte. 1:38 P.M. Ailén miró su reloj de muñeca y se dio cuenta que aún era temprano, iría a su galería para dar seguimiento a sus actividades retrasadas y después saldría a comer algo. Caminó en silencio hasta la salida, mientras su mente viajaba lejos de su cuerpo. —¡Mamá! — gritó Elayne, llamando la atención de Ailén — Por fin sales. —¿Estabas esperándome? —Estamos — corrigió Cedric acercándose al par de chicas — ¿Harás algo hoy? Ailén sintió molestia al verlo, pero prefirió no demostrarlo — Si, iré a la galería. —¿Podemos ir? — preguntó Elayne. —Claro, vamos — Ailén tomó su mano y caminó por delante de Cedric, quien sintió un tinte de molestia en la chica. Llegaron varios minutos después de haber caminado, era la primera vez que Cedric veía el negocio que Ailén había hecho después de mudarse a Nueva York, era un lugar elegante y con hermosa decoración que combinaba a la perfección con el ambiente que transmitía el lugar. —¿Tú pintaste todas estas obras de arte? — preguntó curioso, mientras admiraba cada pieza que fue hecha con la más mínima delicadeza y perfección. —Si, todas son hechas por mi — dijo, mirando la pintura frente a ella — He dedicado mucho tiempo a cada una de ellas — Ailén sonrió al sentir la satisfacción que su trabajo le provocaba. Cedric la miraba con orgullo al saber que su amada chica había logrado lo que se propuso y ahora gozaba de los frutos de aquel esfuerzo. Un tintineo se escuchó desde la puerta señal de que un posible cliente había llegado a la galería. El sonido hueco de unas fuertes pisadas de escuchaban acercándose hasta que frente a ellos apareció un hombre de vestimenta elegante, porte masculino y mirada penetrante. —¿Ailén Anderson? — preguntó con su grave voz mientras miraba a la chica frente a él. Ailén se congelo al escuchar la voz de aquel hombre, sin duda era uno de esos que, con solo pasar frente a ti, te dejaba anonada por tanta perfección — Si, soy yo — dijo casi sin poder hablar. El hombre se apresuró a acercarse y le sonrió, su sonrisa era tan perfecta como él, sostuvo las manos de la chica entre las suyas y se acercó más a ella dejando poco espacio entre ambos —¡Por fin nos conocemos! — habló con entusiasmo y alegría. Cedric miraba aquella escena sin decir una sola palabra, sentía como su alma se congelaba, su corazón dolía y su estómago ardía de enojo, aquel hombre estaba tocando a la mujer que más amaba justo frente a sus ojos, pero fue entonces que pudo darse cuenta de lo mucho que temía volver a perderla. Sintió una gran tristeza volcar sus sentidos y una nube gris de dolor cubría su mente, se acercaba una tormenta y era muy seguro que no lograría salir ileso de ella.
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