CAPÍTULO 14

2643 Palabras
1:50 P.M. —¿Disculpa? — Ailén parecía desconcertada por aquel hombre que parecía feliz de verla — ¿Lo conozco? — preguntó, retrocediendo un poco. Fue entonces que el hombre comprendió su error — ¡Lo siento! — soltó sus manos y acomodó su camisa — Mi nombre es James Belmont — su cabello castaño hacia juego con sus luminosos ojos cafés que miraban fijamente a la chica. Ailén volvió a mirar con duda, no le sonaba ese nombre y mucho menos recordaba el rostro de quién parecía mirarla con devoción — Mucho gusto — saludó cortésmente para después extender su mano en señal de un saludo que fue recibido con gusto por James — ¿Nos conocimos antes? — volvió a preguntar. James sonrió — Puede que tú no me conozcas, pero yo a ti si — rebuscó entre su saco n***o y después mostró lo que había estado buscando. —¿Un ticket? — Dijo Ailén poco audible, lo observó con detenimiento y entonces entendió lo que era — La inauguración de mi galería — sonrió cálidamente, causando una sonrisa satisfactoria en James — ¿Estuviste aquí? —Por supuesto — miró a su alrededor — Debo admitir que eres mi artista favorita — sintió una mirada clavada en él, sin querer estaba provocando que Cedric ardiera en celos y sus ojos lo reflejaban todo — Hola, ¿Eres el esposo de Ailén? Una media sonrisa se dibujó en Cedric al escuchar aquella pregunta “Si, lo soy” era lo que quería responder, pero no podía. —No — Ailén se apresuró a responder — Es un familiar. Elayne salió corriendo a estrellarse en las piernas de Ailén y fijo sus ojos en James — Ella es mi mami — dijo con orgullo. —¡Vaya! No sabía que tenías una hija — miró de cerca a la niña que no tardó en esconderse detrás de su “mamá” —Es una larga historia — respondió, sin negar a la pequeña. James saludo eufórico a la pequeña que en cuanto tomó confianza salió para saludar como era debido. —Siento mucho si interrumpí algo importante. —No, en realidad solo venían acompañarme. Él es Cedric Blacke y ella su hija Elayne — los presentó. —¡El escritor! — James se acercó a saludar a Cedric — Mucho gusto, es un honor conocerlo. —Igualmente — saludo, con una mirada llena de molestia al verlo actuar tan feliz alrededor de Ailén «¿Qué le sucede? Solo por venir una vez a su galería no significa que la conozca» — ¿Has venido a comprar alguna pintura? —No, en realidad — dirigió su vista a la chica — He venido hablar sobre negocios — sonrió, causando que un leve sonrojo se apoderará de las mejillas de Ailén. «¡¿Por qué te sonrojas!?» Cedric grito para sí mismo, mirando la actitud tierna de Ailén frente al hombre de actitud jovial y amable que causaba confianza en cualquiera que conociera. —¿Negocios? — preguntó con duda — ¿Qué clase de negocio? —¿Qué tal si lo hablamos con calma? Ailén admitía que James era alguien que transmitía confianza, pero eso no significaba que ella caería de nuevo en palabras dulces, está vez sería más cuidadosa con las personas con quienes trataba. —Está bien, pasemos a mi oficina — miró a Cedric, tratando de decir “Es hora de irte” pero él parecía no querer hacerlo — Me ocuparé, así que nos vemos el lunes Elayne — le dio un beso en la mejilla y acarició su melena. —¿Estás segura de quedarte sola con él? — preguntó Cedric, en voz baja para que James no escuchará. —Puedo cuidarme sola — dio media vuelta y caminó hacia las escaleras que daban a su oficina. —Fue un gusto conocerlos — James se despidió y siguió a Ailén. Cedric se quedó congelado, viendo cómo ambos subían las escaleras. Su corazón latía fuerte, sus manos sudaban y un fuerte dolor en el estómago le hacía darse cuenta que sentía celos como nunca antes «¿Y si es demasiado tarde? ¿Qué pasa si se enamora de él? ¿Por qué tienen que hablar a solas?» su cabeza se llenó de preguntas, la incertidumbre le causaba perderse en sí. —¡Papá! — Elayne habló enojada, después de haberle llamado varias veces a su padre — ¡Quiero ir a casa! — hizo un puchero mientras tallaba sus ojos. Cedric salió del trance en el que se encontraba y miró a su hija — Lo siento cariño, vamos a casa — la tomo de la mano y salieron de la galería, pero sin antes dar una última mirada al segundo piso, dónde se encontraban James y Ailén en ese momento. 2:08 P.M. Ailén tomó asiento en el sofá de su oficina y miró a su acompañante que no dejaba de ver con curiosidad su alrededor — Dijiste que querías hablas de negocios. —Así es — sonrió mientras se daba cuenta de la manera tan hostil en que estaba actuando Ailén, era como si no confiara en él — Me dedico a ser un exportador de “deseos” — Ailén miró con más extrañeza a James — En otras palabras, me dedico a conseguir todo tipo de cosas que las personas desean. Me pagan por buscar, conseguir y llevarlo hasta ellos; tengo muchas conexiones en el mundo y eso me ha ayudado. —Eres algo así como un hada madrina — dijo espontáneamente, causando la risa de James. —En resumen, así es. Hace pocos días, una pareja de ancianos que han estado casados por más de sesenta años se contactaron conmigo — miró con seriedad — Al parecer él morirá dentro de poco por una enfermedad y ella desea tener un hermoso recuerdo de lo que es y fue su amor. Desean al mejor pintor que conozca, para que pinte un cuadro de ambos. Aquella corta historia fue conmovedora para Ailén, pero eso no era suficiente para que ella confiara — Así que, ¿Quieres que yo haga ese cuadro? —Si. —Pero ¿Por qué? James pensó un poco sobre aquella pregunta y no había necesidad de pensar mucho en la respuesta — Porque eres la única pintora que logra transmitir la pureza de los sentimientos a través de una pintura. Eres capaz de lograr que las personas que admiran tus creaciones puedan descubrir emociones que tal vez ni siquiera comprendía. Sin duda aquella respuesta había sido sincera, podía reflejarse en sus ojos aquella sinceridad. —Ailén — dijo, acercándose más — ¿Viajarías conmigo a Londres? —¡¿Londres!? —Si, allí es donde ellos viven. Por supuesto, los gastos corren por mi cuenta. —Ese no es el problema — Ailén se puso de pie y caminó hasta la ventana para poder admirar el paisaje — Sinceramente, no puedo viajar contigo. No confío en ti — dijo honestamente — En realidad, no confío en ningún hombre — apretó su antebrazo, acción que fue visible para James. —Debiste haber pasado por algo terrible. —Bastante terrible. James pensó mientras ella aún veía por la ventana —Una semana — Ailén dirigió su vista hacia él — Dame una semana para demostrarte que soy un hombre digno de tu confianza — se puso de pie hasta donde se encontraba Ailén y le sonrió, extendiendo su mano para cerrar el trato. —Dudo que logres ganarte mi confianza, hace mucho que nadie lo ha logrado — Ailén apretó su mano, cerrando el trato. Oxford, Connecticut, 2:10 P.M. Lucy conducía sobre la carretera, un frondoso bosque se extendía a sus lados causando que el trayecto fuera tranquilo. —¿Por qué no me dejaste conducir? — preguntó Sebastian, mientras cambiaba la música. —Es un auto rentado, además es peligroso que conduzcas tú. —¿Por qué? No soy un niño. Lucy sonrió, estaba segura que llamarlo niño era demasiado, aunque realmente se había comportado bastante maduro desde que hablaron en el jardín botánico — Quería conducir es todo. Sebastian hizo una mueca, mientras miraba por la ventana — ¿Cómo es tu familia? — preguntó sin dejar de ver el paisaje. —Normal — Lucy no sabía cómo describir a su familia, para ella eran igual a muchas otras — Tengo dos hermanos menores, un chico llamado Frank y una niña llamada Rubí. Mis padres son médicos, pero decidieron abrir su propia clínica hace casi diez años y las cosas van bien para todos. Q—¿Cuántos años tienen tus hermanos? —Frank tiene 19 y Rubí 14 años. —Deben llevarse bastante bien. —Antes solíamos discutir mucho, pero después nos volvimos más unidos. Sebastian anhelaba ser tan cercanos a su hermano como imaginaba que Lucy lo era con los suyos, si no fuese por la evidente preferencia que sus padres tenían por su hermano, tal vez las cosas fuesen diferentes. —Ya deseo conocerlos. Lucy sonrió y poco a poco la velocidad fue disminuyendo, mientras daba vuelta en un camino más estrecho — Pronto lo harás — dijo, conduciendo algunos metros más y llegando a la casa de campo de sus padres. —¿Llegamos? —Si — estacionó el auto y observó con su familia salía a recibir a los recién llegados. —¡Cariño! — su madre se acercó para abrazarla y besar tiernamente su mejilla — Te he extrañado tanto. —También te extrañe mamá — sonrió dirigiéndose a su padre quien al igual la recibió con un abrazo. —¡Hermana! — Rubí y Frank parecían entusiasmados de ver a su hermana mayor, después de largo tiempo. —Estoy tan feliz de verlos a todos — dijo visiblemente alegre. Sebastian se acercó a ella — ¡Oh, lo siento! — se disculpó por su mal comportamiento — Les presentó a Sebastian Flambee — hizo una pausa, pensando en cómo debía presentarlo — Un amigo — dijo finalmente. —Mucho gusto — su madre saludó, con una sonrisa amable. —Muchas gracias, el gusto es mío. Agradezco que me permitan estar con ustedes en un día tan importante — aquella cortesía lo hizo ser alabado por la familia quien de inmediato lo amor. —¿Eres compañero de la universidad de mi hija? — preguntó Daniel, el padre de Lucy. —No, estoy estudiando mi último año de preparatoria — Lucy sintió las miradas de su familia en ella y deseo haber desaparecido en ese momento. —¡Sales con alguien más joven! — Frank hizo un escándalo, sabiendo que el chico que había acompañado a su hermana estaba a la par con su edad — No sabía que te gustaban menores. Liz, su madre y Daniel la miraron con desaprobación — Bueno, si tú eres feliz nosotros también — terminaron por concluir, sonriendo al chico que no dejaba de sentirse tan feliz al ser aceptado por la familia de Lucy. —¡No somos novios! — negó, pero fue ignorada. —Sebastian, ¿quieres jugar videojuegos? — preguntó Rubí, mientras junto a su hermano lo arrastraban a la sala. —Ayúdanos a preparar la comida — Daniel camino, dejando atrás a su esposa e hija. —¿Por qué no me habías comentado que tenías novio? —Mamá, no es mi novio — dijo intentando hacer entender a su madre — Es solo un amigo. Su mamá la miró sonriendo por su desesperación por negar — Está bien, te creo. 3:17 P.M. —¡Perdí! — grito Frank, arrojando el cojín en la cara de su hermana mayor. —¡Idiota! — grito Lucy, lanzándole de nuevo el cojín y riendo con su par de hermanos — Es hora de comer. Vamos. Sebastian sonrió ante aquel amor fraternal que Lucy y sus hermanos se mostraban. Se dirigieron al patio, dónde la mesa ya estaba completamente lista para recibirlos. Una comida llena de risas y conversación comenzó, Sebastian se dio cuenta de inmediato de lo diferente que era su familia en comparación con la de Lucy, en esta todos eran importantes y no había ninguna preferencia. Cierta envidia creció en él, al desear haber crecido en otra familia. —¿Ya has decidido que estudiaras? — preguntó Liz. Lucy hizo una mueca para que dejara de hacer preguntas, pero su madre la ignoró — Aún no, de hecho, ni siquiera sé si soy bueno en algo — respondió con una pequeña risa. —No digas eso — Daniel interfirió — Siempre les he dicho a mis hijos, todos somos buenos en algo. Sebastian sintió felicidad al ser corregido de la manera más amable que alguna vez pudo escuchar. —Lucy, vamos a jugar voleibol — su hermana menor se puso de pie — Busquemos la pelota. No estaba muy segura de hacerlo, eso implicaría tener que dejar solo a Sebastian con sus padres y ella sabía lo entrometidos que podían llegar a ser. —¡Vamos! — le dijo Frank arrastrándola con ellos hasta el sótano donde solían guardar sus cosas. Lucy se alejó, mientras que Sebastian la miraba con cariño como si fuese la única persona que existiera para él. —¿Amas a nuestra hija? — aquella pregunta lo hizo sobresaltar, ni siquiera él sabía que debía responder — Bueno, tal vez amor es demasiado para alguien de tu edad — Daniel intento corregir su error. —Amor, no es algo que vaya de acuerdo a la edad — respondió — Siendo sincero, amo a su hija — los miró fijamente y con tanta madurez que era imposible no admirar — Verla ser tan feliz con lo que hace y siempre dando todo de si para llegar a sus metas me hace creer que todo es posible. Amo cada centímetro de ella, su manía por las cosas tiernas y su reacción al ver algo que le gusta mueve mi corazón de la manera más brusca que crea posible. Quiero amarla por el resto de mi vida — sonrió con amor al ver de quién hablaba — Aunque crean que es imposible que un simple niño hablé de amor frente a ustedes. Liz y Daniel estaban boquiabiertos al escuchar las palabras de Sebastian — Realmente nos dejas bastante feliz al escuchar esas palabras — Liz tomó el brazo de su esposo y recargó su mejilla en el hombro — Lucy siempre es tan torpe que nos preocupaba que nunca encontrará a alguien que de verdad la amara como era debido — tomó la mano de Sebastian — Ahora, podemos estar más tranquilos. —Esta junto a un gran hombre — Daniel apoyo el consentimiento de su esposa. Sebastian estaba feliz de escuchar lo que acababan de decir los padres de la mujer que poco a poco comenzaba amar. Su mundo había cambiado, sin duda el amor era la causa. Lucy se acercó a un sonriente Sebastian, que la miraba con los ojos iluminados como los de un chiquillo —¿Quieres jugar? — preguntó, extendiendo su mano para ayudarlo a ponerse de pie, gesto que fue apreciado por sus padres quienes sabían que su hija estaba negando sus verdaderos sentimientos. Caminaron juntos hasta donde sus hermanos ya los esperaban —¡Rápido! — gritaron. Sebastian tomó la iniciativa para comenzar a correr sin dejarle de sonreír, Lucy sentía el calor de la mano del “niño” que la agarraba con fuerza como si no quisiera dejarla ir. Su corazón latía peligrosamente causando que sonriera con alegría, aunque no deseara hacerlo ese joven la arrastraba a una inmensa felicidad que parecía poder asfixiarla. «¿Lo amo?» se preguntó, sonrojándose al pensar en esa posibilidad. Por primera vez y después de tanto anhelarlo, por fin tenía la posibilidad de sentirse amada.
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